Preguntas y quejas sobre elpais.cat y Cataluña en EL PAÍS
La nueva edición digital en catalán de este diario, elpais.cat, no ha pasado desapercibida para los lectores, que me han planteado preguntas y quejas sobre el tema. Quiero abordar estos mensajes junto a los recibidos a finales de septiembre, en plena resaca del caso Pujol, y en plena efervescencia de la polémica por la consulta del 9-N, y que no he podido tratar antes debido a la acumulación de temas urgentes.
El correo más breve es el que me ha enviado José María Gallego. Dice así: "Ante la reciente aparición de la edición web en catalán, creo que deberían informar si esta iniciativa ha sido subvencionada por la Generalidad de Cataluña u otro organismo público. Lluís Bassets, director adjunto de EL PAÍS en Cataluña, me responde en un mensaje: No hemos recibido ni un euro.
José Manuel Santos escribe desde Salamanca: Cuando se produjo el cambio al Periódico Global, me pareció interesante el cambio de elpais.es a elpais.com. De ahí la sorpresa de este lector al comprobar que la edición de Brasil no respeta ese criterio, y que en la nueva edición para Cataluña, no se prescinde del rasgo identitario sino que, todo lo contrario (dados los tiempos que corren, no vaya a ser que…) la edición se llama: elpais.cat, (como bien mandan los cánones del nacionalismo). Me pregunto si, en lugar de vocación global, lo que había y hay es una aversión al .es. Y añade: No me considero patriota, ni me envuelvo en banderas, pero parece que según a quién se dirija, El PAÍS conserva o no los rasgos identitarios.
El subdirector de elpais.cat, Tomàs Declós, explica: En Internet hay dos tipos de dominios de nivel superior. Uno de ellos, identifica territorios (la mayoría estados) y se reconocen porque constan de dos letras de acuerdo con las abreviaciones del ISO-3166. Por ejemplo, el dominio de España (es) o de Italia (it). Se llaman dominios de nivel superior geográfico". Otro tipo de dominios, que constan de tres letras, representan otros conceptos, como org (organización) o edu (educación). El dominio .cat pertenece a este segundo tipo y, como explica la fundación que lo gestiona, los sitios que quieren acogerse al mismo deben albergar contenidos significativos en catalán. Es un dominio lingüístico. No se trata, pues, de un dominio territorial ni es comparable con el .es por lo que carece de cualquier connotación política.
Adriá Gelabert Bautista, otro lector, escribe preocupado después al ver en elpais.com que la edición en catalán se denomina Cataluña. A su juicio, además de una imprecisión terminológica, [es]una falta de respeto hacia los miles de lectores de EL PAÍS que son catalanohablantes pero que no son catalanes y que llevaban tiempo esperando una edición en su idioma. Y recuerda: se le llame catalán, valenciano o mallorquín, la lengua catalana es usada más allá de la comunidad autónoma de Cataluña.
Declós responde: Es un debate que se tuvo en el diario por lo que es comprensible su reflexión. Finalmente se optó por Cataluña, para homologar la denominación a las otras ediciones digitales de EL PAÍS (España, América y Brasil), en el bien entendido de que, como el resto de ediciones, no implica que las noticias deban ser exclusivamente de este territorio. La edición de Brasil está escrita en portugués, pero no atiende exclusivamente a noticias de aquel país. La edición España, al igual que la de Brasil o América, presenta informaciones sin limitarse por la procedencia geográfica, como hace también la de Cataluña.
Creo que los dos lectores tienen una parte de razón, porque, si bien Delclós aclara que se ha escogido el dominio .cat porque es exclusivamente lingüístico, y no territorial, también admite que se eligió el término Cataluña para la edición, para homologar la denominación a las otras ediciones digitales de EL PAÍS (España, América y Brasil), lo que implica referirla a un ámbito político y territorial.
Carles San José, que se declara lector de El PAÍS de larga data y suscriptor de este diario, escribió a finales de septiembre una carta quejándose de las informaciones de este diario sobre el proceso independentista iniciado en Cataluña. La cosa ha pasado de castaño a oscuro, cada vez me siento más lejos del que ha sido siempre mi acompañante matinal para ponerme al día. Hasta el punto que en las últimas semanas me estoy planteando seriamente de darme de baja. Pongo como ejemplo la portada de ayer [28 de septiembre], en que se viene a decir que Mas se deja llevar por las movilizaciones callejeras. El uso de este término claramente despectivo (callejeras) lo interpreto como un desprecio para los centenares de miles de personas que de un tiempo hacia aquí nos movilizamos en la calle (que no callejeamos) para reivindicar el derecho a decidir el futuro de nuestro pueblo, derecho reconocido en tratados internacionales firmados por el Reino de España.
La elección de los titulares de portada es potestad del director. En su nombre, el director adjunto, David Alandete, responde: En ningún momento empleamos el término ‘callejera’ de forma despectiva. La definición principal de ese adjetivo, en el diccionario de la Real Academia, es 'perteneciente o relativo a la calle, especialmente para referirse a lo que actúa, se mueve o existe en la calle'. En diversos titulares, en portada y en nuestras páginas interiores, hemos expresado esa misma idea: que la campaña a favor de la consulta ha pasado de la Generalitat a la calle, a los movimientos de base como la ANC y Òmnium. Ha sido precisamente en las calles donde esas agrupaciones han hecho avanzar la causa soberanista, en diversas diadas multitudinarias sucesivas, todas en la calle. En absoluto hay desprecio al derecho a reunirse y manifestarse.
Los titulares constituyen, como señala el Libro de Estilo, el principal elemento de una información, ya que, sirven para centrar la atención del lector e informarles de su contenido. Son el elemento más difícil también. La dificultad aumenta en el caso de los titulares de portada, que exigen incluso mayor brevedad y cuidado. Resumir una noticia en toda su complejidad no es interpretarla. Y en este caso, creo se ha hecho. Otra cosa es que se haya acertado. El 24 de octubre, según informaba EL PAÍS se celebró una reunión de la comisión permanente del Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, presidida por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, en la que los partidos y entidades que la integran anunciaron movilizaciones para lograr el éxito de la consulta alternativa promovida por Mas para el 9-N.
Otro lector, Albert Comerma Piña, escribe para protestar por el editorial sobre el ‘caso Pujol’ publicado el 27 de septiembre, bajo el título Derecho a saber". Dicho editorial finalizaba con la siguiente frase, refiriéndose a Pujol: Del heroico resistente antifranquista de 1959 al embaucador de 2014 va similar colapso político-moral al del mariscal Pétain entre Verdún y Vichy. Algo que el lector considera infame. A su juicio, equiparar a Pujol (con todos los delitos que haya podido cometer) con Pétain, máximo responsable de una dictadura igual de genocida que el régimen nazi (persiguió, torturó, deportó y asesinó a miles y miles de personas por razones de raza, ideología, etc.) es simplemente inaceptable. Indigno. Nauseabundo.
José Manuel Calvo, subdirector y jefe de Opinión del diario puntualiza: No se dice que Pujol es comparable a Pétain; en absoluto se le equipara. Se dice exactamente que en el caso de Pujol se da una ruptura moral como la que hubo con una gran figura en Francia, Pétain, entre la I Guerra Mundial -cuando dirigió la batalla de Verdún- y la segunda, -al ponerse al frente del gobierno colaboracionista-. Siento que el lector se haya ofendido, pero hay que subrayarlo: no se equiparan ni comparan personas, sino situaciones o caídas en desgracia que algo tienen en común.
Estoy de acuerdo con Calvo. No obstante, la equiparación de situaciones o caídas en desgracia entre Pujol y Pétain me parece también excesiva. Entiendo que la caída de Pétain –al que un sector de la política francesa intenta rehabilitar ahora- tuvo implicaciones para la Humanidad de enorme gravedad. No es el caso de Pujol, por mucho que su conducta -además de presuntamente delictiva- haya erosionado la imagen del expresidente de la Generalitat, de su partido CiU, y la de los políticos en general.
Salvador Fernan, de Barcelona, me señala un supuesto error en el editorial del domingo 28 de septiembre titulado Llamada a la ruptura. Cuando dice que Ómnium y la ANC son marionetas del Govern de la Generalitat. Revisen sus fuentes, ya que no es así. La ANC se fue formando a partir de ciudadanos que se organizaron a nivel de población y de barrio. Y lo que es cierto es que han presionado y presionan al Govern de Artur Mas.
Calvo explica en este caso: Revisando las fuentes, como nos recomienda el lector, creo que tiene parte de razón. La ANC mantiene su presupuesto, según las cuentas facilitadas por la entidad (cifras de 2014, un total de 3,5 millones de euros manejados en 2013), de las cuotas de los socios (657.815 euros) y de donaciones particulares (1,7 millones de euros), a lo que añaden 1,1 millones de ventas de productos propios. No hay subvenciones directas a la ANC. El caso de Òmnium Cultural es distinto. También según datos oficiales, Òmnium Cultural recibe subvenciones de la Generalitat, formalizadas con convenios. Y más de una decena de asociaciones que en muchas ocasiones coordinan su actividad con la de la ANC -Cercle Català de Negocis, Asociación de Municipios por la Independencia, Plataforma per la Llengua, Ciemen, la Fundaciò Catalunya Estat…- y que actúan unidas en la plataforma El Clauer, se benefician de esas subvenciones. En el editorial no se dice que estas asociaciones sean marionetas. Sí se afirma que son sumisas, la voz debida a su amo; el lector asegura que es al revés, que son ellas las que presionan a la Generalitat. Seguramente es verdad, y en otros editoriales se ha dicho exactamente eso, que han presionado a la Generalitat. Pero eso no es incompatible con que al menos Òmnium Cutural y otras asociaciones reciban subvenciones, a diferencia de la ANC. No hay más que añadir, aunque les adelanto que, dado el permanente goteo de quejas que recibo relacionadas con la información de Cataluña, volveré a tratar el tema en un próximo artículo.
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