EL CHARCO | FÚTBOL | 19ª jornada de LigaColumna
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El origen

La semana pasada, después de la entrega del Balón de Oro, leía las crónicas en Internet cuando, inesperadamente, me encontré con un foro de fans; cientos de comentarios se sucedían sin formar un diálogo. Uno de ellos, que discutía sobre la insuficiencia de los adjetivos, traía este enlace: https://mimesis/24.6.87/tempus.est.quaedam.pars.aeterniatem/#!/. Al abrirlo, después de unas imágenes, apareció un escrito. Lo reproduzco textualmente.

-¿No cree que el fútbol se ha vuelto más previsible, más estructurado? Temo que, en el futuro, defraude las expectativas..., que la gente deserte por el tedio.

-Entiendo tu desasosiego, solo hay una cosa más desalentadora que el aburrimiento: la anticipación del aburrimiento.

Algunos ignoran que la razón por la que existe este juego fue la de introducir, simbólicamente, la arbitrariedad

-Quizá los responsables sean los entrenadores... Siempre especulando. Han perfeccionado tanto el método para repeler ataques que algún día los resultados se van a saber antes de que comiencen los partidos.

-¡Ah, sí! Los expertos en la mecanización. Conozco algunos, están empeñados en evitar lo inevitable. Repiten, porque creen que la repetición los hace libres, que de esa forma escapan de los designios del azar. Ignoran que la razón por la que existe este juego fue la de introducir, simbólicamente, la arbitrariedad. Para que se apasionen, que rían y lloren, que aviven esperanzas y sufran desilusiones, que recorran todas las emociones humanas y que, a la vez, les sirva de espejo.

-Pero si los entrenadores siguen avanzando, si todo el tiempo se repiten y perfeccionan los mismos mecanismos y un día logran desentrañar los valores absolutos de todas las variables, regirá el orden. Nos quedaríamos sin esa parábola, tendríamos que inventar otra.

-Eso no sucederá nunca. Siempre habrá victorias del más débil, derrotas del más fuerte e injustos empates sobre la hora. Siempre habrá goles imposibles, mágicos e inmerecidos y otros, justos y válidos, serán anulados. Recuerda que el pestañeo de un juez de línea en Corea puede desatar un huracán en España.

-Sí... pero... mientras tanto, caminan convencidos en su cruzada contra lo indeterminado, resueltos en poner orden a la incertidumbre. De lograrlo, alguien podría comparar la precisa organización de los sistemas con el movimiento perfecto de los astros. Se podría preguntar: "Si un entrenador es capaz de conocer todas las leyes naturales que gobiernan un 4-4-2 sería capaz de prever todas las eventualidades... ¿Cómo afirmar luego que una inteligencia divina rige un orden superior en el universo?". Su existencia sería superflua.

-Quizá tengas razón, pero no por todo eso que dices, quizá se necesite un cambio para que no se me aburra el personal... La introducción de un factor de desequilibrio, por ejemplo. Un elemento de distorsión que convierta a los mejores estrategas en ajedrecistas sin dama; una pieza que represente lo inasible, que sea el error de cálculo del atrevido y, a la vez, el macetazo en la cabeza del prudente. En fin, algo que vuelva a humanizarlos...

-¡Un futbolista!

-¿Otro? ¿Y qué pasó con el último que pediste? Recuerdo haberle dado el don de la gracia y la plasticidad, para que fuera único... y después, claro, esa gambeta...

-Sí, lo sé, estuviste inspirado pero acaba de delatar públicamente tu ayuda, la mano de Dios, dijo. Además, la habilidad y la plasticidad no serán suficientes... En veinte años necesitaremos algo diferente. El fútbol está cambiando demasiado y todo será cada vez más físico, más rápido.

-¿Más físico y más rápido dices...? Deja que me ponga creativo... A ver, cada vez que este jugador toque el balón el tiempo atenuará su flujo. El universo sucederá ligeramente más despacio, excepto para él, que se moverá dentro del tiempo como si este tuviera propiedades elásticas. Sus segundos serán más largos que los segundos del resto o, mejor dicho, contará con mayor tiempo dentro de un segundo que lo que dura ese mismo segundo para los demás mortales. ¡Nos divertiremos mucho! ¿Has entendido?

-Bueno, más o menos... ¿Y el nombre? ¿Cómo se llamará?

-No sé, de eso encárgate tú. Pero que nazca en Argentina, así no levanta sospechas.

-Un mesías de Argentina, ok, algo se me va a ocurrir. Ya mismo me encargo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 16 de enero de 2012.

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