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Steve Jobs, entre el amor y el odio

El estreno de dos películas sobre el fundador de Apple mantiene viva su leyenda

Steve Jobs, en una imagen de 2008.
Steve Jobs, en una imagen de 2008. Cordon press

Cuatro años después de su muerte, la fascinación que el mundo entero siente por Steve Jobs aún perdura. El estreno la semana pasada en EE UU del documental Steve Jobs: The Man in the Machine y recientemente el de la película Steve Jobs escrita por Aaron Sorkin, dirigida por Danny Boyle y protagonizada Michael Fassbender son la principal prueba de ese deslumbramiento inagotable por la figura del cofundador de Apple, por la aún creciente curiosidad para desentrañar las luces y sombras de un indiscutible genio del marketing y la innovación, con controvertidos valores y relaciones personales.

Abriendo con imágenes del duelo posterior a la muerte de Jobs en 2011, el director Alex Gibney centra su documental precisamente en descubrir por qué la gente sintió y aún siente tanta pena por el CEO de una empresa tecnológica. Gibney, reconocido por su trabajo sobre la Cienciología (Going Clear) y las torturas en Afganistán (Taxi al lado oscuro), entrevista a antiguos empleados que reconocen lo difícil que fue trabajar con Steve Jobs; “era despiadado, mentiroso, cruel”, dice uno; otro, Bob Belleville, cuenta cómo perdió a su mujer y su vida por la presión que sentía. Y al minuto se pone a llorar al pensar en su pérdida.

Lo mismo le ocurre a Joanna Hoffman, parte del primer equipo creador de Macintosh y que recibió premios irónicos de su grupo por enfrentarse a Jobs. Su relación compleja es una de las cinco que ha escogido el guionista Aaron Sorkin para centrar el biopic Steve Jobs, que este fin de semana se estrenó, con buenas críticas, en el Festival de Telluride, en Colorado. Kate Winslet interpreta a Hoffman, quien le describió a Jobs como “un chico de fraternidad”, pero mientras hablaban sobre él, se emocionaba. “Le echa muchísimo de menos”, contó Winslet.

Es la mezcla de sensaciones habitual de todo aquel que conoció a Steve Jobs, porque siempre antepuso su visión sobre cómo podía cambiar al mundo, sobre su trascendencia, a sus relaciones terrenales. “Mi visión es que él realmente pensaba que haciendo estos productos bonitos, buenos y atractivos para la gente estaba cambiando de verdad el mundo. Quizá era uno de los aspectos de la vida zen en los que creía: céntrate en algo, hazlo muy bien y todo lo demás no importa”, dice Gibney.

Conocido es el conflicto que tuvo con el cofundador de Apple, Steve Wozniak, otras de las relaciones problemáticas que ha dramatizado Sorkin en la película. Como también fue famoso el pleito que mantuvo con el CEO de Apple John Sculley y con Andy Hertzfeld, otro miembro del equipo original; y con su hija Lisa, cuya paternidad Jobs se negó a reconocer al principio, en uno de los episodios más controvertidos de su vida.

“Es alguien sobre el que la gente tiene muchos sentimientos fuertes”, explicó Sorkin en la presentación en Telluride, hablando de lo complicado que fue trazar este “cuadro” de su vida, no una fotografía “ni una pieza de periodismo”. Su guión toma como referencia la biografía que escribió Walter Isaacson y se publicó apenas tres semanas después de la muerte de Jobs, sin el respaldo de nadie dentro de Apple, que sí apoyaron la publicada este año Becoming Steve Jobs, más centrada en la figura de visionario. Según Tim Cook, actual CEO de Apple, la de Isaacson hablaba de Jobs como un “codicioso, egoísta y egomaniaco”. “La persona sobre la que leí era alguien con quien jamás habría querido trabajar”, dijo tras la publicación este año de Becoming Steve Jobs que, sin embargo, no fue tan superventas.

Jobs es el “Einstein o Ben Franklin” de nuestro tiempo, dice Walter Isaacson, y por eso los retratos escritos o en cine sobre él, su figura y su vida van a seguir. Solo este año, además de las dos películas y la nueva biografía, se han publicado más de media docena de libros centrados en aspectos más concretos sobre sus valores, su liderazgo (Steve Jobs and Philosophy, Steve Jobs: Insanely Great…). Y, según los expertos en tecnología, aún queda muchos por ver la luz.