Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OBITUARIO

John Casablancas, creador del universo de las ‘tops’

Fundó la agencia de modelos Elite, que propulsó a la fama a maniquíes como Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Cindy Crawford

John Casablancas durante un desfile de modelos en 2008.
John Casablancas durante un desfile de modelos en 2008. GETTY

Según a quien pregunten, John Casablancas fue el hombre que cimentó la pasarela hacia el éxito para las supermodelos o un tipo que utilizó su posición para aprovecharse de despampanantes adolescentes. El fundador de la agencia Elite falleció el sábado, a los 70 años, en Río de Janeiro, donde seguía un tratamiento para superar un cáncer. Durante décadas le persiguió la controversia. También el indudable mérito de lanzar a algunas de las mujeres más deseadas del planeta: Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Claudia Schiffer, Adriana Lima, Heidi Klum o Gisele Bündchen establecieron sus cachés estratosféricos gracias a este conquistador que, tras su imagen de fanfarrón, tuvo una visión muy clara de cómo reinventar el negocio.

Fue a principios de los setenta. Hijo de inmigrantes catalanes en Manhattan que habían hecho fortuna gracias a un negocio de maquinaria textil, Casablancas creció rodeado de otros niños de la jet set. Primero en el internado suizo de Le Rosey y después en universidades europeas. Nunca se graduó, pero adquirió nociones sobre finanzas y relaciones públicas. Su padre le enchufó con veintipocos en el departamento de marketing de una fábrica de Coca-Cola en Brasil. Después se trasladaría a París junto a su primera esposa, Marie-Christina. El matrimonio les duraría poco (aunque tendrían una hija, la hoy diseñadora de joyas Cecile Casablancas). Se quedó prendado de una miss Dinamarca de 19 años, Jeanette Christjansen (que acabaría siendo su segunda esposa y dando a luz a Julian Casablancas, el cantante de The Strokes). Fue quien le animó a abrir su primera agencia de modelos junto a un colega del internado, Alain Kittler. La idea era contratar solo a las mejores. De ahí el nombre: Elite Models.

Su desafío a los cánones impuestos por las agencias neoyorquinas decanas, Ford y Wilhelmina, le valdría un enfrentamiento permanente con episodios, incluso, en los juzgados por competencia desleal. Frente a la maniquí fría, rubia y de ojos azules, abrió el marco a fogosas morenas de sexualidad incontenible. Más que superestrellas, Elite amasaba marcas. Fue él quien convenció, por ejemplo, a Cindy Crawford para que posara desnuda ante el objetivo de Herb Ritts para Playboy. La resonancia de esa portada la catapultó a la televisión, convirtiéndola en presentadora de MTV y protagonista de un spot de Pepsi, para acabar siendo la mejor pagada de mediados de los noventa, con unas ganancias anuales de 6,5 millones de dólares.

Por entonces, los ingresos de la agencia que comandaba Casablancas rondaban los 100 millones de dólares al año. Presumía de fichar a “frutas prohibidas” y encarnar con su propio estilo de vida, cuajado de fiestas salvajes bañadas en champán, la nueva senda a seguir en la moda. Una postura que le trajo abultados ingresos pero también le estallaría en la cara años después. En 1999, su socio, Gerald Marie, fue grabado a escondidas por la BBC presumiendo de seducir a las jóvenes participantes en el concurso Elite Model Look of the Year (cuya media de edad suele ser de 15 años) y ofreciendo relaciones sexuales con jovencitas al reportero a cambio de dinero. Casablancas no se vería implicado de una manera directa, pero al año siguiente abandonaría la agencia.

Ambos cofundadores habían lucido sus noviazgos como grandes trofeos. Marie se había casado con Linda Evangelista poco después de reclutarla. Y Casablancas conquistó a Stephanie Seymour. Él tenía 43 años, ella, que se acababa de presentar al Look of the Year, 16. Cuando se hizo público, su segunda esposa lo abandonó. Se llegaría a casar una tercera vez, con Aline Wermelinger, otra candidata al Look of the Year, de 17 años, con la que tendría otros tres hijos. Tras su retiro, el agente creó una escuela de modelos, la agencia de cazatalentos Star System y lo que él llamó una “agencia de cibermodelos”, Illusion 2K, a través de la que lanzó a la primera maniquí virtual, Webbie Tookay. Su mayor virtud, bromeaba, era que no había que oírla quejarse como a las caprichosas tops de carne y hueso que él mismo había malcriado.