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Columna
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¿Matará Uber a Schumpeter?

Las plataformas tecnológicas pueden ser el final del capitalismo o el triunfo de su forma más cruda

Un usuario prueba la aplicación Uber en la avenida Diagonal de Barcelona.
Un usuario prueba la aplicación Uber en la avenida Diagonal de Barcelona.Albert García
Joaquín Estefanía

Recordemos: para el economista austriaco Joseph Schumpeter la lógica del capitalismo está vinculada el concepto de "destrucción creativa". Una innovación tecnológica permite aumentar la productividad y ofrecer a los ciudadanos nuevos servicios y productos que destruyen empresas y puestos de trabajo; pero aquellos empleos son sustituidos por otros creados por la innovación. Así, el capitalismo genera un universo de desarraigo permanente, pero también proporciona la solución: el intercambio de unas actividades por otras. Al final había un juego de suma positiva.

Hasta ahora. No es seguro que esto vaya a seguir siendo así. No hay certeza alguna de que el empleo existente sea sustituido por otro, al menos en la misma cantidad y en condiciones laborales más o menos idénticas. La aparición de plataformas tecnológicas mundiales que no producen nada y solo median, hace factible la duda. Esto es en definitiva lo que hay detrás de la huelga de taxistas o de los problemas entre los hoteleros y Airbnb, que han tenido la virtud de visibilizar este dilema.

Estas plataformas han obtenido ya dos victorias en el terreno del lenguaje. Se presentan a sí mismas como fruto de la modernidad global y a los oponentes los tildan de viejos dinosaurios partidarios de los oligopolios, el proteccionismo y las sociedades cerradas; y segundo, se califican como pertenecientes a una supuesta "economía colaborativa" en la que parece que los inmensos beneficios en cuestión no existen o están en un segundo término respecto al poderoso foco de atención de "colaborativo". A esta economía colaborativa pertenecerían los famosos GAFA (siglas de Google, Apple, Facebook y Amazon) además de las infinitas apps que se crean todos los días.

El filósofo francés Luz Ferry ha tenido el acierto de distinguir las dos lógicas que disputan el papel de las plataformas digitales que están en nuestras vidas (La revolución transhumanista, Alianza Editorial). La primera defiende que Internet y las plataformas forman parte de una tercera revolución industrial que permitirá organizar la vida al margen del régimen capitalista y de las dos estructuras que le son inherentes desde el siglo XVII: el Estado y del mercado; esta revolución presenciaría el eclipse definitivo del capitalismo. La segunda, a la que se adhiere Ferry, no niega que se trate de una revolución (a la que pertenecerían también las energías renovables y no carbónicas y que quizá dé lugar a una estructura descentralizada de la vida económica), pero conllevará de modo estructural una formidable desregulación. Una especie de nuevo estadio de capitalismo salvaje.

Vamos a tener una prueba sobre quién tiene razón en el modo con el que se resuelva mundialmente el conflicto con los taxistas y los hoteleros. Y si ello va a dar lugar a lo que se denomina una "uberización del trabajo" que conlleva rebajas de los estándares de calidad de vida que han dado personalidad al continente europeo, una sustitución continua del trabajo asalariado por el de autónomo, una profundización en las sociedades low cost en las que el trabajador ha de trabajar, si quiere ser competitivo, por las noches, o no puede hacer pausas en los ritmos del empleo. O si las habitaciones proporcionadas por Airbnb no cumplen las normas de movilidad para minusválidos, etcétera.

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