Bonifacio Alfonso: excepcional en la pintura y en la vida

Todo lo que se diga en una necrológica nada significa para el difunto y sin embargo se escriben centenares, quizá miles, cada día. No es el destinatario quien la justifica sino todos los demás, desde el que la firma hasta el que la lee. Las razones para lo uno y para los otros son muchas y variadas: desde la posible vanidad del autor, deseoso de mostrar sus conocimientos, hasta una cierta mala conciencia de no haberle dicho en vida lo que se escribirá tras su muerte y, por supuesto, un punto de curiosidad. Con Bonifacio Alfonso, el espléndido pintor de San Sebastián fallecido el pasado 16 de diciembre, las razones para escribir y leer sobre él no pueden ser las tradicionales porque cualquiera que conociera su obra o su persona sabe que nada en él era tradicional.
Pescador, pintor de brocha gorda, batería aficionado de jazz, novillero... un largo currículo que le asemejaba a un personaje literario hasta que Fernando Zobel descubre alguno de sus primerizos cuadros en Bilbao y le anima a trasladarse a Cuenca. Allí conoce a un selecto grupo de pintores (Saura, Torner, Rueda, Millares, lo mejor de la incipiente abstracción española) y a Juana Mordó, galerista esencial de la modernidad plástica española. Comienza una nueva etapa en la que alcanza el estatus perfecto: poder vivir de un trabajo que le apasiona y sin renunciar a ninguna de sus aficiones, desde la pesca al flamenco, ni a ninguna de sus devociones, llámense Rafael de Paula o Gene Krupa.
Bonifacio fue un rompedor en todos los momentos de su vida. Lo curioso de su personalidad es que esa estupenda y lúcida capacidad transgresora la ocultaba bajo una capa de timidez tan auténtica como infrecuente. Le gustaba más observar y escuchar que ser el centro de atención. Si algo le molestaba eran los elogios públicos. Sabía que su oficio de pintor no era más digno que todos los anteriores, que la vida es para disfrutarla sin molestar y que la vanidad y la egolatría son los primeros síntomas de la degradación mental.
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