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Entrevista:EL DEDO EN EL OJO | MARIO VARGAS LLOSA / ESCRITOR | PROTAGONISTAS

"Ayuno, pero no llego al látigo y al cilicio"

Pregunta. Ahora se dedica a predicar el ayuno. ¿Y la abstinencia?

Respuesta. No es indispensable. O sea, que se puede pecar, pero no por gula.

P. Ha ido a hacer ayunoterapia reiteradamente. Como los antiguos curas: ¿cuántas veces, hijo mío?

R. Veintidós años, tres semanas cada vez.

P. ¿No tiene una relación un poco extraña con la comida, tanto ayunar?

R. Una de las buenas cosas del ayuno es que te hace descubrir lo rica que es la comida. Y no es un sacrificio, porque si no comes, no tienes digestión, y es la digestión la que provoca el hambre.

P. ¿Sale usted más ágil y más sexi?

R. No sé si más sexi. Hombre, sería bueno. Pero algo más delgado, seguro. Yo en Marbella, en la clínica Buchinger, pierdo hasta diez kilos, que recupero a lo largo del año. Pero lo más importante es la limpieza general, el extraordinario sosiego, la paz, la calma que te da el estar tres semanas en esa especie de retiro físico y espiritual.

P. ¿Ofrece la huelga de hambre por la conversión de los chinitos?

R. No. Yo la ofrezco de una manera muchísimo más egoísta para sentirme mejor, para dormir mejor, para tener una serenidad que generalmente no tengo. Víctor García de la Concha se ríe mucho, y dice que es mi cuaresma.

P. Resume la fórmula en "ingerir líquidos y hacer pipí". Qué planazo.

R. Pero también sentirse bien. El ayuno te cambia la relación con tu cuerpo, y te obliga a ocuparte de él.

P. Y yo que pensé que ayunaba porque el Nobel le hinchó demasiado.

R. No [ríe]. El Nobel me dejó en estado comatoso, de tritura física, no anímica, porque anímica me puso muy contento. Y la clínica me inyectó un poco de las energías que había perdido.

P. ¿Uno tiene que desintoxicarse de los premios?

R. Depende de cómo te los tomes. Si es con espíritu deportivo, pueden ser un buen estímulo. El gran peligro es volverte vanidoso.

P. ¿Y se ha vuelto?

R. No, yo creo que no. Mi sueño es llegar a ser un gran escritor, como Joyce, Proust, Faulkner o Malraux. Sé que todo eso está, por desgracia, muy lejos, y entonces es muy difícil volverme vanidoso, a pesar de los premios.

P. ¿Qué piensa cuando está ayunando?

R. Pienso mucho en las riquísimas comidas que comeré cuando salga de la clínica. Y reconstruyo con nostalgia y lucidez demoniacas las comidas maravillosas que recuerda mi memoria. Allí el tema obsesivo de conversación es la comida. Intercambias recetas y restaurantes. Y sales maravillosamente preparado para comer bien. Desa-parece el tragar, que es una cosa animal, y la comida se vuelve un ejercicio en cierta forma creativo, artístico.

P. Además de ayunar, ¿se flagela y azota?

R. No. Eso sí que no [risas]. Mis ejercicios espirituales llegan al agua y al pipí, pero a la disciplina, al cilicio y al látigo, de ninguna manera.

P. Confiese que se lleva en la maletita chocolate y latas de fabada.

R. No, no. Yo no. Eso lo hizo Cristina Onassis. Se llevó una maleta llena de coca-colas, la descubrieron y la echaron. Allí la coca-cola está vista peor que un solomillo.

P. Con esto del ayuno, ¿ha sido tentado por el diablo, como Jesucristo?

R. Cuando salimos a pasear, sobre todo a Puerto Banús, donde los restaurantes están al aire libre, a veces sientes un cosquilleo tentador. Pero nunca, nunca he cedido a la tentación.

P. Tras tanto intercambio verbal de manjares, ¿descarta que su próximo libro sea de recetas de cocina?

R. Sí, lo descarto. Completamente. Pero creo que entre las cosas que me ha enseñado la clínica es que para gozar de la comida hay que introducir un elemento de disciplina y de control, que no se puede comer de una manera animal para satisfacer un instinto.

P. ¿Los afeites son parte de su dieta?

R. Bueno, te hacen masajes. Son muy importantes. Yo, además, tengo problemas de hombros. O sea, que a mí me hacen muchísimo bien.

P. Cuando sale de allí, ¿qué cremas propina a su purificado organismo?

R. Unas ciertas cremas en Madrid es inevitable usar, por la sequedad del clima, que es tan fuerte. Tienes que echarte alguna crema si no quieres estar rascándote todo el día.

P. Cuando el Rey le hizo marqués, tras el Nobel, ¿se sintió más guapo, más alto, más chic?

R. Me sentí sorprendido [ríe], muy desconcertado. Y me siento más todavía cuando a alguien se le ocurre llamarme marqués.

P. Dice la publicidad del centro: "Orientación terapéutica del alma". ¿Su alma sale de allí más orientada?

R. No. Yo creo que sigue muy desorientada. La clínica me hace bajar muchos kilos, me da tranquilidad y paz. Pero la desorientación de mi alma no me la cura la clínica Buchinger.

A CORTA DISTANCIA

Viene de caminar su horita diaria, más otros 30 minutos de ejercicios para la espalda, y se queja de lo sucio que está el barrio tras la noche anterior, víspera de fiesta. Siempre cordial y amable, se presta a revivir, y con pasión, los beneficios de su anual inmolación alimentaria, a base de agua y más agua, y de caminar, hacer chikún, nadar y trabajar los abdominales. Y luego, como gran premio nocturno, otro "agüita, esa que llaman sopa porque le han pasado una lechuga". Espera, tras tantas alabanzas al método, que la próxima vez que vaya a la clínica le hagan un buen descuento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de noviembre de 2011

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