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Aferrados al trono

Isabel II de Inglaterra, Harald de Noruega y Margarita de Dinamarca se resisten a abandonar el trono pese a su edad y salud

La reina Isabel II en octubre de 2017.
La reina Isabel II en octubre de 2017.

En el Reino Unido han saltado las alarmas por la inusual ausencia de la vida pública de Isabel II. La reina está convaleciente desde hace dos semanas por “un fuerte resfriado”, según la versión oficial facilitada por palacio. La última vez que se vio a la soberana más longeva fue el día en que pronunció su discurso de Navidad. A sus 90 años preocupa la salud de Isabel II que se ha caracterizado siempre por su fortaleza. Solo su hija, Ana, ha tranquilizado a la opinión con una breve declaración: “Está algo mejor”, dijo. Eso sí, desde la casa real británica se ha informado de que la enferma se mantiene activa con sus tareas de despacho que incluyen recibir las cajas rojas que le mandan cada día sobre los asuntos de gobierno. Pese a este percance de salud, nadie se planea la posibilidad de que Isabel II haya pensado en abdicar. Ella tiene pensado morir aferrada al trono, más por sentido de la responsabilidad que por vanidad o falta de herederos.

Carlos de Inglaterra, de 68 años, bromea ya con su larga espera y se está acostumbrando a que la prensa británica especule un día sí y otro también con la posibilidad de que sea su hijo Guillermo, uno de los miembros más populares de la familia real británica, quien herede directamente el trono.

Lo que sí ha hecho Isabel II al cumplir 90 años es repartir entre los Windsor algunas de sus tareas. No solo Carlos y su esposa Camila ejercen ya tareas de representanción. Cada vez más, sus nietos Guillermo y Enrique tienen encomendadas misiones oficiales. De hecho, el duque de Cambridge se mudará en la próximas semanas a Londres para incrementar su trabajo para la corona.

Y es que abdicar parece una moda que solo se relaciona con monarquías consideradas modernas, como la española en la que Juan Carlos I cedió el paso a Felipe VI; la holandesa, en la que Beatriz dejó el trono a su hijo Guillermo o en Bélgica, donde Felipe tomó el testigo de su padre Alberto, afectado por problemas de salud y escándalos familiares.

Harald de Noruega en febrero de 2012.
Harald de Noruega en febrero de 2012.

Harald de Noruega cumplirá el próximo mes 80 años pero no hay señales de que esté planeando dejar el trono. Hace algunos años cedió su corona por unas semanas a su hijo Haakon ya que tuvo que ser operado de corazón, pero una vez se restableció, volvió a su puesto. En Noruega no hay tradición de que sus reyes abdiquen. De hecho, él accedió a su cargo el 17 de enero de 1991, por lo que solo lleva 25 años como monarca.

Cuando en España, Bélgica y Holanda hubo relevo generacional, muchas miradas se fijaron en Dinamarca y su reina. Margarita ha tenido algún que otro problema de salud pero sobre todo mantiene abierto un conflicto desde hace años con su marido, Enrique de Montpezat, que se ha retirado de la vida oficial harto de su papel de consorte segundón. La crisis que atraviesa el matrimonio por esta cuestión hizo pensar que Margarita, que se confiesa enamorada de su marido, podría renunciar. Sin embargo, cuando se le ha preguntado por esta cuestión, la reina de los daneses ha dejado claro que no tiene intención de renunciar. Margarita es la segunda soberana más veterana. Para que pudiera llegar a ser reina se procedió a reformar la Constitución danesa de 1849, que solo permitía la sucesión masculina, mediante un referéndum en 1953 que aprobó la Ley de Sucesión. Desde 2009, el país contempla la igualdad de sexo en el acceso al trono.

La reina Margarita de Dinamarca en abril de 2016.
La reina Margarita de Dinamarca en abril de 2016.

En Suecia, Carlos Gustavo, a sus 70 años, todavía es visto como un monarca joven que tampoco se plantea ceder su cargo. Quién sí ha anunciado su deseo de abdicar es el emperador de Japón, Akihito. El pasado verano lo confirmó debido a su avanzada edad y antes de que su salud no le permita ejercer sus funciones con solvencia. En un mensaje televisado, el soberano japonés mostró su preocupación de que “algún día” se encuentre con dificultades para llevar a cabo su papel de jefe de Estado. Falta por poner fecha al relevo.