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Álvarez marca su propio perfil alejado de Méndez

El nuevo líder de UGT busca diferenciarse con otro discurso público y reducir la plantilla en unos 40 empleados

El secretario general de UGT, Josep Maria Álvarez, con el líder de la federación de movilidad y consumo, Miguel Ángel Cilleros
El secretario general de UGT, Josep Maria Álvarez, con el líder de la federación de movilidad y consumo, Miguel Ángel Cilleros

Desde el día que se convirtió en el nuevo secretario general de UGT, Josep Maria Álvarez, dejó claro que tenía intención de distanciarse de su predecesor. “El sindicato debe hacer punto y aparte con la era Méndez”, declaró nada más acceder al cargo. Ya han pasado 100 días, el periodo se ha cumplido el pasado fin de semana, y en estos tres meses largos, se puede comprobar que Álvarez ha tratado de cumplir con lo que dijo tanto en su gestión interna como en la externa.

En esta última parte, el aldabonazo sonó en vísperas del 1 de mayo. Entonces Álvarez subrayó que en los últimos años el diálogo social solo ha sido “una foto útil para los gobiernos”. Ahora, al teléfono, profundiza en el discurso: “Creo que ha habido una etapa en que hemos sacado mejoras importantes en los despachos. Pero llevamos entre cinco y ocho años en los que el sistema no funciona y entonces hay que cambiarlo”.

Estas palabras suponen una línea nueva en la mantenida por Méndez. También implican definir un perfil propio respecto de CC OO, que en los últimos años ha mantenido una estrecha unidad de acción con UGT. “Necesita marcar su impronta”, apunta comprensivo Fernando Lezcano, portavoz de CC OO. Más contundente fue el propio Toxo el lunes de la semana pasada. Afirmó: “¿El sindicato debe renunciar a jugar un papel determinante, por ejemplo en pensiones? Sinceramente creo que no. Es un disparate”.

No obstante, estas fricciones no parecen poner en peligro la unidad de acción entre las dos grandes centrales. La semana pasada sus líderes advirtieron al unísono que la desigualdad puede acabar desembocando en “un conflicto social”.

Otro de los elementos externos que Álvarez lleva en su discurso es “volver a la calle”. Aquí se enmarca el acto que, a iniciativa de UGT, se celebró junto con CC OO en la plaza de Callao para presentar sus demandas a los partidos antes de las elecciones.

Defiende el cambio de imagen y “el estilo más directo” de los últimos meses Gustavo Santana, líder de UGT en Canarias que le disputó el liderazgo a Álvarez. “Si hay diferencias con CC OO, hay que decirlo”, prosigue.

No todos en el sindicato lo ven igual. “Claro que marca un discurso de ruptura con Cándido y con CC OO”, apunta un dirigente del sindicato que no apoyó a Álvarez en su elección. “Además, esto me parece artificial. Ya lo podía haber dicho antes, que estaba en lo órganos de dirección”, apostilla.

Ante esta crítica Álvarez responde admitiendo que apoyó a la anterior dirección. “Eso no me deslegitima ni me impide afrontar los cambios que creo que hay que hacer”, responde.

En el plano interno, estos primeros 100 días han estado muy marcados por la reducción de seis grandes federaciones a tres, un proceso diseñado con la ejecutiva anterior y consagrado en el pasado congreso. Pero a partir de ahí, Álvarez ya empieza a marcar su impronta, que arranca por planes de viabilidad en muchas organizaciones del sindicato.

“Desde la perspectiva del funcionamiento del sindicato, no se han tomado decisiones en años. Si te entran 10 euros, no te puedes gastar 12. El sindicato ha tomado pocas decisiones cuando las tenía que tomar”, apunta Álvarez. Estos planes de viabilidad acabarán en ajustes de gasto y recortes de plantilla. La ejecutiva confederal ya plantea que hará unos 40 despidos entre mayores de 57 años en los próximos dos años. Ha comenzado a negociar ya “persona a persona” para llegar a acuerdos individuales y “evitar medidas traumáticas”, es decir, un ERE.

“Sí, claro que comparto que hay que optimizar los recursos”, señala Miguel Ángel Cilleros, líder de la nueva federación de servicios y transporte y máximo rival de Álvarez por el líderazo en el XLII Congreso. Pero subraya un matiz de calado: “Es la coletilla de compararse con el pasado lo que no comparto”.

Otra iniciativa de ahorro que se ha planteado es el traslado de la sede de la ejecutiva confederal del sindicato en la céntrica calle Hortaleza de Madrid a la Avenida de América, donde está la unión madrileña y las federaciones sectoriales. “Solo abrir Hortaleza cuesta un millón al año”, justifica Álvarez sobre una decisión que todavía no es definitiva. Una vez allí pondría en marcha la unificación de gabinetes (prensa y jurídico).

La federación de servicios, que apoyó en bloque a Cilleros frente a Álvarez, ve la medida con reticencias, teme perder autonomía. En cambio, el nuevo líder de la federación de industria (la resultante del metal y la química), Pedro Hojas, firme defensor de Álvarez, no ve ningún problema. Hojas, que fue elegido en un congreso fundacional muy tenso, es firme partidario de “evitar duplicidades”. “Hay que aprovechar mejor los recursos y llevarlos donde hacen falta”, esgrime. Julio Lacuerda, líder de la nueva federación de empleados públicos, opina que “sí hay cosas que se pueden compartir”. “Para mi es un tema económico. Si la organización tiene una sobrecarga...”, apostilla.