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La crisis del euro

El BCE abre la puerta a ampliar el fondo de emergencia de la UE para calmar a los mercados

El alemán Weber, máximo aspirante para suceder a Trichet, justifica la medida en la necesidad de garantizar el futuro del euro.- Los inversores temen que los 750.000 millones no sean suficientes si Portugal o España piden un rescate

Axel Weber, miembro del consejo del Banco Central Europeo, ha afirmado hoy que el multimillonario fondo de emergencia al que va a recurrir Irlanda para reflotar a su sector financiero y superar sus problemas de deuda, podría ampliarse si se necesita reforzar la confianza en los mercados financieros. "Los 750.000 millones -que se compone este fondo- deberían ser suficientes para tranquilizar a los inversores, pero en caso de que no sea así, se tendrá que aumentar hasta que lo logre", afirmó ayer en París el también director del Bundesbank -banco central alemán-.

Con estas palabras, Weber, máximo aspirante para suceder al francés Jean-Claude Trichet al frente del instituto emisor europeo, ha salido al paso de las dudas aparecidas en el mercado ante el temor a que un eventual empeoramiento de la crisis fiscal del euro fuerza a otros países, principalmente Portugal y, a continuación, España, a solicitar el rescate de sus socios comunitarios y el FMI, que también participa en el fondo. Si esto llega a suceder, sobre todo en caso de que sea España la que tenga que ser auxiliada, los cálculos que manejan los analistas apuntan a que no habría dinero suficiente para todos. Pero, en opinión de Weber, esto no debe ocurrir ya que los gobiernos de los países que comparten la moneda única "harán aquello que sea necesario para defender al euro". Eso sí, ha insistido en la postura defendida por la canciller alemana, Angela Merkel, de que a partir de 2013, cuando caduca el mecanismo actual y se el Fondo se convierta en permanente, el sector privado, es decir los bancos, deberían asumir parte de los rescates renunciando a cobrar el 100% de los intereses comprometidos por los países que necesiten ayuda. Ni que decir tiene que la idea genera mucho recelo en los mercados financieros.

Aunque el anuncio de Weber pretendía rebajar las tensiones en los mercados de deuda al asegurar el compromiso de los Estados miembros por la supervivencia de la moneda europea, no ha tenido mucho éxito, ya que la prima de riesgo española ha vuelto a marcar un nuevo máximo histórico al tocar los 250 puntos básicos.

Aviso del 'WSJ'

Entre las noticias que han disparado las alarmas, el Wall Street Journal publica hoy que el dinero disponible en el fondo no son los 750.000 millones de los que habla Weber. El rotativo afirma que la UE, que según los estatutos con los que fue creado el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF, por sus siglas en inglés) aporta 500.000 millones entre la Comisión y los países, en realidad solo puede aportar 310.000 millones. De ellos, los 60.000 que da Bruselas están asegurados porque ya están presupuestados. Los problemas empiezan con los 440.000 millones que corresponden a los Estados. Una vez descontada la ayuda a Irlanda, que a su vez no podrá liberar fondos para futuros rescates, y teniendo en cuenta que los países tienen que aportar activos de máxima calidad (triple A), lo que les obliga a reservar en efectivo un 40% de la cantidad emitida, el montante baja a 250.000 millones. En cuanto al dinero del FMI, en teoría otros 250.000 millones, el WSJ recuerda que las ayudas deben ser aprobadas de forma individual por los países miembros, lo que introduce la posibilidad, aunque remota, de que alguno rechace participar en el rescate.

El refuerzo del mecanismo de ayuda, que funciona como una red de seguridad y que está a disposición de los países para casos de emergencia si el coste de financiarse en los mercados alcanza niveles insostenibles, demostraría que "cualquier ataque contra el euro no tienen ninguna posibilidad de éxito", ha justificado Weber, considerado como un halcón de la ortodoxia -cuya traducción es que se opone por sistema a todo aumento del gasto público, lo que da más relevancia a sus declaraciones-. Aunque ha sido él el primero en abrir la puerta a un aumento del volumen del fondo, quien tiene la última decisión son los países de la UE. El BCE, que dentro de sus funciones la principal acción que ha tomado para atajar las turbulencias ha sido la compra de bonos de los países implicados y prolongar las medidas extraordinarias de liquidez, solo lo gestiona y lo aplica junto al Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea.

Ataque frontal contra el euro

Tras el acoso contra los países de la Unión Monetaria con más problemas de déficit y deuda, los más agoreros advierten de que se esconde un ataque frontal contra la propia divisa que está aprovechando el principal punto débil de la eurozona: no contar con un gobierno económico común y las dificultades aparecidas a la hora de coordinar las voluntades e intereses de los Dieciséis países que la forman.

El fondo fue creado en junio después de que la UE y el FMI aprobasen el rescate de 110.000 millones de Grecia con el objetivo de evitar futuras crisis y para los pies al acoso de los mercados. Su funcionamiento es simple. Si uno de los Estados del euro, que continuamente están acudiendo al mercado a captar fondos para pagar los periódicos vencimientos de su deuda, no logra financiarse a través del método tradicional de vender bonos o letras porque los inversores no se fían de que pueda devolverlo, puede pedírselo al EFSF pagando intereses, ya que son créditos. A cambio, deberá emprender duras medidas de ajuste supervisadas por el FMI y la UE, pero al menos tendrá con qué pagar a sus acreedores.

Pero este instrumento, calificado en su día como un bazocca contra los especuladores ya que disipaba el riesgo de un impago, ha perdido poder de disuasión, tal y como ha quedado demostrado durante la última semana. Pese al rescate de Irlanda, que negocia con el Fondo y Bruselas una ayuda de 85.000 millones y prepara drásticos recortes de gasto, no se ha evitado el contagio de los problemas a Portugal o España, y los inversores han trasladado la presión hacia Lisboa o Madrid. La clave es que seguirán empujando a la deuda de estos dos Estados hasta averiguar cuál es el límite de la capacidad de sufrimiento del euro y de sus respectivos Gobiernos. Pero ahora, si el anuncio de Weber acaba por hacerse realidad, los Estados y su divisa tendrán a su disposición más morfina con la que hacer frente al dolor.