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Entrevista:ALMUERZO CON... ALFONSO AIJÓN

"Unas serpientes me salvaron de un accidente de avión"

La promoción de música clásica en España es una aventura de alto riesgo. Quizá por eso Alfonso Aijón (Madrid, 1931), director y fundador de Ibermúsica, pionero del negocio en este país, llegó a dominarlo tan bien. Porque antes fue pastor de búfalos, escalador, cónsul honorario, enterrador, banquero... y ahí para la enumeración. "Mira, fue peor lo de banquero que enterrar a gente", dice sentado en una de las mesas con ventanuca del restaurante La Bola de Madrid. Valga como ilustración del personaje que a sus 80 años siga subiendo cada año el Himalaya. "Fui el primer español, aunque algunos no lo crean".

Escoge el restaurante porque aquí traía a los músicos que tocaban para su ciclo musical hace más de 30 años, cuando todavía se hacía en el Teatro Real. Pero tampoco es que sea un apasionado del cocido. En fin, con pocos recursos y mucha ilusión, comenzó a programar, en 1972, solistas casi desconocidos que hoy son estrellas. El invento acabó en bancarrota (la primera de una larga lista). "Luego me lancé a las orquestas, es más fácil que programar a un solista. ¿Raro? Tienes un programa con seis meses de antelación, pero el pianista llega y dice que ya no quiere tocar eso, o que le gustaría conocer España y prefiere ir en tren, o que tiene la exclusiva de un piano determinado... Son más difíciles que 100 músicos".

Antes de gran promotor de música clásica fue pastor de búfalos y enterrador

Entonces Aijón desgrana su vida y la sopa se enfría. El camarero amaga con retirarla. Él insiste en tomársela y queda claro que una biografía así no cabe en una última página. Para sintetizar, divide su periplo vital en dos etapas: los primeros 40 años y los segundos, dice. "Primero fue la aventura. Conocí un mundo que ya no existe... luego vino la música". Y en ese viaje, el físico, recorrió el mundo de Alemania a Bucarest, luego a Hong Kong ("de cónsul honorario"), de ahí a Japón, a cuidar búfalos; a Vietnam, India, Birmania (a construir la carretera panasiática), Katmandú... En todos lados sabían que había un loco dispuesto a trabajar por comida y techo. "Tengo mucha suerte", repite todo el tiempo. Tanto que volviendo de Nepal se salvó de milagro de un accidente de avión en el que murieron 80 personas. "Era mi vuelo, pero lo perdí porque llevaba unas serpientes venenosas para el zoológico de Zúrich y no llegué a la conexión. Me salvaron".

Y ahí el camarero consigue llevarse la sopa y vuelca la jarra del cocido en un plato. Aijón se concentra en los garbanzos. El aceite que pide nunca llega. Él, en cambio, sí lo hizo tras su aventura: volvió a España y empezó a vivir de la música, a la que siempre fue aficionado. "Es que cuando los músicos venían a Madrid, les veía solos y aburridos y me iba con ellos a bailar, a escuchar música, a cenar". Y luego, aquellos "tíos", acabaron siendo Claudio Abbado, Zubin Mehta, Daniel Barenboim... Una agenda impagable. A Rattle (hoy director de la Filarmónica de Berlín), por cierto, dice, le programó su primer concierto profesional. "Es una profesión de mucho riesgo, siempre contra las rocas. Pero los músicos me han ayudado cuando me he arruinado. Barenboim ha tocado para mí gratis cuando estaba sin un duro". ¿Egos? "Los de medio pelo. Los grandes son los más sencillos. Porque lo suyo no es ego, es cansancio. Cuando Daniel [Barenboim] abronca a alguien es que no ha dormido bien o lleva horas trabajando", señala. Él, en cambio, parece incansable. Este año, volverá a subir al Himalaya.

La Bola. Madrid

- Pan: 2,96 euros.

- Dos cocidos: 36,11 euros.

- Dos cervezas: 5,74.

- Un café: 2,04.

Total: 50,60 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2011

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