Reportaje:

En gallego hasta morir

Solo una de cada mil lápidas y el 2% de las esquelas están en la lengua de Galicia

Junto a la iglesia de Hospital do Incio hay una lápida en gallego que tiene más de medio siglo. Dejando aparte la de Rosalía, considerada la primera de la época contemporánea, y las laudas medievales, la de O Incio es una de las más antiguas entre ese uno por mil de tumbas grabadas en lengua propia. Hay alguna rara excepción, como el camposanto de San Martín de Suarna (Fonsagrada), pero el 99% de los muertos que duermen en los cerca de cuatro mil cementerios de la comunidad hablan en castellano, el idioma de la eternidad que relevó al latín en la boca de los curas como lengua que Dios escucha. Las esquelas, por su parte, no alcanzan aún el 3%, y casi nunca son las que ponen en la prensa los familiares del finado, sino algún colectivo al que él pertenecía, que le rinde homenaje póstumo. Aunque el muerto hablase gallego, o destacase por su militancia en pro del idioma, suele suceder que el último adiós se le da en español. El gallego "no nos trasciende", lamenta Xosé González, fundador de la Asociación de Funcionarios para a Normalización Lingüística, "al morir, además de perder la vida perdemos la lengua".

"Que el habla que heredé siga por siglos en los labios de mi pueblo", mandó Fraga
Los Funcionarios para a Normalización han recogido ya 5.000 últimas voluntades

Este colectivo, que también promueve el uso del gallego en la justicia, en el etiquetaje de vinos y en las fiestas de los pueblos, lleva desde mediados de los noventa homenajeando por los cementerios de Galicia a los muertos que conservaron su forma de expresarse más allá del estertor final. Suele celebrar los actos en el mes de Difuntos. El último tuvo lugar el domingo pasado en la parroquia de Macendo, en Castrelo de Miño. Y la misma escena se ha visto ya en cementerios de Redondela, Ourense, Lugo, Santiago, Pontevedra, O Carballiño y A Estrada. También en Castro Caldelas, Mondariz-Balneario, Santa María de Laroá (Xinzo), Santiago de Rubiás (Ramirás) o Rubiás dos Mixtos (Calvos de Randín). Muchas veces acude un notario que levanta acta de las últimas voluntades de los vecinos, y ya llevan recogidas 5.000 mandas testamentarias. "El señor José de Rubiás o Ermosinda de Laroá", por ejemplo, dejaron encargado, en sendos actos, que se les entierre en gallego de principio a fin, incluidos los sucesivos funerales que se oficien en su nombre.

Para ello, y por si a la gente no se le ocurre nada mejor, la asociación propone una manda tipo en la que el mortal exige que, llegado el trance, se use de forma exclusiva la lengua de Galicia. "Pido á miña familia, ás autoridades relixiosas e civís e ós servizos funerarios que fagan en lingua galega canto teñan que facer, público ou privado, oral ou escrito", especifica el documento notarial, en el que luego el futuro difunto advierte frente posibles intromisiones de personas e instituciones contrarias a su voluntad y termina pidiendo a un amigo que, en caso de "absoluta imposibilidad" de un sepelio en gallego, haga que se le le "entierre en silencio".

A la vez que comenzó a cosechar últimas voluntades de gente anónima, la asociación pidió a numerosos personajes públicos que diesen ejemplo. Con las más de cien mandas que lograron, editaron el libro En Galego, agora e sempre. Entre ellas, en la página 149 aparece la deFraga que, por supuesto en la lengua que dominaba San Ramón de Vilalba el día de su nacimiento, pone "por encima de sus bienes materiales y espirituales" su "honrosa condición de gallego". Fraga redactó la manda en 2002, aún como presidente de la Xunta, y en ella exige al idioma "cantareiro y popular, como un día de fiesta mayor" una heroica supervivencia: "Que el habla que heredé de mis antepasados de A Regueira, en Regoaveso, siga creciendo en los labios de mi pueblo, por los siglos de los siglos".

Los funcionarios por la lengua, responsables en 1982 de la primera campaña publicitaria en pro del gallego (se lanzó desde el Ayuntamiento de Redondela, con personajes notables como el obispo Araúxo; Pilar Sanjurjo, la primera mujer del tiempo; o Miguel Ángel, legendario portero del Real Madrid), promovieron dos años más tarde la Declaración do Hostal, en la que 187 alcaldes se comprometieron a asumir en la Administración local la lengua propia. Ahora tienen un canal televisivo en la Red (galeguizargalicia.tv) y para el día 10, en Chantada, anuncian un encuentro de la Irmandade Xurídica. Pero aún tienen pendientes algunas citas con el más allá en camposantos ourensanos, y ya para el año que viene tienen apalabrados homenajes a los que murieron en gallego en Cuntis, Valga, Cartelle, Catoira y Santiago.

Xosé González defiende que la normalización en las pompas fúnebres, como en los demás sectores, "dependerá de la demanda". Si esta medra, las funerarias abandonarán su "más bien poca receptividad". Y otro tanto podría llegar a suceder con la Iglesia. El funcionario cita el ejemplo de algunos clérigos que en Galicia destacan por su defensa de la lengua: "Benito Santos, en Vigo; Alfonso Torrado, en Guitiriz; y los párrocos de Parada de Outeiro, Calvos de Randín, Cualedro, Quintela de Leirado, Macendo o Trasmañó".

Lápida de Xosé Ramón Fernández-Oxea, <i>Ben-Cho-Shey</i>, en el cementerio ourensano de San Francisco.
Lápida de Xosé Ramón Fernández-Oxea, <i>Ben-Cho-Shey</i>, en el cementerio ourensano de San Francisco.NACHO GÓMEZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 03 de diciembre de 2011.

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