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Crítica:EN PORTADA

Quiero saber cómo se hace

Cuenta Philippe Soupault que todos los días bajaba de su casa al café para escribir y que todos los días, desde otra mesa, un hombre lo observaba. Cierta vez, harto de ser el foco de tanta atención, Soupault lo increpó: "Pero usted ¿por qué me observa?". El hombre le contestó: "Quiero saber cómo se hace". Desde una lejana primera tarde en la que ciertas tablillas de arcilla ofrecieron a un público inédito las aventuras del rey Gilgamesh, los lectores quisieron saber "cómo se hace": cómo se vuelve verosímil una ficción, cómo cobra vida un personaje, cómo un conjunto de inánimes signos en una página puede transmitirnos, de generación en generación, toda la valentía de Alonso Quijano y toda la pasión de Ana Karenina. A los lectores no nos basta creer en el acto de magia: queremos saber cómo logra el mago sacar palomas de un sombrero vacío y aserrar por la mitad a una hermosa señorita. Desde Aristóteles en adelante, los escritores han intentado responder a esa imposible pregunta. Ahora, cuatro contemporáneos, desde puntos de vista diferentes y con argumentos acaso contradictorios, pretenden ofrecer a sus lectores una visita guiada detrás de las bambalinas.

El premio Nobel Orhan Pamuk, el filósofo lector Charles Dantzig, el novelista Jorge Volpi, el erudito Umberto Eco proponen en estos cuatro libros sus respuestas. El novelista ingenuo y el sentimental de Orhan Pamuk, libro basado en una serie de conferencias dictadas en la Universidad de Harvard, es menos un ars poetica que una confesión de gustos en la que Pamuk revela sus inclinaciones de lector y de escritor. Apoyándose en una distinción sugerida por Friedrich Schiller a fines del siglo dieciocho, entre la poesía ingenua y la sentimental (donde "ingenua" significa "espontánea, natural" y "sentimental" equivale a "emotivo, reflexivo") Pamuk analiza los efectos que la lectura de una novela produce en un público forzado a soportar la tensión entre las dos categorías de Schiller, sin inclinarse absolutamente ni por la una ni por la otra. Según Pamuk, tanto los lectores "completamente ingenuos", para quienes la ficción es equivalente a la vida, como los "completamente sentimentales", para quienes toda novela es una construcción cerebral y falsificada, son "inmunes a la dicha de leer novelas". Pamuk propone en cambio una suerte de trato entre escritor y lector en el que, como quería Coleridge, el lector promete "la suspensión voluntaria de la incredulidad" y el escritor, también según Coleridge, "dotar del encanto de la novedad a los hechos de la vida cotidiana, y fomentar un sentimiento semejante a lo sobrenatural".

¿Por qué leer? de Charles Dantzig es otra confesión de gustos, menos pedagógica que la de Pamuk. Dantzig, apasionado lector cuya fe en el libro fue revelada en Una librería me salvó la vida, arma aquí una antología de formas y razones de lecturas, muchas originales y certeras, unas pocas disparatadas, algunas arbitrarias, todas interesantes. Empezando por el estribillo que todo joven lector empedernido ha escuchado alguna vez "¡ve a jugar al jardín!", Dantzig traza el fragmentario retrato del lector rebelde, amoroso, incauto, enfurecido, tenaz. "Leer", dice, "es mucho más interesante que entretenerse", distinción fundamental entre "leer" y "leer", entre descifrar El código Da Vinci y recorrer Madame Bovary. Para los verdaderos lectores, ¿Por qué leer? será un cuestionario al cual cada uno responderá a su manera. Dantzig no propone un recetario sino un catálogo de ejemplos que, en su rol de lector particular, ofrece como posible modelo a sus congéneres.

En Leer la mente, Jorge Volpi, destacado novelista y agudo ensayista, intenta responder a la pregunta de "¿cómo se hace?" desde un punto de vista fisiológico, desde el interior del cerebro del novelista y del lector. Habiendo recorrido con merecida admiración las obras de Douglas Hofstadter, Daniel Dennett, Richard Dawkins, António Damásio y otros científicos, Volpi propone a los lectores un resumen comentado de sus observaciones. Exploramos así, guiados por Volpi, nuestro propio cerebro y sus partes constituyentes: la función de los misteriosos memes, ideas o símbolos que modifican a nuestros genes; las neuronas canónicas que codifican en abstracto los objetos que observamos, sin tomar en cuenta sus cualidades subjetivas; las neuronas espejo que nos llevan a imitar las conductas que observamos y gracias a las cuales "se ha corroborado una intuición ancestral: leer una novela es como habitar el mundo". Volpi, como Pamuk y Dantzig, concluye con una sentida oposición entre mera distracción y el arte literario: "La literatura no sirve para entretenernos ni para embelesarnos. La literatura nos hace humanos".

Como Pamuk, el libro de Umberto Eco Confesiones de un joven novelista es el resultado de unas conferencias dictadas en Harvard. De los cuatro libros aquí reseñados, es el más personal y, paradójicamente, el menos íntimo. Eco filólogo analiza aquí a Eco novelista en un tono algo distante, y aunque nos cuenta en detalle ejemplos de esa curiosa tensión entre azar y voluntad que entra en juego en toda composición literaria (la coincidencia entre el nombre de uno de los personajes de El péndulo de Foucault, Casaubon, y el Casaubon del Middlemarch de George Eliot, las múltiples referencias medievales a la rosa que le sugirieron el título de su novela más conocida, la abadía imaginaria que las llamas consumen y otras abadías verdaderas que Eco desconocía y que le fueron reveladas después), su tema es la cocina literaria del novelista. Los ejemplos tomados de su propia obra incitan a una reflexión sobre la teoría de la novela que el filólogo Eco explica con un conocimiento íntimo de la materia. Algunos de los motivos de estas conferencias fueron desarrollados por Eco en otros volúmenes -el peso intelectual de ciertos personajes ficticios, el rol del lector, la pasión por las listas- pero en su conjunto estas Confesiones intentan ofrecer una aproximación no dogmática a la pregunta "¿cómo se hace?". En su respuesta, Eco coincide con sus colegas: "En un ensayo teórico", escribe, "normalmente uno pretende demostrar una tesis determinada o dar una respuesta a un problema concreto, mientras que en un poema o en una novela, lo que uno pretende es representar la vida en todas sus contradicciones".

"Leer para vivir", escribió Flaubert, resumiendo las conclusiones de éstos, sus lejanos discípulos. -

El novelista ingenuo y el sentimental. Orhan Pamuk. Traducción del inglés de Roberto Falcó Miramontes. Mondadori. Barcelona, 2011. 162 páginas. 20,90 euros (electrónico: 13,99). ¿Por qué leer? Charles Dantzig. Traducción de Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños. 451 Editores. Madrid, 2011. 264 páginas. 17,50 euros. Leer la mente: El cerebro y el arte de la ficción. Jorge Volpi. Alfaguara. Madrid, 2011. 164 páginas. 17,50 euros. Confesiones de un joven novelista. Umberto Eco. Traducción de Guillem Sans Mora. Lumen. Barcelona, 2011. 222 páginas. 17,90 euros (electrónico: 12,99).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de diciembre de 2011