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COLUMNA

La nave de los locos

Al leer algunos documentos del caso Nóos se tiene la impresión de asistir a un remake de la famosa escena en que Orson Welles explica a Cotten el porqué de sus actividades delictivas, mientras ambos giran en la noria del Prater. ¿Qué importaba la destrucción de aquellos hombres que vistos desde lo alto se convertían en insectos? ¿Por qué iba a atender a consideraciones morales? En nuestro episodio, ¿por qué no aprovechar que la desahuciada de una casa tenía un sueldo fijo para descontarle sobre él los alquileres impagados? A la pregunta del diligente contable, el señor de lo alto responde con un escueto "OK". Y sobre todo, ¿por qué no aprovechar las carencias de los discapacitados, comparables al hambre de penicilina del Tercer hombre, para montar una falsa ONG dedicada a la desviación masiva de fondos? Cualquiera que sea el resultado del procedimiento judicial, los datos disponibles denuncian algo más que un fructífero ejercicio de enriquecimiento a favor de una posición privilegiada. Denotan una radical deshumanización.

Nuestra contrarreforma económica no apunta a una línea constructiva como el plan de Monti

Otros episodios recientes de corrupción económica, como el not guilty de Camps en el caso Gürtel prueban además que de la justicia española no cabe esperar demasiado. A pesar de lo que sugieren documentos con su firma, el fiscal renuncia a investigar la posible implicación de una Infanta. Volviendo al símil de los dos cuerpos del Rey, el cuerpo institucional interfiere con su carga simbólica para bloquear posibles acciones jurídicas realizadas. Ley de Orwell: ante la ley todos son iguales, pero hay unos más iguales que otros. Parece no importar la erosión causada a la Corona, más aún cuando la cascada de datos filtrados ensombrece la actuación del Monarca, al haberse limitado a ordenar el alejamiento de quien emitía tan contundentes señales -Pedralbes- de uso fraudulento de su posición

La significación general de cuanto sucede adquiriría perfiles precisos si el círculo se cierra de acuerdo con la información proporcionada por Pilar Urbano, en el sentido de que será Adolfo Prego, exjuez del Supremo, vuelto a la abogacía, quien se encargue de coordinar la defensa de nuestro alto personaje. Como juez, Prego desempeñó un papel crucial en el procesamiento de Baltasar Garzón por el auto para investigar sobre las víctimas del franquismo. Es un hombre de ideología bien demostrada, miembro de la Hermandad del Valle de los Caídos, dirigente de DENAES. Las piezas encajarían: neofranquismo contra democracia, defensa de comportamientos habituales en el Antiguo Régimen, eliminación de todo intento de colocar en su sitio a la dictadura como régimen producto de un genocidio.

Y no son simples trayectorias individuales, con una impresionante cohesión interna, del juez Prego o del juez Varela, en el curso del caso Garzón. La maquinaria de comunicación dominada por el PP se mueve al unísono en ese marco de vinculaciones. Recordemos el programa de Telemadrid sobre los ERE del Gobierno andaluz, seguramente merecedores de sanción y condena, pero entregados al juicio de personas como Miguel Bernad, de Manos Limpias, franquista confeso, y para el veredicto final nada menos que a Julián Muñoz, el exalcalde de Marbella. Contra Garzón, ferocidad permanente, en todos los medios del partido. Ahora, exaltación de Camps, ignorando los datos que siguen ahí, por mucho que el político saliese con bien del juicio. En conjunto, escaso parecido con otros partidos conservadores europeos.

Así no cabe esperar del Gobierno de Rajoy la imprescindible elaboración de un libro blanco (o negro) sobre las irracionalidades, bien reales ellas, socialistas o populares, que agudizaron los efectos del malgobierno: la España de los 48 aeropuertos, el AVE a Cuenca, la primacía en líneas de alta velocidad sin conectar con frontera alguna, el palacio de la cultura en Santiago. Seguiremos como en la nave de los locos de Sebastian Brandt y Durero, apiñados en un barco que navega sin rumbo. O que cuando lo toma, como en el caso de las reformas de Gallardón, es para retroceder al pasado, con la cadena perpetua y la restricción del aborto. Nada en nuestra contrarreforma económica apunta a una dimensión constructiva como intenta el plan de Monti.

Entre tanto, "la unidad" va a imponerse en el PSOE con un Rubalcaba tan firme al controlar como incapaz de diseñar una alternativa. El preciso plan de reformas por la justicia fiscal del candidato socialista francés Hollande nos lo recuerda. Cuando Cristina Narbona habló de corrupción tolerada en el PSOE, Rubalcaba se desmarcó: la había denunciado, "ganándose buenas broncas". Genial. Viajaba también en una nave sin rumbo; nada presagia una rectificación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de enero de 2012