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"El alto el fuego anterior se tradujo en unos cuantos bombazos"

El padre de una de las dos últimas víctimas de ETA, el guardia civil Carlos Enrique Sáenz de Tejada, desconfía del anuncio de la banda.- La AVT pide "cautela"

José Antonio Saénz de Tejada no confía en que ETA, pese al anuncio de hoy de un alto el fuego, vaya dejar de matar. "Había un alto el fuego hace unos años y se tradujo en unos cuantos bombazos", se lamenta con amargura, porque uno de esos "bombazos" asesinó a su hijo, el guardia civil Carlos Enrique Sáenz de Tejada.

Fue una de las dos últimas víctimas mortales de la banda terrorista. Una bomba lapa adosada a su coche le robó la vida, con 28 años, el 30 de julio de 2009, en la localidad mallorquina de Calvià. En el atentado también murió otro guardia civil, su compañero Diego Salva Lezaún, de 25 años.

Los anuncios de ETA "son cosas vacías, carentes de veracidad", afirma José Antonio en conversación telefónica con EL PAÍS, desde su domicilio familiar, en Burgos. Hasta ese momento, desconocía que hoy la banda terrorista ha adoptado la decisión de "no llevar a cabo acciones armadas ofensivas". Cuando conoce la noticia no deja entrever ningún signo de alegría. Dominan la desconfianza y la cautela.

El padre de Diego Salvá, Antonio, tampoco cree a ETA. "De unos asesinos uno no se puede fiar en absoluto", dijo ayer en la televisión pública balear. Solo les creerá un día, "cuando entreguen las armas".

También se ha inclinado por la "cautela", la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). "Insistimos en la importancia de ser cautelosos" ante la decisión de ETA. El llamamiento a la precaución es, según la AVT, necesario, porque el anuncio de la banda terrorista de un alto al fuego está enmarcado "en una estrategia destinada a volver a obtener representación en las urnas". "La única solución", continúan, "es el abandono definitivo de las armas".

Aunque la AVT aseguró ayer que "las víctimas no van a permanecer calladas", no fue la tónica general. Hubo algunas excepciones, como la viuda del político socialista Fernando Buesa, asesinado por ETA en 2000, que se pronunció sobre el comunicado y aseguró que a las víctimas solo les sirve que "la organización terrorista abandone las armas". Sin embargo, otras víctimas optaron por la "prudencia del silencio", para analizar "las cosas con calma". El familiar de una víctima de ETA, que prefirió no ser citado, consideró que era el momento "de que hablaran los políticos".