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JAVIER SIERRA

Javier Sierra se casa con la literatura que abre el apetito del lector

Fotografía tomada el viernes 25 de octubre de 2013, del escritor español Javier Sierra, en el marco de la 33ª Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), en el Centro Cultural Estación Mapocho, en Santiago de Chile. EFEArchivo Ampliar foto
Fotografía tomada el viernes 25 de octubre de 2013, del escritor español Javier Sierra, en el marco de la 33ª Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), en el Centro Cultural Estación Mapocho, en Santiago de Chile. EFE/Archivo EFE

El escritor español Javier Sierra considera que los buenos libros, más que saciar la sed del lector, son aquellos que le abren nuevos mundos, premisa de la que parte "El maestro del Prado", su más reciente obra, con la que enseña una nueva manera de leer el arte.

"Yo quiero despertar el apetito, no pretendo saciarlo. Los buenos libros, desde mi punto de vista, son aquellos que te abren a nuevos mundos y que te hacen buscar; mis libros hacen eso y yo pretendo que sean así", dijo el escritor en una entrevista con Efe en Bogotá, donde hoy presenta "El maestro del Prado", editada por Planeta.

Esta novela, que parte de una experiencia personal del autor ocurrida en 1990 en una de las salas de la famosa pinacoteca madrileña, revela las claves interpretativas de grandes obras del Renacimiento que se conservan allí.

El encuentro fortuito de Sierra con Luis Fovel, un enigmático personaje que le lleva a descubrir los secretos que esconden pinturas de Rafael, Leonardo da Vinci, Tiziano, El Bosco, El Greco o Brueghel el Viejo, conduce al lector por un camino inexplorado del arte, más allá del estudio de técnicas, materiales, escuelas o biografías de los artistas, relata.

"Estas obras de arte, muy seleccionadas, cumplieron una función especial, no fueron cuadros pintados para decorar ni para recordar a un personaje histórico ni de propaganda religiosa o política, fueron concebidas como ventanas al más allá, para descubrir mundos diferentes, algo muy fascinante que no es lo que nos habían contado en el colegio", dice el autor.

Según Sierra, nacido en Teruel (Aragón, España) en 1971, "El maestro del Prado" trae, de manera premeditada, "una nueva óptica" sobre el arte para crear un mito moderno sobre el Museo del Prado con la agilidad de una novela en un campo en el que prima el ensayo.

Con esta obra de enigma, que él mismo define como "una curiosa mezcla de novela de intriga, de libro de arte, de autobiografía", Sierra se ha convertido en un fenómeno de ventas en España, donde desbancó a la exitosa "Cincuenta sombras de Grey", y el Museo del Prado ha visto surgir un nuevo tipo de público interesado en las pinturas mencionadas en el libro.

En un fenómeno parecido al que ocurrió en el Museo del Louvre con "El código Da Vinci", de Dan Brown, obras del Prado que podían pasar desapercibidas para el gran público, como por ejemplo, "La Gloria" de Tiziano, atraen más la atención de los visitantes, desde que Sierra las escudriñó en su novela.

"Eso a un escritor le tiene que llenar de orgullo porque de alguna manera has invitado a los lectores a descubrir cosas que van más allá de los tópicos del museo del Prado", afirma.

La semejanza termina ahí, porque Sierra, un apasionado desde niño por los relatos enigmáticos, de misterio, aclara que en las historias de Dan Brown "prevalece la ficción sobre los contenidos" con una enorme tensión y "adrenalina pura", mientras que con las suyas lo que busca es que el lector se abra a nuevos horizontes.

"A mí me interesa mucho que el lector esté aprendiendo, que se sienta inquieto y que cuando termine de leer una de mis obras acuda a consultar a la internet, vaya al Museo del Prado, vaya alguno de los escenarios de los que he hablado porque quiere saber más", manifiesta.

Sierra, autor de novelas como "La cena secreta", "El Ángel perdido", "La Dama azul", "Las puertas templarias" o "En busca de la Edad de Oro", define "El maestro del Prado" como "un libro antitópico" que rompe con lo tradicional en este tipo de literatura.

"No hay un asesinato en el museo, no hay un robo de un cuadro, no hay un falsificador, que son los tres grandes tópicos de las novelas de arte, pero es que tampoco es un libro tópico del Prado porque no están las Meninas de Velázquez, no esta Goya", explica el autor, quien en esta novela ha preferido irse "por un vericueto" de la historia.