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La oferta turística de Portugal crece

El turismo del país avanzó un 12% en facturación hasta junio

Puesta de Sol en el barrio de Alfama (Lisboa, Portugal).
Puesta de Sol en el barrio de Alfama (Lisboa, Portugal).

Lisboa es el icono del turismo de Portugal, cuyos ingresos crecen, en términos porcentuales, el triple que en Italia y España. Desde 2013, su crecimiento supera los dos dígitos.

Hasta julio, el turismo del país avanzó un 8,8% en visitantes y un 12% en facturación respecto al año anterior, que ya batió récords. El balance final se acercará a los 13.000 millones de euros, el 8,2% del PIB, el doble que hace una década, según datos de Turismo de Portugal.

La capital portuguesa es la cara bonita del fenómeno. Pequeña y decadente, Lisboa recibe 3,5 millones de turistas, menos de la mitad que, por ejemplo, Barcelona, pero eso no la exime para que el vecindario comience a protestar por las incomodidades que acarrean.

Cada mes se crean 50 empresas relacionadas con el sector. En lo que va de año, el Ayuntamiento ha concedido 40 permisos para hoteles y casi un millar de licencias de rehabilitación de edificios.

“Lisboa no va a perder su autenticidad”, asegura el secretario de Estado de Turismo, Adolfo Mesquita. “El turismo incluso lo refuerza. Mucho de lo que ahora se quiere preservar estaba a punto de perderse y ha sido recuperado gracias al turismo”.

Pero la capital portuguesa es solo el primer paso de un sector que se extiende por toda su geografía. El turismo en Portugal va por barrios y por países. El original del sol, mar y playa, localizado en el Algarve —que, al igual que en España sufrió los desmanes inmobiliario— apenas ha crecido (un 1,5% este año). Su clientela es principalmente británica, pues también hay mucho campo de golf, y española, por la proximidad con Andalucía.

Otras vetas comienza a explotar el país. Es el caso del Norte, con Oporto como capital, donde el turismo exterior crece un 20% y su facturación un 18%. El fenómeno coincide con la llegada de las líneas aéreas low cost y con la fama de sus vinos que, año tras año, aparecen entre los mejores del mundo según las revistas especializadas. Es el turismo de río y vino.

La hostelería de lujo y los aristócratas bodegueros abren sus quintas (fincas) a la degustación y al hospedaje en las riberas del Duero, junto a los bancales de viñedos. Allí reina el turismo español, por su proximidad a Galicia, y el británico, por sus ancestros ligados a las grandes bodegas de Oporto. La inminente apertura del túnel de Marão (en el eje Oporto - Salamanca) acortará en media hora la comunicación terrestre con la frontera española y en un 40% el desequilibrio económico entre la región del Douro y la agreste, pero pobre, Trás-os-Montes.

Pero lo que más ha crecido en este año es un turismo que hasta hace unas décadas los profesionales del sector veían improductivo, el de la tranquilidad y la montaña. Portugal tiene un filón en las Azores, el lugar de la tierra más verde y sostenible, según Green Destinations. Lo más difícil era llegar, pero lo han solucionado las aerolíneas low cost. Obligado por Bruselas, el Gobierno ha tenido que romper este año el monopolio de las líneas aéreas portuguesas. El resultado es que las visitas han crecido un 23% y la facturación un 28%, gracias principalmente al turismo alemán. Portugal ha diversificado su turismo: del sol y playa del Algarve, a las hortensias y ballenas de las Azores.

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