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Videojuegos desde la habitación

Chibig surgió en el domicilio del ingeniero Abraham Cózar después de fracasar su plan de crear aplicaciones educativas

Abraham Cózar, en el centro con gafas, con el equipo de Chibig. Debajo, la protagonista de Summer in Mara. 
Abraham Cózar, en el centro con gafas, con el equipo de Chibig. Debajo, la protagonista de Summer in Mara. 

Seis meses. Ese era el tiempo del que disponía Abraham Cózar para que despegara su carrera como diseñador de videojuegos. Este valenciano de 35 años y procedente del municipio de Meliana venía de un primer intento fallido como emprendedor. Su proyecto de desarrollar aplicaciones educativas para colegios no había salido adelante. Lejos de abandonar su sueño de crear un método que permitiera a un público infantil aprender y divertirse a la vez gracias a la tecnología, Cózar decidió intentarlo una segunda vez en 2015, en esta ocasión por su cuenta, porque no podía permitirse contratar a nadie. Sus ahorros solo le daban para subsistir medio año.

Desde su habitación, convertida en estudio, comenzó diseñando pequeños juegos para móviles que probaba en el mercado. “La velocidad fue algo clave. No es fácil dar con un producto que tenga éxito”, recuerda el ingeniero de Telecomunicación. En seis meses desarrolló seis videojuegos. Y fue el último, Deiland, el que funcionó. Este juego de gestión de recursos enfocado a niños e inspirado en el cuento de El Principito cosechó millones de jugadores en apenas unos meses.

Esto asentó las bases de Chibig, el que ahora se ha convertido en el estudio de videojuegos de Cózar, y una pequeña empresa con gran potencial. Prueba de ello es su trayectoria desde entonces: el siguiente videojuego, Ankora, tuvo un éxito similar a su predecesor. Lanzadera, la aceleradora del dueño de Mercadona, Juan Roig, los fichó en 2017, otorgándoles un espacio de trabajo más profesional y ayudándoles a dar más pasos en el mundo empresarial. En 2018, Deiland daba el salto al formato de videoconsolas (PlayStation 4) y posteriormente a PC, con más de 30.000 unidades vendidas.

No obstante, el verdadero éxito del estudio valenciano llegaría con su último proyecto: Summer in Mara. Para financiar este videojuego, más ambicioso que los demás, Cózar decidió recurrir al crowdfunding a través de la plataforma Kickstarter. “El crowdfunding es un formato de financiación muy útil en el mundo de los videojuegos porque te permite validar el producto antes de lanzarlo. Normalmente estás trabajando un año, a veces más tiempo, diseñando algo que no sabes si después va a ser rentable”, destaca Cózar.

Ya habían probado la fórmula con Deiland cuando, para traducir el juego a más idiomas y añadir detalles que habían quedado fuera de la financiación, pidieron a sus seguidores 10.000 euros. Los fans respondieron triplicando la cifra requerida. Para Summer in Mara, Chibig el emprendedor pidió a su comunidad de seguidores 20.000 euros. En febrero de 2019, gracias al crowdfunding había recaudado 230.000 euros, convirtiéndose en el tercero más exitoso del mundo de los videojuegos en España.

Cózar recuerda que la estrategia de marketing y comunicación fue fundamental: “Da igual que tengas un producto muy bueno. Necesitas hacerte ver. Este mercado está saturado de cientos de juegos que salen cada mes y visibilizarte es fundamental”.

El emprendedor confiesa que el éxito, totalmente inesperado, lo “desbordó”. Además, el año pasado su empresa recibió 150.000 euros de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional como parte de un programa de impulso al sector de los videojuegos en Europa. Chibig, que empezó facturando apenas 300 euros al mes, sobrepasó este último año los 300.000 anuales, logrando beneficios y ampliando la plantilla a ocho personas. Summer in Mara verá la luz en febrero del año que viene, y de momento, el estudio valenciano ya está gestionando otros dos nuevos proyectos para lanzar posteriormente.

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