Una segunda vida para las baterías de los coches

BeePlanet Factory reutiliza los acumuladores de energía en aplicaciones fotovoltaicas y colabora con Iberdrola

Dos de los tres socios fundadores de 
BeePlanet: Jon Asin (izquierda) y Agustín Idareta.
Dos de los tres socios fundadores de BeePlanet: Jon Asin (izquierda) y Agustín Idareta.

Diez años trabajando en movilidad eléctrica en el grupo vasco Ingeteam le dieron a Jon Asin una buena imagen del cambio que vive la automoción. La salida de los vehículos de gasolina y diésel de la carretera, fijada por el Gobierno para 2050, es la mayor de las transformaciones que se avecinan, pero, en paralelo, la logística, que incluye la producción y el transporte de los componentes de los coches, camina hacia las cero emisiones. “Hay que sacar todas las conclusiones de que vamos hacia una energía neutra en carbono”, sostiene Asin, que se asoció en 2018 con otros dos ingenieros con experiencia en estos dos sectores (Agustín Idareta, automoción en ZF Group; y Carlos Llonis, logística en Truck & Wheel) para, con una inversión inicial de 75.000 euros, lanzar BeePlanet Factory, dedicada a dar una segunda vida a las baterías de los coches eléctricos.

La empresa facturó 130.000 euros en 2019 y tiene 11 empleados, ingenieros en su mayoría, que en unas pequeñas instalaciones en Noáin, a diez kilómetros de Pamplona, convierten las baterías sin vida útil que les compran a tres fabricantes en soluciones para el mercado fotovoltaico. “Después de una evaluación del estado, las transformamos en baterías de 4,8 y 12 kilovatios hora disponibles para el autoconsumo a pequeña escala”, cuenta Asin, que asegura que su producto, además de tener una menor huella ambiental, es “entre un 25% y un 30% más barato” que los equivalentes de primer uso con los que compiten. Sus clientes son pequeñas empresas que instalan placas solares u otras soluciones fotovoltaicas. En 2018, el Gobierno de Navarra les concedió una subvención de 500.000 euros, a pagar a lo largo de tres años y vinculada a un proyecto. Ese mismo año, el CDTI les aprobó otro proyecto por valor de 250.000 euros. Han dado también entrada a inversores como a la empresa de logística Truck & Wheel, y a la aceleradora de start-ups de energía Innoenergy.

Acaban de anunciar que Iberdrola, que pretende instalar en España 150.000 puntos de recarga para el coche eléctrico en los próximos cinco años, los ha seleccionado para probar sus baterías en algunos de ellos. Este servicio les permitirá, además, fabricar un nuevo producto de 200 kilovatios hora. Asin apunta que se trata de un proyecto piloto, pero celebra que les permita abrir una nueva vía de ingresos. El emprendedor cree que esto será “habitual”, pues “habrá cada vez más mercados”. “Es algo lógico. Ahora hay miles, pero en muy poco tiempo habrá millones de coches eléctricos, con sus baterías. Tendremos dos opciones: o enviarlas a reciclar, o reutilizarlas algunos años más en otras aplicaciones siendo imaginativos. Nosotros haremos lo segundo para optimizar su huella ambiental”, dice. La producción de cualquier batería de un coche eléctrico es un proceso muy contaminante, y esa es una de las razones de que unas sean sustituidas por otras más sostenibles cada cierto tiempo. “Evidentemente, la adaptación a un producto tan cambiante es un reto”, sostiene Asin.

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