Riesgos vírgenes
La semana pasada, el diario Financial Timespublicaba una noticia que ha pasado desapercibida, pero que refleja la verdadera naturaleza que hay entre regulación y el negocio financiero: algunas entidades financieras especializadas están teniendo problemas en contabilizar productos financieros complejos (que ellas mismas han diseñado), y por ello no han podido presentar sus cuentas anuales.
Justo cuando estalló la crisis financiera en 2008, la principal herramienta de regulación bancaria, conocida como Basilea 2, se ponía en marcha. Pero nacía fallida, porque solo servía para hacer frente a desastres que ya habían ocurrido. Con las enseñanzas de esta Gran Recesión, en 2012 nace Basilea 3, pero que vuelve a ser más de lo mismo: un conjunto de normas que incorpora elementos que solo evitarán una crisis como la ocurrida. El gran desafío es lograr un marco regulatorio que no sirva solo para crisis pasadas, sino para crisis futuras. Es algo complejo porque (siguiendo a Nassim N. Taleb) los riesgos vírgenes, por definición, no han ocurrido nunca y tampoco se espera que ocurran. Solo la inquietud de ponerse a pensar por dónde pueden venir los riesgos y ser rápido a la hora de actuar puede ser un gran primer paso. El Banco Central Europeo debería crear un grupo de expertos de varias disciplinas que se reuniera mensualmente y nos tuviera alerta sobre esos riesgos vírgenes que algún día ocurrirán en el sistema financiero.— Roman Weissmann.
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