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Reportaje:diseño

El paisaje como asignatura

El campus As Lagoas de la Universidad de Vigo crece con dos edificios naturalistas de Alfonso Penela

A 10 kilómetros del centro urbano, el campus As Lagoas-Marcosende de la Universidad de Vigo concentra una de las más notables muestras de arquitectura española reciente. Coronado por el rectorado y el aulario de Enric Miralles, edificios póstumos que conservan el trazo caligráfico y topográfico del desaparecido arquitecto catalán, y salpicado de obras de Alberto Noguerol o César Portela, lo más sorprendente es que el campus nunca ha dejado de ser montaña. Y así, como propuso Miralles, los edificios están hoy desperdigados por un paisaje que se usa para obtener de él silencio, concentración o vistas.

Es cierto que la circulación por los senderos que conectan los dormitorios y las facultades no es la más cómoda. También que, entre las propuestas para facilitar esos desplazamientos, existe incluso un proyecto de pasarelas elevadas firmadas por el Pritzker Paulo Mendes da Rocha para uniformizar la cota de todo el campus. Con todo, son los desniveles lo que ha permitido jugar con las laderas del monte y la profundidad del valle, de manera que hoy el campus sea, por encima de una concentración de facultades, un lugar.

Dos nuevos edificios de Alfonso Penela (1955), el arquitecto que levantara la primera facultad de Económicas y Empresariales en 1995, irrumpen ahora en el paisaje con idéntica voluntad de no ocuparlo. De hormigón y acero, y de aluminio y vidrio, respectivamente, el MTI y el CITEXVI consolidan la Ciudad Tecnológica de Vigo, un espacio para la investigación en la parte baja del área universitaria.

Penela habla de ambos inmuebles como de "paquebotes con sus bodegas a la espera de cargar". Y es cierto que la arquitectura de los nuevos edificios tiene como identidad la flexibilidad necesaria hoy en las cambiantes instalaciones de la universidad.

El arquitecto podría contar su trayectoria profesional y vital caminando por el campus. Suyo fue el primer rectorado, que mira con recogimiento al derroche plástico de Miralles. Suya es la notable Facultad de Económicas, que, con resolución nórdica, es capaz de encerrar el buen tiempo y la luz del sol en medio del aguacero gallego. A lo largo de los años, Penela ha ido sembrando de inmuebles el monte verde en el que, más allá de la arquitectura, el clima doma el paisaje. El campus es así un lugar fructífero y frondoso. Por eso tantos edificios se empeñan en pisarlo sin dañarlo.

Los dos prismas de hormigón del expresivo edificio MTI ideado por Penela se miran desde su punto de unión, el eje de comunicaciones y verticales. Uno de ellos se apoya sobre el terreno y ofrece paneles fotovoltaicos al sur. El otro está sobreelevado, para liberar el paisaje. Su fachada sur es un laboratorio para estudiar energías alternativas.

El otro nuevo edificio, el CITEXVI, es sutil e indefinido, un gran prisma pensado para sobrevivir el cambio -de inquilinos- y modulado para aceptar las alteraciones de distribuciones y usos. Pero, incluso en un inmueble de geometría nítida, también la planta baja busca liberar el terreno, porque es transparente y permite atravesarlo con la vista. Forrado de bandejas de deployé que unifican el volumen y generan intimidad, la cubierta es un gran diente de sierra que llena de luz las zonas de trabajo y el gran espacio central de triple altura al que miran los despachos. Topográficos o livianos, expresivos o construidos en seco, los nuevos inmuebles del campus de Vigo siguen construyendo un lugar cada vez más denso pero que, por fortuna, no ha dejado de ser una montaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de enero de 2012