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La UE ultima el plan de recapitalización de 100.000 millones

La "propuesta de consenso" de los ministros de Economía eleva temporalmente el capital básico de los grandes bancos hasta el 9%

La UE ha dado este sábado otro pequeño paso en su búsqueda por encontrar una solución global a la crisis de la deuda agudizada desde el pasado verano. Los ministros de Economía de los Veintisiete han alcanzado una "propuesta de consenso" para aumentar temporalmente el capital de los bancos hasta el 9%, aunque el acuerdo no tiene el formato de unas "conclusiones" y por tanto no se tiene la intención de hacer público ningún comunicado de los resultados de la reunión. Distintas fuentes estiman que ello implicaría un aumento del capital de determinados bancos en unos 100.000 millones en conjunto.

Las nuevas necesidades de recapitalización de la banca derivan de la depreciación de la deuda pública de Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, en distintas proporciones, en los balances de los bancos europeos. La depreciación oscilaría desde 50% o 60% para Grecia hasta el 5% en Italia y España.

La exposición de los bancos franceses en estos cinco países es de 84.600 millones, la mayor parte correspondiente a Grecia (53.000) millones, según las últimas pruebas de resistencia de la Autoridad Bancaria Europa (ABE) realizadas el pasado julio. En el caso de Alemania la exposición total es de 67.900 millones, de los que 36.800 corresponden a Grecia. En los bancos españoles la mayor exposición se concentra en la deuda nacional (231.700 millones), lo mismos que el riesgo de las entidades italianas se concentra en los bonos de su país (164.000 millones).

España, Italia y Portugal han mostrado reticencias a esta propuesta de consenso, al considerar excesivo ese colchón del 9% de capital sobre sus activos totales. En el caso español, además, la oposición es doble: la definición de capital de máxima calidad no incluiría las provisiones genéricas, una especie de fondo de reserva que se amasa en los tiempos de bonanza para resistir mejor las crisis. La exclusión de dichas provisiones perjudica a la gran banca española, que se ha opuesto con fiereza a la recapitalización durante los últimos días.

Pero las negociaciones están plagadas de incógnitas. En el caso de España, lo paradójico es que el Gobierno y el supervisor bancario han exigido al sistema financiero ratios de capital del 8% al 10%, cifras muy cercanas a ese 9% que ahora reclama Europa. Y en el caso de Portugal, la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) exigirá en 2012 a Lisboa cifras de capital del 10% a cambio del rescate.

Lo que busca la UE es calmar a los mercados en un momento en el que los problemas de la deuda pública han degenerado, una vez más, en problemas del sector financiero, que tiene grandes cantidades de bonos públicos -hasta hace poco, considerados los activos más seguros- en los balances. Pero no está claro que con 100.000 millones los mercados se den por satisfechos.

La recapitalización es más suave que la prevista (se especulaba con cifras de 200.000 millones y de hasta 300.000 millones) y tal vez llega muy tarde. Si la falta de capital en la banca es el problema, con esa cifra no se va a solucionar. Y si la razón de que esa cifra sea finalmente más reducida es que perjudica al crecimiento, sería mejor no reclamar a los bancos un incremento de sus colchones de capital en este momento. "Europa vuelve a correr el riesgo de quedarse en tierra de nadie, como le viene pasando en los últimos cuatro años con todo lo relativo a la gestión de la crisis", explica Alfonso García Mora, de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

La recapitalización de la banca está íntimamente relacionada con la quita que se imponga finalmente a la deuda griega (se especula con cifras que van del 50% al 60%, frente al 21% pactado hace solo tres meses), y sobre todo con el recorte aplicado a otros países. La EBA podría aplicar recortes contables de en torno a un 40% para Irlanda y Portugal, y del 5% para la deuda española e italiana. Las necesidades de capital de los bancos están vinculadas a esos recortes: a cuantos más países se les apliquen los ajustes, más capital tendrán que levantar los bancos. La vicepresidenta española, Elena Salgado, explicó que el objetivo es que las grandes entidades capten esos fondos en los mercados y no acudan a dinero público, a través del fondo de rescate bancario español (FROB). Pero ese extremo, como casi todo, está en el alero.

Todo sigue condicionado a un acuerdo global sobre los otros dos asuntos claves: aprobar un segundo plan de ayuda para Grecia, con más fondos públicos y mayores sacrificios para la banca de los previstos en julio y el aumento de la potencia de fuego del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). La discusión de estos asuntos se inició en una reunión a alto nivel esta noche en la que participan la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés Nicolás Sarkozy, los presidentes de la Comisión Europea, José Manuel Barroso; Consejo Europeo, Herman van Rompuy, Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

Las dificultades para alcanzar un acuerdo se agravan por la aparición de nuevas tensiones entre los 17 países del Eurogrupo y los otros 10 miembros de la UE que no tienen el euro como moneda y temen verse desplazados de las decisiones importantes, pero afectados por sus consecuencias.

En este sentido el canciller del Exchequer, George Osborne, ha manifestado que "la crisis de la zona euro es un peligro real para todas las economías europeas, incluyendo la británica". Los crecientes temores de los diez países que no pertenecen a la moneda única a quedarse descolgados en la rápida evolución hacia una mayor integración de los Diecisiete de la eurozona se plasmaron ayer en una propuesta para someter esos avances a la aprobación de los Veintisiete.

La iniciativa del Reino Unido, la República Checa y Suecia fue acogida con frialdad por los demás, pero no tanto como para crear tensiones adicionales, que es lo último que ahora necesita la UE. De modo que esa idea de ejercer cierta tutela externa quedará reducida a buscar el medio de articular la relación entre los Diez y los Diecisiete, tal y como recogerán las conclusiones del Consejo Europeo de hoy.