Monitorizar el cultivo de legumbres o sacar dinero en la oficina de Correos. Lo que la digitalización puede hacer por el mundo rural

Cientos de municipios de la España vacía han visto cómo el buen uso de internet puede mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de proyectos específicos, que son una oportunidad para potenciar su economía y atraer población

Liérganes (Cantabria), uno de los pueblos donde el buen uso del desarrollo de internet ha permitido una mejora de la calidad de vida de sus vecinos. Allí, Correos ha digitalizado su oficina para acercar servicios básicos, como el pago de recibo o la posibilidad de realizar trámites con la Administración.
Liérganes (Cantabria), uno de los pueblos donde el buen uso del desarrollo de internet ha permitido una mejora de la calidad de vida de sus vecinos. Allí, Correos ha digitalizado su oficina para acercar servicios básicos, como el pago de recibo o la posibilidad de realizar trámites con la Administración.vallefrias / Getty Images/iStockphoto

Para los vecinos de Peñarrubia, un pequeño pueblo cántabro de unos 321 habitantes (según datos del INE de 2018), la instalación de la fibra óptica hace un año ha supuesto la revolución más grande en los últimos 100 años de su historia, solo comparable a la llegada de la electricidad. Con ella, se han digitalizado ciertos servicios básicos que habían desaparecido a causa de la despoblación; los negocios locales —especialmente los turísticos— han multiplicado sus clientes gracias al comercio electrónico; algunas casas vacías han sido ocupadas por nuevos moradores que buscan un hogar para teletrabajar; y muchos de sus octogenarios —que hace décadas vieron cómo se instalaban en sus calles los primeros postes de luz— han pasado de vivir aislados durante el confinamiento a tener un sistema de videovigilancia para que sus familiares sepan cómo se encuentran en cada momento. “Ha sido un cambio radical. La digitalización ha beneficiado tanto a los vecinos como a los negocios y el potencial que tiene es enorme. Además de reducir la brecha rural, podría solucionar grandes problemas que hay en los pueblos: la dispersión geográfica, el abastecimiento de luz y agua, la gestión del lobo, los incendios...”, explica Secundino Caso, alcalde del municipio y presidente de la Red Española de Desarrollo Rural (REDR).

Cientos de municipios como Peñarrubia han visto cómo el desarrollo de internet ha mejorado el día a día de sus habitantes, pero también la forma de hacer frente a un futuro incierto y lleno de barreras, aupadas por el abandono de sus vecinos por la gran ciudad. Porque lo importante de la digitalización no es solo disponer de ella, sino utilizarla para que los servicios básicos cubran suficientemente las necesidades de la población como para que esta decida quedarse. El Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino considera un pueblo rural a los municipios de menos de 5.000 habitantes. En los tres últimos años, según datos de junio de 2020 del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, el porcentaje de zonas rurales que disponían de cobertura de banda ancha –es decir, que se abastecían con una conexión a la red de más de 100 MB por segundo– han pasado de representar casi el 39% al 63%. Es ese empuje el que hay que saber gestionar para, más allá de hacer videollamadas, desarrollar proyectos como la aplicación de tecnología en remoto para mejorar el sector primario, por ejemplo, pero también para que las empresas y entidades se impliquen y colaboren en frenar esa despoblación. Es el caso de Correos, que ha diseñado una estrategia específica para acercar servicios básicos, como los postales, los financieros o los administrativos a estas zonas despobladas mediante la digitalización de sus oficinas.

La digitalización de Peñarrubia fue decisiva para que el arquitecto Alberto Sanz, de 63 años, decidiera hace uno comprar una vivienda en el municipio e instalar allí su estudio, una condición, según cuenta, vital para poder realizar su trabajo. “Necesito una conexión potente para poder enviar archivos de Autocad [programa con el que diseña los planos]. Aquí lo tengo y puedo disfrutar de un espacio más tranquilo y natural. Creo que el hecho de que haya localidades sin fibra óptica es un freno para que la gente se mude y se realicen proyectos interesantes”, dice Sanz. Migrar a pueblos para teletrabajar es una tendencia que ha crecido desde la llegada de la covid-19. Las búsquedas de viviendas en municipios rurales (con menos de 5.000 habitantes) supusieron el pasado noviembre el 14,8% del total en el portal inmobiliario Idealista, un 4% más que el año anterior. Eso sí, normalmente los potenciales inquilinos demandan varias cosas: servicios básicos, viviendas a bajo coste y, especialmente, una buena conexión a internet superior. La Secretaría de Estado afirma que para trabajar en remoto es necesario alcanzar, como mínimo, los 30 Mbps. No obstante, otros expertos apuntan a que la red debe establecerse en al menos los 100 Mbps para que, sin problemas, puedan teletrabajar varios miembros de la familia y realizar, a la vez, otras actividades digitales.

El arquitecto Alberto Sanz trabaja en el patio de su casa en Peñarrubias (Cantabría) gracias a la fibra óptica que el pueblo instaló el año pasado.
El arquitecto Alberto Sanz trabaja en el patio de su casa en Peñarrubias (Cantabría) gracias a la fibra óptica que el pueblo instaló el año pasado.

La falta de una red de calidad que permita, entre otras cosas, gestionar un negocio de forma digital o realizar gestiones sencillas con un móvil (como hacer gestiones en la banca online) agranda la brecha rural en muchos municipios que sufren sus consecuencias: incomunicación, una mayor dificultad para acceder a una educación de calidad, falta de empleo y despoblación. Para poner fin a esta situación, el Gobierno presentó el pasado diciembre el Plan de Conectividad con una inversión pública de más de 2.300 millones de euros para que, en 2025, toda España cuente con internet de calidad.

“¿Todo eso lo podemos hacer ahora desde aquí?”

Otro caso de cómo la digitalización facilita la vida de las personas es el del municipio sevillano de Gerena. Allí, detrás del mostrador de la oficina de Correos de la localidad, Lourdes Núñez sigue respondiendo afirmativamente a los vecinos del pueblo la misma pregunta: “¿Todo eso lo podemos hacer ahora desde aquí?”. En julio, Correos inició su plan de digitalización de oficinas rurales, entre las que se encontraba la de Gerena, para facilitar el acceso de los habitantes de las zonas más despobladas a operaciones sencillas pero elementales: pedir una subvención, solicitar documentos de la Dirección General de Tráfico, pagar una factura de la luz, sacar dinero de un cajero... Desde hace una semana, muchos gerenenses, sorprendidos, han visto cómo no tenían ya que ir a una ciudad más grande para hacer estos trámites. “Antes [desde la oficina de Correos] solo podíamos enviar cartas y poco más. Ahora, los usuarios pueden pagar recibos o digitalizar trámites con la Administración a través del servicio ORVE, entre otras muchas cosas”, comenta Nuñez. Hasta el momento, el operador logístico ha digitalizado siete de las 2.295 oficinas y puntos de atención al público en localidades rurales (en toda España, esta entidad cuenta con 2.370 oficinas y 8.381 puntos de atención) y ha tejido acuerdos con otras entidades, como el Banco Santander, para ejecutar este proyecto.

Liérganes (Cantabria) otra de las poblaciones rurales donde Correos ha digitalizado su oficina.
Liérganes (Cantabria) otra de las poblaciones rurales donde Correos ha digitalizado su oficina.mehdi33300 / Getty Images/iStockphoto

Otra de las oficinas digitalizadas es la de Liérganes, pueblo cántabro de unos 2.370 habitantes (según datos del INE de 2018). En un año, su oficina de Correos pasó de ser un lugar poco transitado en la primera planta del Ayuntamiento a un local ubicado en el casco antiguo donde los vecinos pueden, entre otras cosas, ingresar o sacar dinero. Un servicio que, para muchos habitantes del mundo rural, se han convertido en el último lustro en una misión imposible ante la desaparición de sucursales bancarias (más de la mitad han cerrado en los últimos 12 años, según datos del Banco de España). “La digitalización de estos servicios mejora la calidad de vida de la población y, en los municipios pequeños, consigue que los negocios crezcan y más gente quiera vivir aquí. A nosotros nos llegó la fibra en 2018 y todo mejoró. Antes, cuando ibas al centro médico, se tardaba varias horas en descargar una radiografía”, afirma Santiago Rego, alcalde de la localidad.

Junto a Gerena y Liérganes, también se han digitalizado las oficinas de Benahadux (Almería), Benajarafe (Málaga), Catoira (Pontevedra) y las localidades navarras de Lesaka y Los Arcos. Antes de finalizar el año, el operador logístico espera transformar otras nueve más y para 2022 completar este avance tecnológico en la mayoría de toda su red. Una iniciativa con la que busca, según indican fuentes de la empresa, “impulsar el emprendimiento y la actividad económica rural”. Este proyecto forma parte de los 23 que ha presentado Correos al Ejecutivo para optar al reparto de los fondos europeos.

El combustible para potenciar la economía local

El presidente de la REDR insiste: “La digitalización es mucho más útil y rentable en el mundo rural”. Entre la lista de proyectos que se le vienen a la cabeza (desde aplicaciones para gestionar la lectura de contadores a la depuración de aguas), Caso se enfoca en los beneficios que esta revolución tecnológica aportará al sector primario, motor económico de la España rural. “Los ganaderos podrían utilizar collares robotizados que, a través de la red, puedan dar información de su ganado en tiempo real: dónde se encuentra, si está tranquilo, si algún animal tiene fiebre o si hay fauna salvaje a su lado. Eso repercutirá positivamente en su producción”, afirma.

El Gobierno aprobó el año pasado un presupuesto de 13 millones de euros para digitalizar el mundo rural

En esa línea ya hay otras iniciativas interesantes en marcha. Un ejemplo es Sativum, un programa informático desarrollado por el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León que permite monitorizar el estado de los cultivos gracias al uso de imágenes por satélite, de información procedentes de las 200 estaciones meteorológicas de la AEMET y de la base de datos de los suelos de Castilla y León (con más de 16.000 muestras de suelo georreferenciadas). Esta aplicación gratuita, a través de un sistema predictivo, advierte a los agricultores de posibles situaciones agronómicas o meteorológicas (como el efecto de un tratamiento plaguicida), permite el seguimiento del estado de los cultivos en las diferentes partes de una misma parcela cultivada o predice los efectos climáticos. En esta línea, el Gobierno también aprobó el año pasado un presupuesto de 13 millones de euros para digitalizar el sector agroalimentario, forestal y del medio rural.

Raquel Cortino prepara jabón artesano en su taller en Monleras (Salamanca).
Raquel Cortino prepara jabón artesano en su taller en Monleras (Salamanca).

Estar conectado también ha sido decisivo para que muchos productores no echasen el cierre durante la pandemia. Las compras en línea crecieron un 50% durante el confinamiento y los consumidores se interesaron más por los productos locales, según datos de 2020 de la consultora de mercados Nielsen. En muchos casos, saber (y poder) vender por Internet se convirtió en un salvavidas. Testigo de ello es Raquel Cortino, que meses antes de la llegada a España de la covid-19 decidió abrir un taller de jabones artesanos en Monleras, pueblo salamantino de 226 habitantes (según datos del INE de 2018). Desde su pueblo, donde ya tenía un negocio de casas rurales, consiguió dar salida a sus productos a través de market places (webs virtuales donde venden diferentes comerciantes de diversos lugares). “Fue lo que me salvó”, precisa, y añade: “Entré en Correos Market [la plataforma en línea para empresas y productores españoles del operador logístico] y a través de ahí me llegaron clientes. Estar en internet es complicado porque la competencia es más grande y se pierde el trato directo con las personas, pero es una oportunidad para los productores rurales: nos pone en a la misma altura de las empresas de las grandes ciudades”.

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