TRAS LAS HUELLAS DEL MAGNATE

El efecto Adelson

El multimillonario americano Sheldon Adelson ha seducido a los gobernantes españoles con Eurovegas, su ‘Tierra Prometida’ del ocio. Seguimos los pasos previos a la última jugada del magnate hasta la casa de Esperanza Aguirre

Sheldon Adelson durante una visita a Madrid en octubre de 2012.
Sheldon Adelson durante una visita a Madrid en octubre de 2012. Uly Martín

Amurallado por un séquito de asesores que le hacen inaccesible, el magnate Sheldon Adelson (Boston, 1933) representa a la perfección el sueño americano: empezó comprando esquinas para repartir periódicos con 12 años y ahora se mueve en aviones privados. Compite con el dorsal número 15 en la carrera de los más ricos del planeta según la revista Forbes. Y con una mochila de 25.000 millones de dólares —20.000 millones de euros— está dispuesto a acometer la que será la última gran obra de su vida: un “complejo de ocio integral” —como prefiere llamarlo—, con rascacielos para alojar casinos, hoteles, restaurantes, espacios de congresos, campos de golf… Calculan 15 o 20 años para ver terminado semejante oasis del entretenimiento en los antiguos campos de cereales de Alcorcón, en Madrid. A sus achacosos 79 años, después de levantar The Venetian en Las Vegas, el Venetian Macao en China y el Marina Bay Sands en Singapur, esta es la última jugada de Adelson.

Les preocupaba el tabaco. Querían un estado de excepción para fumar, recuerda Miguel Sebastián

La cuestión es cómo llegó este hombre, que camina con bastón, a tomarse un gazpacho en la casa de la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre, un agua con el presidente del Gobierno Mariano Rajoy en la Moncloa o un café en el despacho de Miguel Sebastián, cuando era ministro de Industria, entre otros encuentros con políticos y técnicos españoles.

Se ha paseado casi una decena de veces por Madrid en los últimos cuatro años. A pie, calzado con unos zapatos Geox que se compró en la calle Serrano, o en su moto plegable, que le salva de unos dolorosos problemas de pies y con la que recorrió el complejo ferial de Ifema en mayo de 2012. En las cortas estancias madrileñas —suele ir y volver en el día, aunque alguna vez se ha hospedado en el Palace o en el Ritz— ha persuadido a todos con los que ha mantenido un trato personal de que su macroproyecto y su inversión de 17.000 millones de euros —el equivalente al presupuesto de la Comunidad de Madrid para 2013— revolucionarán la economía de la capital de España. Las estimaciones internas hablan de un incremento de cuatro puntos en el PIB madrileño.

Es listo y rápido. Cuando te explica lo que quiere hacer ¡Es la leche!, dice el presidente de la Comunidad de Madrid

En la mañana del 17 de junio de 2011, Adelson se esforzaba por certificar en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol que había superado sus problemas financieros, sobrevenidos tras la quiebra de Lehman Brothers. “Los primeros contactos con la presidenta [Esperanza Aguirre] fueron en 2007, pero la crisis de 2008 dejó en el aire las negociaciones”, recuerda un antiguo miembro del gobierno regional. Pero Adelson convenció.

“Visionario” es la palabra más repetida por los que le han conocido en la distancia corta. Se refieren a él como “una persona afable”, “abierto y fácil”, aparte de “un extraordinario conocedor y defensor de la historia de Israel”.

El efecto Adelson en España se parece al de las tres cirsas en las tragaperras. Tantos ceros han chisporroteado en los ojos de técnicos y políticos, de uno y otro signo, madrileños y catalanes, que se han mirado de reojo en vuelos a Las Vegas y que buscaban llevarse al magnate a su terreno. Todos, atenazados por la crisis, han querido abrazar la Tierra Prometida del multimillonario con sus decenas de miles de nuevos puestos de trabajo.

Primero llegó el enviado —Michael Levens, consejero delegado de Las Vegas Sands— a preparar el terreno. Y pronto esos campos de secano de Alcorcón eran un lugar hecho a imagen y semejanza (fiscal) del empresario.

En octubre Mariano Rajoy dijo que no pondría trabas a Eurovegas. Estuvo con Adelson media hora en la Moncloa. “Estamos trabajando muy confortablemente”, dijo el embajador de Las Vegas.

Solo unos meses antes, una mañana de mediados de agosto, el multimillonario ascendía por la escalerilla de uno de sus 747 en un aeropuerto de la costa francesa. Tiene una flota entera. “Son los juguetes que no tuve de niño”, dicen que justifica quienes le han preguntado al respecto. En menos de tres horas se dejaba caer por la casa de Esperanza Aguirre a la hora de comer, junto a su segunda esposa (y socia mayoritaria), Miriam, una rubísima psiquiatra de Tel Aviv que le asesora y le acompaña a todas partes, le recuerda cuándo debe tomarse las pastillas y con la que tiene dos hijos pequeños, aparte de los dos de su primer matrimonio.

Entre cucharada y cucharada de gazpacho, la todavía entonces presidenta de la Comunidad de Madrid terminaba de cerrar lo que años antes había empezado con amistosas conversaciones en inglés, según recuerda un testigo presidencial. A la hora del café, y tras una lección de historia sobre los judíos españoles —en diciembre de 2011 la comunidad judía de Madrid le había concedido a Aguirre el premio Or Janucá—, ya se ultimaban los detalles.

Después de la dimisión de la lideresa el pasado septiembre, ella volvió a ejercer de anfitriona e invitó a otra cena en casa al prócer americano. “Hubo feeling desde el principio, esa ha sido la clave del éxito de esta operación”, es la impresión de hasta cuatro testigos distintos de la relación entre Aguirre y Adelson. Ella ha preferido guardar silencio al respecto. Pero en aquella cena le pasó el relevo de la negociación al nuevo presidente de la comunidad, Ignacio González, que hasta entonces seguía los pormenores como vicepresidente y portavoz regional.

“Lo primero que te llama la atención es que es un hombre hecho a sí mismo. El padre empezó de barrendero. Lo único que ha hecho es trabajar hasta levantar un imperio. Es listo, rápido y defiende con pasión su sueño. Cuando te explica lo que quiere hacer ¡es la leche!”, cuenta el presidente de la Comunidad de Madrid.

Fue precisamente González, siendo aún vicepresidente, quien puso en contacto al empresario con Miguel Sebastián, por entonces ministro de Industria. “Nos encontramos en un acto del Real Madrid y me dijo que si yo le recibiría”, recuerda el exministro desde su facultad de Económicas. “Le pregunté si aquella historia iba en serio, me dijo que sí, y acepté”, cuenta. “Me vendieron como el principal escollo en la negociación y me sorprendió que Adelson, bastante simpático, pusiera como condición que viniera su mujer, más seca; luego me di cuenta de que casi manda más ella que él”, añade. “Lo que más les preocupaba era lo del tabaco, querían un estado de excepción para fumar. Les dije que era imposible”.

Su poder de persuasión ha quedado contrastado en España, aunque en su propio país le pisan los talones los federales por supuestos sobornos a intermediarios de Macao. El hombre que puso a hacer cola a Steve Jobs y Bill Gates en la feria de cacharritos electrónicos Comdex que montó en Las Vegas en los ochenta —el brote verde de su fortuna— negaba esta semana, desde la delegación española de Las Vegas Sands, haber empleado “prácticas corruptas”. Y, al mismo tiempo, fomalizaba los papeles de su macroproyecto en una ventanilla de la Comunidad de Madrid.

Sobre la firma

Patricia Ortega Dolz

Es reportera de EL PAÍS desde 2001, especializada en Interior (Seguridad, Sucesos y Terrorismo). Ha desarrollado su carrera en este diario en distintas secciones: Local, Nacional, Domingo, o Revista, cultivando principalmente el género del Reportaje, ahora también audiovisual. Ha vivido en Nueva York y Shanghai y es autora de "Madrid en 20 vinos".

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