Reportaje:EXTRAÑOS EN LA GRADA | JORDI ÉVOLE | FUERA DE JUEGO

"Soy más 'pepista' que el Pep"

A Jordi Évole lo entrevistó el equipo de Andreu Buenafuente para que ocupara un puesto de guionista. El que luego sería quien armara el follón (era El Follonero) desde el graderío del programa del famoso presentador catalán, le dijo tímidamente a su entrevistador:

-¿Escribir? Bueno, yo serviría para dar algunas ideas.

Aún así, entró en el equipo; un día a José Corbacho se le ocurrió un gag (que alguien, desde el lugar del público, le afeara algo a Andreu), y al final fue El Follonero el que fue conminado a ejercer esa labor. Un drama para un tímido.

Y de ahí nació una de las personalidades más frescas y más populares de la penúltima televisión (quién sabe qué será la última televisión). Ha ganado un premio Ondas (y puso de moda las croquetas de su suegra) con su programa Salvados (La Sexta) y ha dado carta de naturaleza a una personalidad que ya se asocia a Évole, casi tan solo, aunque El Follonero siga siendo parte de su carácter.

Con este hombre hablamos del otro graderío en el que se ha formado, el graderío del Barça, al que está aferrado con un entusiasmo que es un alto porcentaje de su naturaleza. Pero lo que de veras le emociona ahora, aparte de los colores, es lo que Guardiola ha hecho por levantar el equipo a la estatura que tiene. "Y es que yo soy más pepista que el Pep".

Acaba de venir del gimnasio. "Pero, acláralo, que si no la gente va a tener otra opinión de mí: es la segunda vez que voy al gimnasio. ¡A ver si aguanto!". Y aún no se ha disputado el partido Barça-Osasuna de la Copa, que sería esa noche [4-0]. Pero ese enfrentamiento tiene un alto significado sentimental para Jordi Évole. "Un Barça-Osasuna fue mi primer partido en el Camp Nou. Ganó el Barça por 2-0, pero como le anularon dos goles yo dije en el colegio que habían quedado 4-0, y así sigue ese resultado en mi cabeza. Lo vi desde el gol sur, tras la portería, y eran los tiempos de Schuster, con Udo Lattek como entrenador...".

Eran tiempos de miseria barcelonista. "Era época en que no ganábamos nada y aprendíamos a ser víctimas. Hasta que vino Cruyff de entrenador y entonces nos acostumbramos a las mieles... Pero yo me hice del Barça con aquel equipo mediocre que incrustó en el ADN culé el pesimismo activo del culerismo".

Ahora la gente como Évole vive otros tiempos, "en medio de la belleza y la alegría, conscientes de que esto va a pasar, pero saboreando algo ejemplar: el fútbol como juego de equipo, un espectáculo en el que la organización del juego trasciende lo futbolístico". "¿No te parece? Y eso es lo que me ha hecho más pepista que Pep Guardiola", añade.

La fe mueve montañas... hacia atrás. Y esa fe le ha llevado a Évole, barcelonés de 37 años, a una vieja fotografía (de 16 de mayo de 1992) en la que se le ve al lado de su ídolo máximo; "yo era un crío, tenía 17 años, me acerqué a Pep, le dije que si podría posar conmigo, y hace algún tiempo me encontré con esa fotografía. Y es emocionante la foto, porque si te fijas está firmada por él cuatro días antes de que él y el Barça ganaran la primera Champions en Wembley".

¿Devoción? No, no es devoción, no le gusta la palabra. "A Pep le tengo lealtad y cariño, y eso viene de muy atrás. Es el primer gran ejemplo de un chaval de la cantera que se cría viendo el campo de juego y llega, al término de su carrera, a ser el primer entrenador que es, además, aficionado al equipo".

Otros valores tiene Guardiola para que ocupe ese trono en los sueños culés de Jordi Évole. "Le gustan los valores del deporte, y según me explican amigos, el tipo se sienta a cenar y enseguida se pone a jugar con las tazas y con las cucharas para explicarte las tácticas que practica, para reproducir partidos que ha visto. Qué tipo más auténtico, ¿no te parece?".

"Y además", dice el pepista Évole, "Pep tiene algo que a los culés nos encanta: que sabe cuáles son nuestros fantasmas, y los alimenta con mimo. Él sabe que nosotros estamos obsesionados ante la perspectiva de que esto no dure; sabe, además, que cualquier día el famoso entorno se revuelve, y es consciente de que la culerada tiene miedo, y en lugar de avergonzarnos por ello nos estimula a dudar, pues en la duda está el núcleo duro de la alegría por el triunfo. ¡Es el pastor perfecto para estas ovejas que estábamos un poco descarriadas!".

¿Lo harán santo? A Évole eso le asusta, que Pep sienta un día que lo santifican; "él se previene contra eso, se ve que le molesta. Por eso, en cierto modo, muestra esa duda metódica que nos lleva a pensar, con razón, que cuando se pierda no pasará nada, nada es eterno. La derrota es una cuestión natural".

Antes de Pep, por supuesto, el culé Évole tuvo otras pasiones. "La primera, aquel futbolista pequeñito y revoltoso en el área, Alan Simonsen, a quien Joaquim Maria Puyal quería tanto en las retransmisiones... Le cogí muchísimo cariño; no era un fuera de serie, pero nos caía tan bien... Se fue cuando llegó Maradona, que aquí inauguró el merchandising pero no se dejó el alma. El alma le renació en Nápoles... Y me gustaba Julio Alberto, que padeció tanto de su mala fortuna. ¡Pero un día dijo que si le metía un gol al Juventus se tiraba al foso! ¡Y marcó gol, tío, marcó gol!".

Era un Barça más épico, este es un Barça más alegre. En los dos ha estado Évole, casi siempre gritando a favor de Pep Guardiola.

TOMÁS ONDARRA
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