El libro recortado
Lorca le dijo un día a su amigo Miguel Hernández que los libros de poesía iban despacio. Ahora van despacio, según cómo, casi todos los libros, incluidos los de contabilidad. Para acelerar el paso, quizá, el Gobierno que acaba de estrenarse ha decidido recortar también lo más simbólico de lo que tenía la Administración en relación con el Libro, la vieja dirección general que a lo largo del tiempo tuvo a su frente a gente tan diversa, y tan valiosa, como Jaime Salinas, Federico Ibáñez o Fernando Rodríguez Lafuente. Pues ya no existe. Se acabó. Ahora la Dirección General del Libro, de la que partían iniciativas criticadas o plausibles, pero que estaba ahí como un dique al que se aferraban editores, libreros y autores en tiempos de grave penuria, es un eslabón más chico, un eslaboncito.
¿Por qué? Porque se está reorganizando el gobierno de la cultura; para empezar, juntaron Educación y Cultura, bajo la cúpula promisoria de José Ignacio Wert, y pusieron el segundo escalón en manos de un hombre también versado, José María Lassalle. Y cuando miraron hacia abajo debieron de decir: demasiado para el libro, y lo han recortado.
Ahora (ante la atolondrada satisfacción de algún apresurado y la estupefacción de la mayoría) ya no existe ese departamento del que depende la programación de una defensa industrial y cultural del libro en unos tiempos en que, más que en la época de los libros lentos de García Lorca y de Miguel Hernández, a la cultura escrita le suceden desafíos al minuto. No se trata de defender determinados organigramas, que cada Gobierno es muy dueño de someter a sus propios criterios; pero sí tiene derecho la gente del libro, que es mucha y muy preocupada, y también muy decisiva en el universo de la cultura española, a reclamar ante el carácter metafórico del recorte.
Es probable, como se ha dicho, que la industria del libro haya encontrado aquí, en este desfile de recortables, el acomodo adecuado para el libro del futuro. Ojalá. Pero algo es cierto: podían haber buscado un símbolo más adecuado para decir que les importa el libro.
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