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Mujeres taxistas como seguro de viaje

Varias iniciativas en India apuestan por taxis femeninos para evitar las violaciones y aumentar la seguridad de las pasajeras. La última se produjo hace una semana

Bharti Devi, 30, empieza su turno de noche. Trabaja como taxista con la Fundación Azad desde hace cuatro años. Ver fotogalería
Bharti Devi, 30, empieza su turno de noche. Trabaja como taxista con la Fundación Azad desde hace cuatro años.

La violación de una mujer de en Nueva Delhi en un taxi que había llamado por la aplicación Uber ha vuelto a causar indignación y conmoción en India, cada vez más sensible a crímenes contra las mujeres. Aunque de momento sigue funcionando, Uber ha sido prohibido en la capital del país, y las autoridades discuten vetarlo en las otras 11 ciudades donde opera.

La mujer, de 26 años, que trabaja en una compañía de finanzas, volvía la semana pasada a su casa tras una cena en un restaurante y se quedó dormida en el vehículo. Cuando despertó se dio cuenta de que el taxista había cambiado la ruta y la había llevado a un lugar oscuro junto a un basurero, según los reportes de la policía. La intimidó con un fierro. Esto le recordó la terrible violación en grupo de una estudiante en un autobús hace dos años, también en Nueva Delhi, y que la estudiante murió poco después por las heridas internas que los atacantes le provocaron con un fierro.

Después de atacarla sexualmente el taxista finalmente la dejó cerca de su casa, pero le advirtió de que la mataría si lo reportaba a la policía. Ella logró tomar una fotografía del coche y reportó el crimen a la mañana siguiente. El taxista apagó su teléfono y estuvo escondido por los dos primeros días hasta que la policía lo encontró. Shiv Kumar Yadav, de 32 años había sido acusado dos veces antes de violación. En abril de 2013 y en diciembre de 2011. Del caso más reciente, había salido bajo fianza, del anterior, pasó siete meses en la cárcel, pero después fue liberado porque no se encontraron suficientes pruebas.

Este incidente fue condenado en las redes sociales, donde las mujeres indias decían que habían perdido esa sensación de seguridad de viajar en taxis llamados por internet. “Para que este tipo de crímenes dejen de pasar, debe haber muchos cambios en la sociedad. Uno de los problemas principales es la movilidad de las mujeres y que el transporte público no es seguro para ellas. Uno de los primeros pasos debe ser que las mujeres puedan salir a las calles, que los hombres entiendan que no son sólo suyas”, explica Srinivas Rao, director de programas de la Fundación Azad. Esta fundación entrena a mujeres en situación de pobreza para que trabajen como choferes privados o como taxistas. Un servicio exclusivamente de mujeres para mujeres.

“Se trata de que ellas ganen espacio. Las entrenamos en teoría y práctica para conducir, pero también en mecánica y autodefensa, para que tengan todas las herramientas”, asegura Rao. Por ahora 20 mujeres son taxistas y 70 son choferes privados de mujeres o familias con esta fundación. Rao dice que esta no es la única solución para lograr la igualdad, pero sí es una demostración de que las mujeres pueden trabajar en el transporte. “Ahora las autoridades deberían implementar más medidas para integrarlas”, dice.

Así se gana por dos lados: seguridad para las pasajeras, pero también con el empleo y empoderamiento para las conductoras. Este trabajo, a diferencia de otros para gente sin educación, les permite crecer, ver el mundo, además de ser independientes económicamente, asegura. Aunque reconoce que la fundación entrena a unas 100 mujeres por año en Nueva Delhi, pero que muchas se quedan en el camino, “porque sus familias o sus esposos no las dejan continuar”.

En Bombay, Rupa Swali, de 55 años, repite varias veces el día que empezó a trabajar como taxista con Viira Cabs, una compañía de sólo mujeres: 17 de enero de 2011. Dice que nunca lo olvidará, porque desde entonces es feliz. Logró ser independiente económicamente y dejar al marido que la había maltratado física y verbalmente por muchos años. “Antes no podía, hubiera sido imposible mantener sola a mi hija”, dice. Pero no dudó cuando tuvo la oportunidad de entrenarse, con la compañía que da trabajo a mujeres con situaciones de vida difíciles en capital financiera de India. Con las 9.000 rupias (aproximadamente 116 euros) que gana al mes haciendo jornada nocturna, renta una habitación en una casa compartida con otras mujeres y puede apoyar a su hija, que está estudiando para ser veterinaria. A pesar de que trabaja de diez de la noche a cinco de la mañana dice que está contenta, que su taxi es como su segunda hija. “Lo cuido mucho y a veces hasta voy hablando con él”. Y no le importa tener jornada nocturna. “Ahora para mí nada es difícil. Me siento útil llevando y trayendo a mis clientas a sus trabajos o a donde tengan que ir”, asegura. “Lo más bonito de estos proyectos de taxistas y conductoras mujeres es ver cómo les cambia la vida, cómo se hacen más fuertes y son capaces de salir y sacar adelante a sus hijos”, asegura la fotógrafa Serena de Sanctis, que hizo un proyecto sobre el tema en Nueva Delhi y Bombay.

El ejecutivo de operaciones de Viira Cabs, Sailesh Dithe, asegura que cada vez hay más personas que prefieren mujeres conduciendo taxis: porque son más confiables y cuidadosas. Dice que especialmente el creciente número de mujeres jóvenes que trabajan: que pueden pagarse el servicio y que priman la seguridad. “Si salen en la noche a una cena o a una fiesta, prefieren ser llevadas por una mujer. Una mujer nunca va a abusar de otra”, asegura. El precio es igual que el resto de los taxis, en Bombay un trayecto promedio de unos 15 kilómetros cuesta 315 rupias, lo equivalente a cuatro euros. Por ahora hay cuatro servicios diferentes de taxistas mujeres en India. La fundación Azad en Nueva Delhi, dos compañías en Bombay, Virra Cabs y Priyadarshini Taxi Service y She Taxi en Thiruvananthapuram, en el sur de India.

Soumya Shree es una ingeniera de 26 años es una de las clientes frecuentes de Rupa, la taxista de Bombay. Dice que le gusta viajar con ella porque es amigable, conoce todas las calles y que siempre llega a tiempo, a pesar del horrible tráfico de la ciudad más poblada de India. Además, porque dice que es más seguro. “Llegué a vivir a Bombay hace dos años, justo después de que la violación en grupo de una estudiante en Nueva Delhi movilizara a toda la sociedad. Después de eso mi familia me pidió que no tomara cualquier transporte cuando fuera sola. Yo me siento y estoy muy segura con Rupa al volante”.

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