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SI YO TE CONTARA ... HISTORIAS DE LOS LECTORES

Emigrar no significa abandonar tu país

Estos jóvenes que hoy se marchan volverán crecidos y más fuertes cuando España sea de nuevo capaz de acogerlos, hacerlos felices e integrarlos en su tejido socio-económico

Soy un joven español de 33 años, con un currículo tan bien surtido como la mayoría de los que se exponen en estas páginas (Ingeniero en Telecos, doctorado en procesado de imagen, máster en Gestión, trilingüe...). La empresa en la que trabajaba me echó por quiebra el 23 de diciembre del año pasado. Tres meses más tarde firmaba un nuevo contrato, indefinido, de 38 horas a la semana y con un sueldo un 15% más elevado que el anterior (que ya de por sí no me pagaba nada mal). ¿Sorprendente, verdad? Ah, se me olvidó precisar que no vivo en España, sino en Bélgica.

No, no escribo por echar sal en la herida, ni por pavonearme, sino para transmitir un humilde toque de esperanza. Me sorprende en efecto ese enfoque amargo y pesimista que se le está dando al hecho de que muchos de los jóvenes españoles, cualificados, formados y experimentados quieran marcharse fuera de España a probar suerte. Como si lo que se viviera ahora, esa "fuga de cerebros", fuera un estigma en nuestro honor patrio, como si España valiera mucho más que todos esos demás países abocados a la emigración de sus jóvenes, como si hubiéramos vuelto a la época más negra de la emigración española de los años 50. Como si los que se marchan España los perdiera para siempre.

Ese es un enfoque que denota el sutil hermetismo y el muy sutil egocentrismo que siempre se ha vivido en España ("Spain is diferent", "Aquí se vive como en ninguna parte", etc.).

Que a nadie le dé vergüenza emigrar, emigrar no significa abandonar su país, solo significa abrirse a otro, enriquecerse con la diferencia de los demás.

Leí en una de las cartas publicadas el comentario de una joven, triste por estar "contribuyendo a una economía que no es la suya". Me gustaría responderle que lo que cuenta es su felicidad, su formación, su enriquecimiento, que el "contribuir a una economía que no es la suya" es el precio que tiene que pagar a esa economía extranjera por formarla y acogerla cuando peor lo está pasando. Que mejor será contribuir donde sea, que deprimirse en su propio país. Y sobre todo, que ningún viaje al extranjero es irrevocable, que la vuelta siempre es posible.

No tengáis miedo, estos jóvenes que hoy se marchan se han criado en España, lo llevan en las venas, y volverán. Volverán crecidos y más fuertes, pero sobre todo volverán cuando España sea de nuevo capaz de acogerlos, hacerlos felices, e integrarlos en su tejido socio-económico. Una época que estoy convencido no será dentro de demasiado tiempo.

Quizás no sea a fin de cuentas algo tan malo lo que nos ocurre: esos jóvenes emigrantes, que volverán a España cuando las cosas vayan mejor dentro de 3, 5 ó 10 años, también volverán más cosmopolitas, más europeos, más abiertos, más políglotas y más tolerantes. Unos valores que siempre le vendrán muy bien a España.