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La destrucción de empleo pone a la Seguridad Social al borde del déficit

El paro suma otro récord y el nivel de protección cae al mínimo desde la crisis

El grave deterioro del mercado laboral amenaza con derrocar el último bastión de la bonanza económica: el superávit de la Seguridad Social. El Gobierno abrió ayer la puerta a que el sistema público pueda incurrir en déficit por primera vez desde 1998, pese a que las previsiones le otorgaban un superávit del 0,4% del PIB en 2011. Tras la fuerte destrucción de empleo en noviembre, con una pérdida de 111.782 afiliados respecto a octubre, el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, admitió por primera vez que existen "ciertas incertidumbres" sobre si el excedente se mantendrá al final del ejercicio.

La destrucción de empleo, la segunda más abultada en un mes de noviembre desde la crisis, representa la cara más amarga del deterioro laboral experimentado el mes pasado. Y ese volumen de puestos que se siguen eliminando es lo que ha descuadrado las previsiones del sistema. Porque los gastos, según Granado, se ajustan a lo previsto, pero en los ingresos (provenientes principalmente de las cotizaciones de los empleados) "se mantiene la incógnita". De confirmarse esos temores, sería la primera vez desde finales de los noventa que el saldo entre ingresos y gastos en el sistema de pensiones es negativo. No obstante, con los criterios europeos, la Seguridad Social ya incurrió en déficit el año pasado porque la contabilidad nacional obliga a imputar al sistema público las cuentas del desempleo. Y ese déficit que generaron ya no pudo ser neutralizado por el raquítico superávit en el sistema de pensiones. Con los nuevos retrocesos en el empleo, la amenaza de déficit es este año mayor.

Los nuevos contratos fijos bajan al 6,9% en el peor noviembre desde 1996

La fórmula estrella de la reforma laboral se desploma en el último año

No obstante Granado aseguró que si al final del año hubiera un déficit "de unos cientos de millones" se financiaciaría con el superávit de años anteriores, de forma que el pago de las prestaciones estaría garantizado. Explicó que la deuda de entes públicos y privados con la Seguridad Social asciende a 6.500 millones de euros y que los aplazamientos concedidos a empresas se elevan a 1.800 millones. Además, el fondo de reserva o hucha de las pensiones acumula casi 65.000 millones.

Lo inquietante es que el ritmo de reducción de afiliados supera ahora el de meses anteriores, de forma que el descenso interanual (un 2%) alcanza niveles de abril de 2010, según el Ministerio de Trabajo. La caída respecto a octubre resulta algo más leve (72.075 cotizantes) si se toma el dato desestacionalizado.

Además de este aspecto, todos los indicadores invitan al desánimo. El registro de parados contabilizó 59.536 personas más, el nivel de cobertura del desempleo descendió hasta el nivel más bajo de la crisis (67,7% de los parados con experiencia laboral) y la contratación indefinida ha caído casi una cuarta parte en el último año.

Las cifras constituyen el último balance de transición entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que se despide con un nuevo récord de paro, y el de Mariano Rajoy, que tomará posesión dentro de unos días. Con ese crecimiento mensual en el paro registrado, el cuarto consecutivo, el colectivo recogido en los servicios públicos de empleo se eleva a 4,4 millones de personas. Sin embargo, la cifra no refleja el problema del desempleo en toda su magnitud. La encuesta de población activa, el mejor termómetro del mercado laboral y el que permite comparar con Europa, eleva el colectivo a casi cinco millones de personas. "Es lo más duro que nos ha tocado vivir. Constituye nuestra principal amargura en este periodo", expresó como balance la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado.

Uno de los aspectos más sombríos de esta agonía laboral reside en la mayor desprotección entre los desocupados. El porcentaje de personas con experiencia previa que perciben algún tipo de prestación ha caído al 67,7%, un nivel muy inferior al máximo del 80,9% alcanzado en enero de 2010. El motivo es que cada vez más parados agotan todos los recursos sin encontrar empleo. El gasto en prestaciones sigue siendo hoy inferior al de hace un año, aunque el ritmo de caída (4,4%) se modera debido a que están entrando en el sistema más beneficiarios de lo esperado.

Menos fiable que la Seguridad Social, pero también indicativo del pulso del mercado, es el registro de contratos, que cae en el mes y en el año. Lo más preocupante es el retroceso de la contratación fija, que representa solo el 6,89% de los firmados en noviembre. También el ocaso del contrato de fomento (el indefinido de despido más barato), que pese a las facilidades introducidas en la reforma laboral, cae prácticamente a la mitad en el último año, hasta representar menos de una cuarta parte de los nuevos fijos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de diciembre de 2011