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La vida de los Young Warriors

Trabajo y más trabajo. Éste es el día a día de los niños filipinos de Smokey Mountain

  • ‘New Smokey Mountain’ se sitúa en el barrio de Tondo, en Manila (Filipinas), justo en el lado opuesto de la bahía donde antes estaba Old Smokey Mountain. En 2008, el Gobierno filipino demolió el lugar, ya devastado por el paso del tiempo, y prometió alojar a toda la comunidad en casas temporales. Estas viviendas nunca fueron construidas, por lo que las familias decidieron asentarse en New Smokey Mountain, una parte contigua al vertedero de Tondo. Unas 2.000 familias vivieron y trabajaron alrededor de los hornos que conforman este paisaje hasta hace un par de meses, cuando el Ejecutivo también las derribó. Esta era la vida de sus niños.
    1New Smokey Mountain ‘New Smokey Mountain’ se sitúa en el barrio de Tondo, en Manila (Filipinas), justo en el lado opuesto de la bahía donde antes estaba Old Smokey Mountain. En 2008, el Gobierno filipino demolió el lugar, ya devastado por el paso del tiempo, y prometió alojar a toda la comunidad en casas temporales. Estas viviendas nunca fueron construidas, por lo que las familias decidieron asentarse en New Smokey Mountain, una parte contigua al vertedero de Tondo. Unas 2.000 familias vivieron y trabajaron alrededor de los hornos que conforman este paisaje hasta hace un par de meses, cuando el Ejecutivo también las derribó. Esta era la vida de sus niños.
  • En Smokey Mountain había unos 200 hornos que trabajaban diariamente en la producción del carbón. Eran explotados por familias que pagaron una licencia de 200 dólares que les permitía su uso. Los miembros de una sola familia no solían ser suficientes para realizar todas las tareas que requería la producción del carbón, y se recurría a los niños de Smokey Mountain como mano de obra en trabajos como la limpieza y preparación de los hornos.
    2Los hornos En Smokey Mountain había unos 200 hornos que trabajaban diariamente en la producción del carbón. Eran explotados por familias que pagaron una licencia de 200 dólares que les permitía su uso. Los miembros de una sola familia no solían ser suficientes para realizar todas las tareas que requería la producción del carbón, y se recurría a los niños de Smokey Mountain como mano de obra en trabajos como la limpieza y preparación de los hornos.
  • “El nombre no es muy original, Young Warriors, pero no se me ocurrió otra manera de llamarlos. Es algo que te viene instintivamente cuando los ves trabajar. Desde que nacen luchan por sobrevivir, son auténticos guerreros”. Estas palabras son de Thomas Tham, fundador de Empowering Lives Asia, la organización que durante los últimos tres años se ha encargado del cuidado y la educación de muchos de estos niños para alejarlos del carbón.
    3Young Warriors “El nombre no es muy original, Young Warriors, pero no se me ocurrió otra manera de llamarlos. Es algo que te viene instintivamente cuando los ves trabajar. Desde que nacen luchan por sobrevivir, son auténticos guerreros”. Estas palabras son de Thomas Tham, fundador de Empowering Lives Asia, la organización que durante los últimos tres años se ha encargado del cuidado y la educación de muchos de estos niños para alejarlos del carbón.
  • A través del programa Young Warriors, basado en la filosofia de los ‘boy scouts’, ELA trata de inculcar a los jóvenes de la comunidad principios como el orgullo o el liderazgo. Los niños de Smokey Mountain, cuando iban a la escuela, sufrían humillaciones por sus compañeros, que mediante un gesto les recordaban el olor a carbón que desprendían. Pero para ellos no suponía ninguna vergüenza. Nacieron y se criaron allí, y los hornos formaban parte de su vida cotidiana: comían y dormían alrededor de ellos, y como cualquiera de sus compañeros, se divertían jugando.
    4Orgullo y liderazgo A través del programa Young Warriors, basado en la filosofia de los ‘boy scouts’, ELA trata de inculcar a los jóvenes de la comunidad principios como el orgullo o el liderazgo. Los niños de Smokey Mountain, cuando iban a la escuela, sufrían humillaciones por sus compañeros, que mediante un gesto les recordaban el olor a carbón que desprendían. Pero para ellos no suponía ninguna vergüenza. Nacieron y se criaron allí, y los hornos formaban parte de su vida cotidiana: comían y dormían alrededor de ellos, y como cualquiera de sus compañeros, se divertían jugando.
  • Clint, de 11 años, golpea con un martillo una madera para sacar los clavos y venderlos posteriormente. Mientras que son pequeños, recogen trozos de metal entre los restos del carbón, pero según van haciéndose mayores las tareas son más exigentes y empiezan a trabajar con herramientas. A esta edad, extraer clavos, transportar madera, recoger el carbón e introducirlo en los sacos, o limpiar los hornos son algunas de las labores que ya están capacitados para desempeñar.
    5Crecer trabajando Clint, de 11 años, golpea con un martillo una madera para sacar los clavos y venderlos posteriormente. Mientras que son pequeños, recogen trozos de metal entre los restos del carbón, pero según van haciéndose mayores las tareas son más exigentes y empiezan a trabajar con herramientas. A esta edad, extraer clavos, transportar madera, recoger el carbón e introducirlo en los sacos, o limpiar los hornos son algunas de las labores que ya están capacitados para desempeñar.
  • Rendel tiene 13 años y ha estado apadrinado por ELA en su programa de nutrición. Sus padres se separaron y desde entonces ha vivido solo en NSM dependiendo de él mismo y su trabajo en la cadena de producción del carbón. En la imagen, Rendel coloca la madera en uno de los hornos, que son verdaderas obras de ingeniería ya que permiten obtener el carbón en unos cuatro o cinco días, cuando el proceso habitual ronda los 11. Rendel recibía por su trabajo alrededor de un dólar diario.
    6Un dólar al día Rendel tiene 13 años y ha estado apadrinado por ELA en su programa de nutrición. Sus padres se separaron y desde entonces ha vivido solo en NSM dependiendo de él mismo y su trabajo en la cadena de producción del carbón. En la imagen, Rendel coloca la madera en uno de los hornos, que son verdaderas obras de ingeniería ya que permiten obtener el carbón en unos cuatro o cinco días, cuando el proceso habitual ronda los 11. Rendel recibía por su trabajo alrededor de un dólar diario.
  • Los sacos de carbón eran vendidos a un precio aproximado de 400 pesos cada uno (siete euros), lo que podía suponer para cada familia que trabajaba en un horno unos ingresos de 8.000 pesos por semana (136 euros), a lo que había que restar la madera y la mano de obra. Una vez recogido el carbón, comenzaba el trabajo de los más pequeños. Normalmente, con edades inferiores a los 10 años, la única manera de obtener algo de dinero era la venta de pequeñas piezas de metal que pueden encontrar entre las cenizas del carbón recién recogido. Con él se pagaban la única comida de una jornada que puede llegar a durar hasta 16 horas.
    7Un saco, siete euros Los sacos de carbón eran vendidos a un precio aproximado de 400 pesos cada uno (siete euros), lo que podía suponer para cada familia que trabajaba en un horno unos ingresos de 8.000 pesos por semana (136 euros), a lo que había que restar la madera y la mano de obra. Una vez recogido el carbón, comenzaba el trabajo de los más pequeños. Normalmente, con edades inferiores a los 10 años, la única manera de obtener algo de dinero era la venta de pequeñas piezas de metal que pueden encontrar entre las cenizas del carbón recién recogido. Con él se pagaban la única comida de una jornada que puede llegar a durar hasta 16 horas.
  • El carbón había de ser vendido rápidamente, ya que de esa venta dependía poder comprar la madera para la siguiente quema, por lo que muchos de los niños eran empleados en labores de transporte de los sacos. Ismail, de 13 años, hacía varios viajes al día. En la autopista, los camiones que se llevaban el carbón apenas paraban unos minutos, por lo que la rapidez en el transporte era esencial.
    8El transporte El carbón había de ser vendido rápidamente, ya que de esa venta dependía poder comprar la madera para la siguiente quema, por lo que muchos de los niños eran empleados en labores de transporte de los sacos. Ismail, de 13 años, hacía varios viajes al día. En la autopista, los camiones que se llevaban el carbón apenas paraban unos minutos, por lo que la rapidez en el transporte era esencial.
  • Las condiciones de vida en New Smokey Mountain eran extremas para los niños que vivían entre los hornos. Su día a día discurría entre el trabajo y el descanso, siempre rodeados del humo que provenía de los hornos quemando la madera. Este humo era especialmente tóxico en la última fase de la quema, cuando se volvía de un color marrón que indicaba que el proceso, prácticamente, había terminado. Las enfermedades respiratorias como la neumonía o el asma eran la mayor causa de mortalidad allí, pero otras enfermedades como la hepatitis A, la tuberculosis o diferentes dolencias cutáneas eran comunes entre la población infantil.
    9Vivir entre humo Las condiciones de vida en New Smokey Mountain eran extremas para los niños que vivían entre los hornos. Su día a día discurría entre el trabajo y el descanso, siempre rodeados del humo que provenía de los hornos quemando la madera. Este humo era especialmente tóxico en la última fase de la quema, cuando se volvía de un color marrón que indicaba que el proceso, prácticamente, había terminado. Las enfermedades respiratorias como la neumonía o el asma eran la mayor causa de mortalidad allí, pero otras enfermedades como la hepatitis A, la tuberculosis o diferentes dolencias cutáneas eran comunes entre la población infantil.
  • Bunso significa “el más pequeño” y, al igual que muchos niños de Smokey Mountain, no tiene familia. Dormía en casa de amigos o en los hornos, donde obtenía la mayor parte del dinero que ganaba. Pero la venta de envases de plástico también le proporcionaba algunos pesos. Recogía las botellas que tiraban los camioneros en la carretera o iba al vertedero, llenando sacos que posteriormente vendía. A veces, estos sacos le servían para improvisar pequeñas barcas con las que jugar a la orilla del mar y divertirse con sus amigos después de todo un día de trabajo.
    10Bunso: 'el más pequeño' Bunso significa “el más pequeño” y, al igual que muchos niños de Smokey Mountain, no tiene familia. Dormía en casa de amigos o en los hornos, donde obtenía la mayor parte del dinero que ganaba. Pero la venta de envases de plástico también le proporcionaba algunos pesos. Recogía las botellas que tiraban los camioneros en la carretera o iba al vertedero, llenando sacos que posteriormente vendía. A veces, estos sacos le servían para improvisar pequeñas barcas con las que jugar a la orilla del mar y divertirse con sus amigos después de todo un día de trabajo.
  • En julio de 2014, las autoridades filipinas expulsaron a los habitantes de New Smokey Mountain y demolieron los hornos y las viviendas. Se avisó del desalojo con dos semanas de antelación y muchos no supieron dónde ir. El Gobierno ofreció como compensación casas en otras provincias o una cantidad económica que no les permite el acceso a una nueva casa o la creación de un negocio que les garantice un medio alternativo de vida.
    11Sin hogar y sin medio de vida En julio de 2014, las autoridades filipinas expulsaron a los habitantes de New Smokey Mountain y demolieron los hornos y las viviendas. Se avisó del desalojo con dos semanas de antelación y muchos no supieron dónde ir. El Gobierno ofreció como compensación casas en otras provincias o una cantidad económica que no les permite el acceso a una nueva casa o la creación de un negocio que les garantice un medio alternativo de vida.
  • ELA continúa con su programa 'Young Warriors', mientras intenta localizar a los familiares de los niños que vivían solos en Smokey Mountain. Desde la demolición, muchos de ellos siguen yendo a diario al vertedero, rebuscando entre toneladas de basura objetos que vender, y continúan durmiendo en los terrenos de los hornos.
    12Sin descanso ELA continúa con su programa 'Young Warriors', mientras intenta localizar a los familiares de los niños que vivían solos en Smokey Mountain. Desde la demolición, muchos de ellos siguen yendo a diario al vertedero, rebuscando entre toneladas de basura objetos que vender, y continúan durmiendo en los terrenos de los hornos.