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Charlene de Mónaco se “suelta el pelo” en el Caribe

La revista alemana 'Bunte' publica un reportaje en St. Barth de la esposa del príncipe Alberto junto a otro hombre

La portada de la revista 'Bunte' en la que Charlene aparece besando a un hombre en el Caribe.
La portada de la revista 'Bunte' en la que Charlene aparece besando a un hombre en el Caribe.

Charlene de Mónaco está de vacaciones en la isla de St. Barth, en el Caribe, donde ha sido descubierta por un paparazi abrazando y besando a un grupo de hombres, y niguno de ellos es su esposo, el príncipe Alberto. El reportaje, de cinco páginas, ha sido publicado por la revista alemana Bunte, que lleva las imágenes a su portada del número de esta semana. “Princesa, ¿qué estaba usted pensando?”, titula la publicación, y añade que en las fotos, “que no le gustarán al príncipe”, la consorte “se suelta el pelo”.

Bunte cuenta que la exnadadora sufadricana fue fotografiada en uno de los establecimientos de lujo de la isla Bonito, un restaurante en el que compartió mesa y copas de vino con varios amigos. Charlene se muestra muy afectuosa con ellos. La revista señala que el círculo próximo a la princesa explicó que esta acudió a misa en la isla y donó un equipo de salvamento por valor de 1.350 euros. Según estas fuentes de Bunte, tras ello, Charlene “invitó al reverendo anglicano Charlie Vere Nicoll, a su mujer, Mandie, y a otros miembros de la congregación, a comer”. Las fotos muestrán cómo se desarrollo esa cita. De momento, no hay reacción oficial del palacio de Mónaco. El Príncipe se encuentra en los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran estos días en Sochi, donde ha sido fotografiado con su sobrinos Pierre y Alexandra, los dos hijos menores de su hermana Carolina.

La relación de los príncipes de Mónaco ha estado bajo sospecha desde su inicio. Incluso la prensa francesa llegó a publicar que Charlene fue una novia a la fuga y que la boda finalmente se celebró al ser alcanzada en el aeropuerto de Niza cuando intentaba viajar a Sudáfrica horas antes del enlace al descubrir una infidelidad de su entonces novio. El palacio de Mónaco desmintió este hecho. Sin embargo, desde ese día el comportamiento de Charlene es el de una princesa ausente.

La exnadadora que el 25 de enero cumplió 36 años y el próximo mes de julio celebrará su tercer aniversario de boda es una princesa con códigos propios, alejados del protocolo que se les supone a las personas de su condición. Sus ausencias son escrutadas al máximo. La última se produjo en la boda de Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo en Gstaad (Suiza). La revista ¡Hola!, que pagó por la exclusiva del enlace, asegura que la princesa estuvo en una cena de celebración previa antes de volver a casa para cumplir con un compromiso ineludible. Al margen de sus idas y venidas, Charlene vive también acechada por las fechas y por la obligación de dar un heredero al Principado.

Hace nueve meses, la que un día fue nadadora se dejaba oír. Habló para acallar rumores, para asegurar que su matrimonio iba bien y anunciar que, pasado un periodo que calificó de adaptación a su nuevo papel, estaba lista para ser madre. Charlene pronunció estas palabras tras otra sonada ausencia en la ceremonia de entronización del rey Guillermo Alejandro de Holanda, una de las citas más importantes de la realeza. Ese día también Alberto desfiló sin su esposa por la alfombra roja, igual que lo hizo cuando danzó en el sambódromo de Río de Janeiro. Fue tal el revuelo que se organizó que la oficina del Principado tuvo que explicar que Charlene se hallaba en Sudáfrica en la boda de un amigo.

La prensa francesa aseguró, en el agitado verano de 2011 para los Grimaldi, que Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock habían firmado un contrato prenupcial por el cual, entre otras cosas, la nadadora se comprometía a ser madre en el plazo de tres años.

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