Opinión
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Petróleo, pandemia y cambio climático

El petróleo es el principal ingreso público en los países de la OPEP, y esta guerra de precios aumenta el déficit y la deuda pública

En medio de una crisis global, desen­cadenada por la pandemia de la Covid-19, pasó inadvertido el aumento de producción y el descuento de precios del petróleo de Arabia Saudí. Respondía a la falta de acuerdo con Rusia para recortar la producción y sostener los precios. En un solo día, el pasado 8 de marzo, el precio del Brent cayó 14 dólares, hasta 31 por barril. El enfrentamiento impacta negativamente en ambos jugadores, pero su estrategia se entiende ya que, aunque miembros del cártel petrolero OPEP+ (OPEP y Rusia) tienen diferentes costes y niveles de producción, se enfrentan a jugadores ajenos a este: los productores de petróleo de esquisto de EE UU.

El cártel petrolero maximiza beneficios acotando la producción, adaptándola a una demanda mundial estabilizada en crecimientos de en torno al 1,5% en los últimos años, con caídas en las economías desarrolladas y crecimientos elevados en las emergentes. Sin embargo, la revolución técnica que facilitó la extracción del petróleo de esquisto, atrayendo capital y trabajo, llevó a que el 16% de la producción mundial de petróleo, siete puntos más que en 2010, provenga de EE UU. El intento de reducir su cuota de mercado, en un mercado que crece poco, justifica la estrategia de Rusia y de Arabia. La primera, convencida de que los recortes de la OPEP+ simplemente favorecen niveles de precios que hacen rentable el más caro petróleo de esquisto, directo competidor suyo. La segunda, tirando de su capacidad de reacción en producción y de su menor coste de producción.

Sin embargo, no importan solo los costes. El petróleo es el principal ingreso público en los países de la OPEP, y esta guerra de precios aumenta el déficit y la deuda pública, o llevará a recortes de gasto. Todo se paga, en el mercado o en estabilidad social. Estos costes se agravan ahora, con caídas adicionales de precios por el parón económico global y unos mercados financieros que prefieren liquidez a cualquier activo de riesgo, por mínimo que sea, mientras no haya visibilidad sobre el freno de los contagios y el final de las cuarentenas por la Covid-19. Con todo ello, la continuidad de la estrategia de ambos jugadores es incierta.

A más largo plazo, en la fijación de los precios del petróleo tendrán cada vez más importancia las políticas de mitigación del cambio climático, tratando de incorporar las externalidades negativas de las energías fósiles. La combinación de medidas fiscales, las regulaciones, la mejora de la eficiencia energética con la tecnología y la preferencia de consumidores, empresas e inversores por reducir el volumen de emisiones de dióxido de carbono, irán reduciendo el papel del petróleo. Lo que no sabemos es a qué precios será cada vez menos importante

Julián Cubero, de BBVA Research.

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