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Reportaje:

El dilema británico

Reino Unido no logra controlar la inflación, pese a que el crecimiento económico casi roza la recesión

Reino Unido creció un 0,5% en el tercer trimestre del año, alentando las previsiones más pesimistas, que hablan de un crecimiento más cercano a cero a finales de año. La situación de la tercera economía europea no es muy distinta de la del resto de la UE, con elevados déficit fiscal y deuda pública y una incipiente ralentización del sector exterior. El problema radica en que una preocupante combinación de elevada deuda de los hogares, altas tasas de paro y un crecimiento galopante de la inflación impide mantener en pie el consumo interno, uno de los principales motores de su crecimiento reciente.

En estos momentos, las previsiones oficiales del Fondo Monetario Internacional (FMI) hablan de que la economía británica crecerá un 1,1% este año, mientras que la OCDE apuesta por un alza del 0,9%. No obstante, las últimas cifras están lejos de estas previsiones, y solo los más optimistas creen que el crecimiento de 2011 rondará ese nivel. En el segundo trimestre, el PIB aumentó un 0,1%, y en septiembre, el crecimiento interanual fue del 0,5%. El temor a una nueva recesión en Europa ha tirado por tierra los pronósticos de una importante recuperación en el cuarto trimestre del año.

El Gobierno debe manejar el delicado equilibrio entre estímulos y déficit

Pese a ese débil crecimiento, los precios están en plena escalada. En septiembre, el IPC creció un 5,2%, el nivel más alto en tres años. El Gobierno justifica el dato por la reciente subida del IVA al 20% y por los crecientes precios de la energía. Las previsiones del FMI indican que los precios crecerán en 2011 el 4,5%, más del doble de la meta gubernamental. Esa alza puede frenar la demanda de los hogares, que, según la OCDE, solo crecería un 0,2% este año, cuatro décimas menos que el año pasado.

Pero el consumo interno no es lo único que se mantiene estancado. El comercio exterior tampoco pasa por su mejor momento. Hasta ahora, la fortaleza de la libra esterlina había logrado reducir el déficit comercial al 1,7% del PIB durante el segundo semestre del año, desde el 3% de 2010. No obstante, con Alemania, Francia y EE UU coqueteando con bajísimas cifras de crecimiento, las ventas de Reino Unido se resentirán duramente, ya que la reducción de la demanda internacional es inminente en el nuevo escenario.

En estas circunstancias, el gasto público se antoja como una de las pocas soluciones para tirar de la economía. Pero el Gobierno británico debe manejar el delicado equilibrio para seguir estimulando la economía y no desequilibrar sus cuentas. En 2010, el déficit fiscal llegó al 10,3% del PIB, frente al desequilibrio del 11,5% un año antes. Los datos de Eurostat reflejan, además, que la deuda pública llegó a finales de 2010 al 79%, frente al 44% de 2007, el año en el que estalló la crisis financiera internacional.

La OCDE ha sugerido a Londres nuevas reformas para mejorar la eficiencia del sector público y aumentar la edad efectiva de jubilación. De esa forma, dicen, se mitigarían las presiones fiscales a través de la racionalización más que de los recortes. Adicionalmente, proponen continuar con una política monetaria expansiva este año para apoyar la actividad. Con todo, los pronósticos para 2012 siguen a la baja. El FMI habla de un 1,6%, el Banco de Inglaterra prevé un alza del PIB de solo el 1% y la OCDE se decanta por un 0,8%. Todo dependerá del desempeño de la Unión Europea durante los próximos meses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2011