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La madurez internacional de Elecnor paga dividendos

La empresa energética vasca cumple 60 años tras haber logrado diversificar

sus negocios e instalarse en más de medio centenar de países

Elecnor acaba de celebrar su junta general de accionistas, en la que aprobó elevar el dividendo un 4%, el mismo porcentaje en el que crecieron los beneficios, que fueron de 71,2 millones de euros. A lo largo de los últimos 10 años no ha dejado de remunerar a sus accionistas, incluyendo los años duros de la crisis, con un crecimiento del 5,7% y un pay-out (beneficios destinados a dividendos) del 35%. La cotización a final de 2017 era del 13,29 euros frente a 8,98 de un año antes. La facturación alcanzó en ese ejercicio los 2.200 millones, de los que el 55% proviene de fuera de España. Está en 53 países. La cartera exterior representa el 81% del total.

Línea de transmisión eléctrica en Sines (Portugal) ejecutada por Elecnor.
Línea de transmisión eléctrica en Sines (Portugal) ejecutada por Elecnor.

El primer foco de actividad lo puso en la distribución eléctrica. La compañía empezó trabajando para Iberduero cuando esta decidió externalizar trabajos de infraestructuras. Pero pronto ese mercado se quedó pequeño, por lo que decidió diversificar. En 1963 entró en el negocio de telecomunicaciones, en 1964 creó su primera filial (Postes Nervión) y en 1967 la primera en el exterior, Rasacaven, en Venezuela.

Sentadas las bases para el crecimiento, la empresa siguió su expansión, con proyectos en plantas térmicas y nucleares y trabajos de alta tensión, así como la entrada en el sector ferroviario. En los años 80 se produce un hito con el despliegue de las redes eléctricas en Costa de Marfil. “Entonces se produce un salto cualitativo porque se aprende a gestionar grandes proyectos llave en mano; hasta entonces solo aportaba mano de obra. Ahora se trabaja en mercados exteriores”, apunta Rafael Martín de Bustamante, consejero delegado desde 2011.

Entre esa década y la siguiente se produce un goteo continuo con la implantación en distintos países centroamericanos como República Dominicana, México, Uruguay y Brasil, por un lado, y en Angola, por otro, lo que constituye su primer mercado estable en África. Además, logra un macrocontrato para construir en Chile la central hidroeléctrica de Duqueco. En este proceso la empresa también tuvo momentos críticos como cuando fue implicada en el presunto pago de sobornos al ex embajador en India, Gustavo de Arístegui.

A puertas ya del siglo XXI crea Enerfin para participar en energía eólica. “Pero nos damos cuenta de que es necesario aportar capital al desarrollo de los proyectos”, dice Bustamante, que también destaca que a principios del año 2000 se incorpora Atersa, fabricante de equipos fotovoltaicos, y se integra la firma aeroespacial Deimos Space, que, en 2009, lanza el primer satélite europeo de observación de la Tierra (Deimos 1). También crea Celeo, la concesional del grupo.

En los años duros de la crisis la empresa continúa con sus proyectos: primera gran adjudicación de una central de ciclo combinado en México, compra de una empresa en EE UU, primer parque eólico en Norteamérica (Canadá), entrada en el mercado británico, lanzamiento del Deimos 2, las ventas en el exterior superan las del mercado español... “Nos encontramos con una crisis terrorífica, económica y de valor, que cambia todo”, afirma Bustamante. Sin embargo, Elecnor logró siempre ganar dinero y repartir dividendo de forma creciente en menos de un año, a pesar del recorte de las subvenciones que el Gobierno decide en las termosolares en 2012 y 2013. Precisamente, Elecnor fue el socio de Eiser, la empresa que ganó el primer arbitraje a España.

“En estos años se ha ido sofisticando el modelo de negocio”, reconoce Bustamante, aunque los dos grandes negocios siguen siendo las infraestructuras y el concesional. El primero se centra en electricidad, gas, energía, ferrocarril, medio ambiente y telecomunicaciones. “Es el core business de la compañía, con 900 millones de facturación en España, donde es líder. En el exterior hemos estado en 52 países”, dice.

El negocio concesional cuenta con las citadas filiales Enerfin y Celeo. La primera supera los 1.000 megavatios (MW) en el mundo y acaba de entrar en Australia. Celeo, que invierte en grandes redes de transmisión y fotovoltaica, gestiona casi 4.000 millones en activos en Brasil y Chile. Además, el negocio de satélites, “una apuesta arriesgada, pero efectiva”, a juicio de Bustamante, se desarrolla en Puertollano, “nuestro pequeño Cabo Cañaveral”. “Queríamos acreditar que teníamos capacidad para construirlo, lanzarlo y explotarlo. Ahora estamos con el proyecto del Deimos 3”. Asimismo, ha entrado en el segmento de aviones no pilotados, cuyos prototipos ha comprado el Ministerio de Defensa francés.

“En la actualidad trabajamos en la búsqueda de negocios en el mundo digital”, afirma Bustamante, al tiempo que subraya que el proceso de internacionalización tiene que seguir con mucha más intensidad y cautela. “Los proyectos de generación de energía en el mundo están en un momento delicado. Los márgenes son pequeños y los proyectos están desapareciendo. Pero eso no quita que estemos abiertos a cualquier oportunidad. Somos una empresa conservadora, no hemos tenido obsesión por ser los más grandes, queremos generar valor y pagar dividendo”, añade.

10 familias

Elecnor (Electrificaciones del Norte) se fundó en 1958 en Bilbao por iniciativa de 10 familias ligadas a la burguesía vizcaína y andaluza. Controlan, en segunda generación, la firma con el 52,75% a través de Cantiles XXI: Ybarra Careaga, Barandiarán, Oraa Moyua, Cervera Earle, Prado García, Landecho, Real de Asúa, González Aguilar, León Domecq, y Morenés Giles. En el consejo cada familia tiene un puesto y un voto. Hay tres consejeros independientes y un ejecutivo. Y dos de ellos son mujeres. Se han alternado en la presidencia, que ahora ocupa Jaime Real de Asúa Arteche. El 48% restante lo tienen tres fondos (Bestinver, AZ Valor y Cobas) y pequeños accionistas.