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Reportaje:

"El agente me decía 'perucho' de mierda mientras me pegaba"

La Fiscalía de Madrid abre diligencias por el caso de un menor de 14 años, que denuncia racismo, brutalidad policial y detención sin motivo en una comisaría de Vallecas

"Me soltó todo tipo de insultos mientras me pegaba: perucho de mierda, sudaca, te voy a dar la paliza de tu vida". Y así durante el cuarto de hora que duró una manta de palos en la que, según ha dicho una testigo a este diario, parecía que aquel agente le iba a matar. "Yo no opuse resistencia ni le contesté, no podía", relata Jorge, de 14 años, nacido en España y de padres peruanos. Tras la paliza, el menor fue detenido y conducido a comisaría donde, según su testimonio, prosiguieron los golpes y los insultos. Durmió en dependencias policiales y salió en libertad casi 24 horas después. Su delito: conducir un ciclomotor sin casco y por una acera y huir de la policía. La Fiscalía de Menores ha enviado este caso de posible agresión policial a los juzgados de Plaza Castilla. La Jefatura Superior de Policía achaca las lesiones del menor a una caída de la moto.

Ocurrió el pasado lunes por la tarde en una calle corta y estrecha del distrito de Vallecas, Benavargosa, junto a la M-40 y al parque Lineal de Palomeras. Eran las seis y Jorge iba con su amigo, también llamado Jorge, también de 14 años y también español, montados en el ciclomotor que le acababan de regalar justo ese mismo día. La moto tiene, según su padre, Miguel Rojas, un empresario de la construcción que lleva 18 años afincado en España con su familia, "todos los papeles en regla". Permiso de circulación, seguro... todo, menos la licencia de conducir ciclomotores, que su hijo "no tiene todavía". "Le he regañado por su error, cogió la moto sin mi permiso, cometió una falta de conducir sin carné y no lo va hacer más, pero no por eso merece esa paliza", asegura Rojas.

Una patada en la boca del estómago

Jorge, que está en 3º de ESO y es un "buen estudiante, tranquilo y nada violento" según su padre, conducía la moto sin casco porque, como sólo tenía uno, se lo dio a su amigo, que sí lo llevaba puesto. Él iba a entrenar y su amigo a recoger unos libros cuando, a menos de una calle del polideportivo, el chico se subió a la acerca para acortar. "Era un tramo muy corto, no iba ni a 20 por hora", subraya Jorge. "No lo tenía que haber hecho pero lo hizo. Unos agentes de la Policía Nacional en moto a los que mi hijo no había visto contemplaron su mala maniobra". Y salieron a por ellos, "a toda leche". "En una curva, uno de los agentes se choca con un bolardo y cae al suelo". Mi hijo escucha el ruido, se vuelve, se pone nervioso, tira la moto al suelo, tienen miedo, salen corriendo...". "Pero a su amigo lo cogen los agentes, y él se vuelve a ayudarle y a entregarse". Entonces, "sin mediar palabra", el policía tuvo el accidente "le propina una paliza" al grito de "perucho de mierda, sudaca, delicuente, hijo de puta extranjero que vienes aquí a joder, cabrón". La somanta de palos comienza, según Jorge, con una patada en estómago que le tira al suelo y le deja casi noqueado, sin aliento.

"Me tira al suelo, me da patadas, puñetazos, me tira contra un coche, me arrastra 15 metros hasta la acera, me pone bocaabajo, me pone las esposas y me sigue golpeando e insultando. Cuando ha terminado, me pide la documentación y me apaga el móvil", asegura Jorge, que calcula que duró 15 minutos, durante los cuales él no dice nada ni opone resistencia. "No podía", asegura el niño. Mientras, su amigo está también tirado en el suelo bocaabajo, contemplando la terrible escena. Pero a él no le pegan porque, según el padre, "le tocó el policía decente". "Más de 20 personas lo vieron, tengo dos dispuestos a testificar", asegura el padre, al que le hubiera gustado que alguien lo grabara para poder defenderse mejor. Además de los insultos y los palos, Rojas acusa a los agentes de falsedad: "A la gente que había en la calle les dijeron que mi hijo y su amigo eran delincuentes que había robado una moto, pero es mentira". Con los dos niños todavía en el suelo, "piden refuerzos y llegan tres coches de policía", les suben en uno y los llevan a la comisaría de Portazgo. Son las seis y media.

"Allí no me dejan hablar con mis padres ni con mi compañero, siguen los insultos y las amenazas y una agresión más de otro policía que no había visto antes sin venir al caso", explica Jorge. "Por vuestra culpa un compañero está en enfermería y encima tú eres un sudaca de mierda", le dijo aquel agente, que añade: "Suerte que os han tocado mis compañeros. Yo os habría matado". Mientras tanto, sus padres intentan verle desesperadamente, pero no les dejan, "está prohibido". Es más, también sufren amenazas. "Me dicen que me caye, que recuerde que soy emigrante y que me pueden quitar la residencia. Pero se equivocan porque soy español, tengo la nacionalidad", dice Rojas, todavía con la angustia en el cuerpo. Pasadas las ocho de la tarde, ve que sacan a su hijo, "que cojea y se queja, por la puerta de atrás para llevarle al Grume (Grupo de Menores) en Canillejas". Rojas logra tras mucho suplicar que un doctor vea a su hijo, que ha estado más de dos horas en comisaría sin atención médica.

Asustado, indefenso, nervioso

Los agentes le conducen al centro de atención primaria Federico Montseny, donde le remiten al Gregorio Marañón. Tampoco allí puede ver a su hijo, porque los agentes le conducen a la puerta bajo coacciones. A las 12 de la noche, el niño sale del hospital y le llevan al Grume. "Nos cuentan que es tarde, que no hay fiscal ni juez de guardia y que está detenido y que tiene que quedarse. Mi hijo ha dormido en una celda sin saber por qué", subraya Rojas. A Jorge, al que acusan de conducción temeraria y de resistencia a la autoridad, "le sueltan a las dos de la tarde del día siguiente". "El fiscal de menores quería archivar el caso porque era una chiquillada y porque no hay antecedentes, pero ve las heridas y le pregunta a mi hijo, que le cuenta que le dieron una paliza". La Fiscalía de Menores ha enviado el caso a los juzgados de Plaza Castilla para que abran diligencias previas e investiguen este caso de posible agresión policial. El padre ha buscado un abogado y van a presentar una denuncia ante el juzgado que asignen al caso.

Como consecuencia de la tunda, el niño sufre varias lesiones como un esguince grave de muñeca, traumatismos en las rodillas y en la espalda, a la altura de las costillas. Todavía le "duelen las patadas" pero, sobre todo, tiene, miedo, mucho miedo. "Estoy asustado, me siento indefenso, me pongo muy nervioso cuando veo a una patrulla, me cuesta dormir por las noches", confiesa el niño, que desde entonces duerme con su hermano, de 16 años. Su madre le acompaña al colegio y su padre lo recoge. "Tiene pesadillas, está en tratamiento psicológico y ha estado tomando antiinflamatorios toda la semana", dice su padre, que añade: "Se ha traumatizado, es un crío, y su amigo se ha traumatizado aún más de ver cómo le pegaban". Preguntada por el caso, la Jefatura Superior de Policía ha explicado que dos menores peruanos conducían rápido por la acera y sin cascos. Una patrulla les da los luminosos y piden ayuda. Acuden dos agentes en moto y el ciclomotor hace una maniobra para que caiga la moto. Un menor huye y otro es arrestado. Así, la policía achaca, en las diligencias del caso, las heridas del niño a la la caída de la moto, al tiempo que subrayan que también hay un parte de lesiones del agente. Y de los insultos ni hablamos.