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Necrológica:

Manuel Bethencourt, un obrero canario de la escultura

El escultor canario Manuel Bethencourt Santana falleció el lunes en Santa Cruz de Tenerife a los 80 años, después de haber dedicado 60 años de su vida a la creación y a la docencia. Su trayectoria intelectual y personal hicieron de él uno de los artistas más queridos de la cultura canaria contemporánea, un creador humilde y discreto que posiblemente impidió que su obra tuviera una mayor proyección internacional.

Nacido en La Habana en 1931, donde emigraron sus padres originarios del municipio grancanario de Telde, regresó a España en 1948, año en el que ingresó en la Academia Municipal de Las Palmas de Gran Canaria, donde tuvo como maestro al escultor Abraham Cárdenes. Después se trasladaría a Madrid, donde estudia dibujo en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y se licenció en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense (1950- 1955). Tras residir algunos años en Guinea Ecuatorial, entonces colonia española, ganaría en 1965 una plaza de pensionado en la Academia de Bellas Artes de Roma. Trabajó durante tres años en Italia, donde obtuvo el Gran Premio Roma de Escultura en 1968, una etapa que a juicio del crítico y poeta Lázaro Santana "es la mejor de su escultura".

De vuelta a Canarias a finales de los sesenta, recibió el Premio Nacional de Escultura en 1970 casi coincidiendo con su doctorado en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna, donde comenzó su larga trayectoria como docente. Pero nunca abandonó su trabajo artístico ("Estoy seguro de dos cosas: no soy un genio, pero sí un obrero de la escultura", solía decir), que se mostró en centenares de exposiciones individuales y colectivas. Las monumentales Atis Tirma y Coraje, en homenaje a los isleños que rechazaron en 1797 el ataque del almirante inglés Nelson, son sus obras más conocidas. Por su trayectoria artística recibió el Premio Canarias de Bellas Artes de 2008, la máxima distinción que concede el Gobierno de Canarias a través de un jurado, y la medalla de oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 2010.

Versátil tanto por los materiales que empleaba (bronce, mármol, madera o piedra) como por sus concepciones estéticas que presidían su trabajo, las esculturas de Bethencourt figuran en fondo del Museo Reina Sofía de Madrid, además de otros museos regionales e innumerables colecciones privadas. Desde que se liberó del carácter realista de sus primeras esculturas su obra ganó en intensidad y dramatismo.

Los que conocieron al artista, que tenía más pinta de agricultor -como su padre y su abuelo- que de escultor, lo recordarán siempre huyendo de agasajos y homenajes debido a su timidez. Un hombre humilde que fue despedido el martes con el sincero y cariñoso adiós de los que fueron sus amigos y alumnos en Santa Lastenia, donde fue incinerado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de enero de 2012