Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:teatro | críticas

Metamorfosis de Ennio

Leopoldo Fregoli (1867-1936), el mayor transformista de la historia, se hizo célebre con un espectáculo donde imitaba a las estrellas de su época y mutaba de una a otra en segundos: consigo viajaban 23 baúles con 800 trajes. Ennio Marchetto también se ha labrado fama mundial interpretando a más de 60 personajes archiconocidos, aunque su equipaje se reduce a un tubo de 30 centímetros de diámetro por un metro de alto donde van enrollados los 350 trajes de papel que Sosthen Hennekam y él han diseñado durante dos décadas.

Y aquí terminan las similitudes, porque donde Fregoli cantaba de viva voz, Marchetto utiliza el play back sin desdoro: más que imitarlos, caricaturiza a sus personajes con un vestuario que define en cuatro trazos precisos el carácter y el estilo de cada uno. Su Raphael poco se parece al original, pero cautiva cómo se metamorfosea en Alaska sin transición y a la vista del público. Aunque algunas mutaciones suceden durante oscuros brevísimos, la mayoría tienen lugar bajo los focos, lo que les otorga valor añadido. Aquí hay trampa y cartón, pero con luz y taquígrafos.

ENNIO MARCHETTO

Autoría, dirección y vestuario: Ennio Marchetto y Sosthen Hennekam. Teatros del Canal. Hasta el 6 de noviembre.

Cada caricatura contiene un guiño humorístico, un detalle cómplice, algo que, en su brevedad, la hace flamígera como fuego de artificio. Varias se estiran hasta el minuto para desarrollar un chiste visual o una historia mínima. Tiene gracia ver cómo

la sexy Kylie Minogue se transforma en la cándida monjita cantora Soeur Sourire, y a la desnuda Venus de Botticelli convertirse en Shakira, en lo que dura un "olé".

Los maravillosos vestidos, pelucas, panzas y piernas recortables de Marchetto dan mucho de sí: con un gran círculo de papel color carne delante de su vientre, se convierte en luchador de sumo; luego lo gira, y por detrás es la redonda falda de un par de bailarinas de cancán. Usándolo como mero apoyo de su talento plástico y camaleónico, el actor italiano eleva el play back a categoría artística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 2011