Reflexión de riesgo
En una época en la que quién más triunfa es la prima de riesgo -en eso de la familia secundaria ha superado al invencible primo de Zumosol, que ya es superar-, los analistas se repiten a diario la misma pregunta: ¿Quién califica a las agencias de calificación?. En Twitter, menos preocupados por esas zarandajas, flotaba ayer otra pregunta: ¿Quién reflexiona el día de reflexión?. Explica el maravilloso noticiario ficticio de @elmundotoday que "el 92% de las personas que ponen jaja en Internet no se ríen de verdad". El fenómeno de decir una cosa y hacer otra se da en la jornada previa a las elecciones: el 92% de la gente que dice que reflexiona, no lo hace: simplemente, disimula. Que no nos embauquen.
Joan Coscubiela (@jcoscu), que tiene tanta alergia a los spin doctors como un inversor aversión al bono español a 10 años, directamente se la ha saltado, algo que le ha costado la reprimenda de algunos usuarios: "¿Recriminan que tuitée en día de reflexión. Todos los diarios en campaña, algunos de forma vergonzosa, ¿y encima debemos callar?".
Los tuiteros de a pie, esos que no están encuadrados en los maléficos escuadrones 2.0 de los partidos, lo tienen claro: no hace falta callar; la jornada de reflexión, como todo en Twitter, sirve para hacer broma. Es la cultura de la chanza, de la ironía, del chascarrillo. "00.01: VOTA PP", remarcaba a esa hora @afontcu, usuario poco sospechoso de suspirar por Mariano Rajoy. @grassonet_bord pensaba en publicidad. "¿Señores de la marca Reflex...no se anuncian hoy?".
Poca reflexión hubo, habida cuenta que los sondeos pronostican una holgada mayoría absoluta del PP. @October_lee lo denunciaba: "Visto lo visto, tengo la impresión que la jornada de reflexión será pasado mañana". También había propuestas para una probable celebración en Génova: @manjenet pedía apoyo para que "Sergio Ramos aúpe a Rajoy desde un autobús para enseñarlo a la afición".
La siguiente campaña será en cuatro años y los partidos deberán sobrereflexionarse para mejorar su uso de las nuevas tecnologías. Aunque quien sabe: igual entonces estamos reducidos a un simple bono alemán.


























































