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El arte contemporáneo cubano, de nuevo bajo los focos

Un libro rescata lo más destacado de la creación actual en la isla

El arte cubano contemporáneo vuelve a estar en la mirilla. Después del boomde los años noventa, cuando la isla se sumergió de modo bestial en la crisis y los estudios de los creadores más jóvenes se llenaron de hoces y martillos sangrantes, pinturas de balsas que eran islas de Cuba a la deriva o instalaciones que denunciaban el racismo y la intolerancia, de nuevo las artes plásticas cubanas sacan pecho y convocan la atención internacional.

Como casi siempre, Cuba está en una encrucijada. Y como siempre el arte es testigo y prisma que sirve al juego de espejos, aunque ahora el modo de reflexionar sobre la realidad es más elaborado y sereno.

Hoy comparten país y galería artistas consagrados como Roberto Fabelo, José Manuel Fors o Flavio Garciandía, protagonistas de los duros años noventa como Los Carpinteros, Carlos Gariacoa, Alexis Leyva (KCHO) y otros que emergieron o triunfaron en aquellos tiempos revueltos, y junto a ellos un nutrido grupo de jóvenes, la mayoría graduados del Instituto Superior de Arte (ISA), que se han abierto paso en la escena cubana en los últimos tiempos.

Desde hace más de una década no se elaboraba un gran catálogo del arte cubano contemporáneo que se hace dentro de la isla. Pero en estos días sale a la luz una obra singular, editada en Madrid por Turner Publicaciones, que trata de guiar y sugerir un panorama de la plástica cubana actual a través de la biografía y la obra de 59 artistas, entre los que están los arriba mencionados, además de otros bien conocidos por los coleccionistas y otros prácticamente desconocidos.

Cuba Arte Contemporáneo -que así se llama el niño- parte de la tesis de que uno de los denominadores comunes del "arte cubano", si existe algo que pudiera calificarse así, es su "carácter cínico / inteligente o mordaz, inclusive cuando no se lo propone, quizás por el contexto, rico en el doble sentido y el humor a toda costa". Así lo cree Sebastián Berger, autor del prólogo y de la iniciativa del libro, que tiene mucho que ver, tras 15 años de vida en la isla, con su afán coleccionista.

Una obra de José Emilio Fuentes Fonseca, (JEFF), graduado del ISA en 2003, abre el libro. Una manada de elefantes de metal y tamaño natural recorre el malecón de la ciudad y se cruza con un viejo coche americano. Los elefantes de JEFF, como su muñeco de nieve en pleno trópico, se muestran como una intervención torcida sobre la real y de igual modo jóvenes artistas como los hermanos Capote, Pollo (Miguel Pérez), Orestes Hernández o José Eduardo Yaqüe hacen propuestas que van desde la indagación antropológica a reflexiones críticas sobre la realidad y experimentos con universos personales.

Se presentan en el libro diversas manifestaciones, que van desde la pintura al modo más académico, como en el díptico Qué vida mas sana, que mente más perversa, de Rubén Alpízar, a las realizaciones matéricas de Diago y las ingeniosas composiciones de Raúl Cordero y Los Carpinteros. Está el Kcho de siempre, con sus instalaciones de remos, botes y maderas que vienen de los tiempos de la Quinta Bienal de La Habana (1994), su rampa de lanzamiento con aquella famosa obra llamada Regata, que simbolizó aquel boom de los noventa. Tania Bruguera y sus atrevidas performances; Sandra Ceballos y Sandra Ramos, con sus mundos peculiares, y artistas que siendo jóvenes ya son clásicos, como Antonio Eligio Fernández (Tonel), Toirac, Ponjuán o el propio Garaicoa, con su indagación arqueológica constante sobre la ciudad y las ruinas de La Habana como elemento crítico de la sociedad. La fotografía llega, entre otros, de la mano de Rene Peña, Juan Carlos Alom, Piña o Cirenaica Moreira, cuyos padres, los artistas Juan Moreira y Alicia Leal, no están en la selección.

Obviamente faltan muchos nombres. Y esto siempre trae cola. Además, solo están -voluntariamente los editores lo quisieron así- artistas que residen en la isla o que, viviendo fuera del país, no han roto amarras. Las obras de algunos de ellos están en importantes colecciones públicas y privadas, incluidos museos como el MOMA, la Tate Modern, el Thyssen-Bornemisza y el IVAM.