Las Bolsas chinas moderan pérdidas ante la promesa de más estímulos

Los analistas descartan que guarden relación con un posible debilitamiento de la economía

La bolsa China vuelve a desplomarseATLAS (atlas)

Las autoridades chinas no lograron este martes devolver la confianza a los millones de pequeños inversores en su país, pero la promesa de más liquidez para mantener a raya los mercados financieros evitó otra jornada negra como la de ayer. El regulador bursátil y el Banco Central de China respondieron rápidamente a las pérdidas históricas del lunes con la promesa de que el suministro de liquidez no se detendrá y que se actuará contra varios casos de venta masiva de títulos.

Antes de la apertura de las Bolsas, el banco central anunció una nueva inyección de 50.000 millones de yuanes (casi 7.300 millones de euros), una cifra comparable a la que desbloqueó a principios de julio en el primer y más largo episodio de esta debacle bursátil. También dejó la puerta abierta a más y mayores estímulos e intentó convencer a los inversores de que los fundamentos de la economía del gigante asiático son sólidos. Pero los parqués vivieron un día más una sesión de infarto: el índice de Shanghái abrió con pérdidas de cerca de 5%, a media mañana llegó a subir casi un 1% y acabó cerrando con una bajada del 1,68%. Shenzhen registró un comportamiento similar y terminó cediendo un 1,41%.

La Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China anunció que está investigando casos de "ventas de acciones masivas" durante la jornada del lunes y que actuará contra estas prácticas, sin dar más detalles. "Por supuesto que vendí muchas acciones, tengo mis clientes y no quiero que pierdan más dinero", asegura un broker que trabaja desde Pekín y que prefiere mantenerse en el anonimato. "Lo que sucedió ayer fue un intento del Gobierno de acabar con parte de los estímulos que sostienen los mercados de forma artificial, pero aún no hay suficiente confianza como para retirarlos y el resultado está a la vista", sostiene. La Bolsa de Shanghái cayó el lunes un 8,48%, su peor jornada desde 2007, y arrastró a la baja la mayoría de parqués de todo el planeta.

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Junto a los principales organismos gubernamentales, los medios de comunicación del país intentaron este martes disipar las dudas sobre la capacidad de Pekín de resolver la crisis bursátil: "Las ventas masivas del lunes fueron esencialmente una corrección espontánea. La caída de las acciones no constituye por sí misma la prueba de que los esfuerzos del Gobierno para detener la desbandada hayan fracasado", decía el editorial del diario chino Global Times.

La sangría bursátil de junio, cuando los dos principales parqués perdieron casi un tercio de su valor en menos de un mes, se frenó con un conjunto de medidas económicas y políticas draconianas como la prohibición de vender títulos a los grandes accionistas de compañías cotizadas o la apertura de una investigación policial contra las prácticas de venta a corto. "Parece que no todo el mundo está cumpliendo las normas", advirtió el lunes la agencia oficial Xinhua.

Las Bolsas chinas están expuestas a una fuerte volatilidad dado que, a diferencia de lo que ocurre en los mercados occidentales, la gran mayoría del volumen de negocio está en manos de pequeños inversores individuales —la mayoría sin conocimientos sobre finanzas— en vez de fondos institucionales. Sus decisiones responden a impulsos y rumores y pocas veces se basan en fundamentos económicos o resultados empresariales. Ante esta circunstancia, algunos expertos descartan que las fuertes caídas se deban a una mayor percepción de un empeoramiento de la segunda economía mundial. El economista jefe de Nomura en China, Yang Zhao, asegura que recientemente "ha habido pocos cambios en los fundamentos de la economía china" y que "si bien algunos indicadores van a la baja, otros muestran que la economía real está mejorando".

Los analistas esperan que el estallido de la burbuja el mes pasado y que ahora continúa tenga un impacto limitado en la economía real debido a que solamente el 4% de la financiación agregada procede de la Bolsa y la riqueza de los hogares chinos que tiene por origen la renta variable supone el 11,7% del total (en Estados Unidos llega al 30%), según datos del banco Credit Suisse. "No creo que los fundamentos económicos se vean afectados por la caída del mercado de valores. Por lo tanto, lo deseable sería dejar que la situación se resolviera por sí sola y no mediante la intervención del Gobierno", asegura Jiang Guohua, profesor la escuela de negocios Guanghua. Ni Pekín ni los inversores parecen considerar esta última opción.

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