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La economía perversa del narcotráfico

Por un fardo de hachís, un delincuente de La Línea gana 49.000 euros que alimentan un ecosistema sumergido

FOTO: Uno de los todoterrenos decomisados en la ultima operación antodroga en La Línea. / VÍDEO: Agentes de la Policía Nacional desmantelan un sistema de radares utilizado por un grupo de narcos para detectar la presencia policial en La Línea, el pasado 21 de enero.

Un narco huido a pie entre callejuelas que, al verse acorralado por la policía, comienza a arrojar al viento el dinero que llevaba encima. Jóvenes en chándal que se juegan miles de euros al casino. Una casa descubierta en un registro con vestidores recubiertos por cristales de Swarovski. Empresarios de la construcción que ven sus ventas lastradas después de cada golpe policial. Todoterrenos de lujo, conducidos por propietarios sin oficio conocido, entre barriadas marginales. El Messi del hachís, los Castañitas o el Niño. Son escenas reales y protagonistas del relato de la narcoeconomía de Cádiz.

Francisco Mena, coordinador de la federación de asociaciones antidroga Nexos, emplea ese neologismo para referirse a la “perversa economía que genera el narco, dañina pero capaz de generar riqueza”. Tanto que, en La Línea de la Concepción —donde, de 63.278 habitantes, el 33% está oficialmente en paro—, la policía está acostumbrada a decomisar y registrar vehículos, barcos y chalés de lujo. El pasado 6 de enero, en apenas 48 horas, los agentes interceptaron diez todoterrenos en cuatro operaciones antidroga. Transportaban 12 toneladas de hachís.

Muestra de hachís incautada en la comisaria de La Linea.
Muestra de hachís incautada en la comisaria de La Linea. EL PAÍS

“Cada kilo de droga se paga a 1.640 euros y cada fardo pesa unos 30 kilos”, señala un investigador de la comisaría linense que prefiere no dar su identidad. En esos coches de gran cilindrada los narcos del Campo de Gibraltar han perdido 19,68 millones. “Es un gran negocio”, tercia la fiscal antidroga de la provincia, Ana Villagomez. De los 372.901 kilos de droga intervenidos en España en 2016, el 40% se aprehendió en Cádiz, y se cree que solo se decomisa una cuarta parte de lo que se mueve.

“Lo que el narcotraficante persigue es convertir en lícito lo ilícito. Busca dos fines, lavar ese dinero y ocultar su origen”, resume Jorge Ramírez, delegado especial de la Agencia Tributaria en Andalucía. Y, para ello, el narco recurre a dos vías: blanquear sigilosamente en negocios pantalla y gastar ostentosamente.

Los delincuentes más poderosos apuntan alto y miran a Gibraltar para blanquear. “Crean grandes entramados con compañías offshore que precisan estructuras de planificación fiscal agresiva. Gibraltar les proporciona una salida fácil” por su opacidad, reconoce Ramírez. Sin embargo, la mayoría de narcos de la zona se conforma con empresas locales. La lista de compañías a nombre de familiares y testaferros es amplia y varía según el momento: tiendas de deporte, espacios de celebraciones, empresas de transportes o comercios de “todo a un euro”. “Suelen ser negocios destinados al consumidor final”, apunta Ramírez. Ahora, la hostelería está de moda. En julio, un narcotraficante acabó detenido tras crear un pequeño imperio hostelero y conseguir la concesión pública de un restaurante en el poblado de Sancti Petri, en Chiclana de la Frontera. Pocas semanas antes, Abdellah El Haj, el Messi, se escabulló de los agentes en uno de los bares que controla en la playa algecireña de Getares.

“Normalmente, con estas empresas evitan la ostentación”, añade Ramírez. Pero eso no siempre ocurre, como apunta Mena: “A algunos, la vanidad les puede”. En La Atunara, uno de los barrios más necesitados y permisivos con la delincuencia, un vecino lo deja claro: “Primero, invierten dinero en sí mismos y en sus novias. Joyas, coches y operaciones de cirugía estética”. Luego llega el todoterreno de marcas de lujo, comprado si es para uso personal y robado si es para el trabajo. ““Pueden ser un BMW, un Audi Q5 o Q6. Aquí sabemos tanto de coches que podríamos montar un concesionario”, bromea un miembro de la Policía Científica de La Línea.

Las casas completan el retrato. La vista satélite de El Zabal —una zona por urbanizar— revela espectaculares chalés y amplias piscinas, una de ellas con forma de corazón. Hace tiempo que aquí el precio del metro cuadrado subió de los 150 a los 400 euros. “Les gusta quedarse en sus zonas, no perder el arraigo”, explica Mena.

Su dinero también permanece y dinamiza los negocios legales de sus vecinos, como reconoce un guardia civil del sindicato AUGC: “Lo reconocen los comerciantes en privado. Si no fuera por ellos, en la zona se notaría mucho”.

Dinero en una comarca deprimida

La lista de supuestos beneficiados de la “narcoeconomía” es diversa: concesionarios, talleres, inmobiliarias, joyerías… “Gastan mucho. Los días de Reyes ves cosas que no puedes ver en ningún sitio de España; regalos como coches, motos o quads”, explica un policía. Pero, como añade la fiscal Antidroga, “por la boca muere el pez. Se investiga a quien llama la atención”. En todo caso las consecuencias sociales, como explica el antropólogo Manuel Cañestro, son desastrosas. “Aquí las sufrimos todos, aunque la gran mayoría no es narco”, reconoce. Habla de una sociedad atrapada entre el paro y la pobreza: “Es una dualidad, no nos gusta ver sus planeadoras, pero sabemos que si los quitan, La Línea se empobrecerá más sin una alternativa”.