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Reportaje:INFORME BERLÍN

Berlín, ciudad mutante

La capital alemana está de moda. Con el lema 'pobre pero sexy' atrae a nueve millones de turistas al año. Algunos berlineses temen que muera de éxito

Berlin verstehen" (comprender Berlín), dice un eslogan colgado frente a la Potsdamer Platz. Y no queda más remedio que pensar que sí, que a la capital alemana hay que entenderla. Y leerla. Cientos de pósteres dan noticia de tanta iniciativa que agota; los flyers, a miles, convocan a todo tipo de eventos, y los grafitis, cargados de munición sociopolítica, van susurrando al oriundo mensajes secretos, y al visitante consignas de orientación. Un ejemplo: "Arm aber sexy" (pobre pero sexi), se repetía un tiempo como frase promocional. Y sí, Berlín tiene dos caras. En una, el paro, 13%, que dobla al estatal; la herida social del Este/Oeste que no está cerrada o la educación, de las peor calificadas del país. En la otra, un universo cool, fiestero, pleno de creatividad... El lema se hizo popular pero fue fallido: no consiguió dar pena a los otros Estados federados alemanes cuando su alcalde, Klaus Wowereit, se fue lema en mano a pedirles dinero estatal extra, dado el nivel de ruina municipal: 17.420 euros de deuda por habitante, en el top de Europa: 60.000 millones.

Cifras

» Población: 3,5 millones.

» Turistas en 2010: 9 millones.

» Edificio más alto: Fernsehturm, la torre de la televisión, 368 metros.

» Alojamientos turísticos: 771.

» Zonas verdes: 2500, un quinto de la ciudad es bosque.

» Ocio: 175 museos, 190 clubes, 900 bares, 4.650 restaurantes y más kebabs que Estambul, según Turismo.

Si uno es sexi, le vinieron a decir, la pobreza es relativa. Y lo mandaron a casa. Un revés. Pero nada que quite el sueño al berlinés, convencido de la fortaleza de su espíritu ("Geist ist geil", el espíritu mola) y del valor original de su ciudad: "Berlín ist geil" (Berlín mola). Y haciendo de lo financiero sorna, alguno ha escrito en el Gorlitzer Park: "Somos la Grecia alemana". Cuadrarán cuentas en 2020, por mandato constitucional, sí, pero habrá tres óperas en la ciudad porque aquí la música también es alimento.

La historia de la ciudad se lee aquí cual enciclopedia. Los grandes acontecimientos se describen en sus monumentos y en la arquitectura contemporánea de marca; en las placas de muertos y del muro en el suelo. Hay páginas que se han escrito tanto en su cronología convulsa como en su urbanismo herido. ¿Qué son si no hoy las plazas artificiales como Potsdamer Platz, los nuevos barrios levantados sobre la cicatriz que dejó el muro, las hileras de restaurantes y tiendas que han ido colonizando barrios antaño de frontera, esos jugosos huecos vacíos en pleno centro, las rutas de los barcos que serpentean por los canales remozados del Spree y hasta esas colas de turistas ante museos en las que se habla un cóctel de idiomas, el castellano de los primeros?

Todo frases impresas de un tiempo pasado y de este nuevo en que todo crece y se completa... Hay tantos planes en marcha hoy en la ciudad que el visitante queda boquiabierto (y más en este tiempo crítico): barrios, viviendas, campus... Y todo fluye, no sin gran polémica y desgaste, con energía extraordinaria. "Berliner Republik", se hacen llamar. Tranquilidad, disfrute, eficacia, laissez faire a la hora de aplicar y saltarse la normativa alemana (que es extensa). Por eso fascina esta ciudad. Siempre lo hizo. Basta mirar la literatura que ha generado y hasta lo que la han cantado: "No tienes ni idea de lo hermoso que eres, Berlín...", entonaba Marlene Dietrich. Ahora, la capital alemana es pasión globalizada, sede de una nueva religión se diría, el "berlinismo". Nueve millones de visitantes en 2010. Y subiendo...

"No more Rollköffer (no más trolleys)", ha escrito alguien en una pintada en el barrio turcoalemán de NeuKölln, muy mezclado y devastado. Y es como estar viendo la CNN en directo: el sentir más actual; la masa turística ha llegado y con los berlineses se han topado. Al verlo (o leerlo) el recuerdo se va otra vez a la Dietrich: "Ich hab noch ein Koffer in Berlin..." (aún tengo una maleta en Berlín, así que he de volver...).

Choca que a alguien no le guste aquí el vaivén viajero con las vueltas que ha dado la ciudad. Isla y bipolar hasta que en noviembre de 1989 cayó el muro... "Wendepunkt" (momento crucial). Y los visitantes empezaron a fluir por sus calles como agua por los canales. En 1999 ya sumaban cuatro millones (uno de extranjeros)... y así hasta los citados (nueve, tres de fuera; 20 millones de pernoctaciones).

"Comprender Berlín", la frase resonó tanto en la ciudad por ser lema del SPD, los socialdemócratas, en las recientes elecciones que volvieron a ganar el pasado domingo (con un 28,3%) de la mano de Wowereit, alcade gay en su tercer mandato. Muchos le hicieron contracampaña: "Comprender a Wowereit" o "Berlin ruinieren und alles schönenreden", que rima en alemán pero no en castellano y viene a decir: arruinar Berlín y contarlo bonito. Y Wowereit mismo explicó el concepto: "Esta ciudad tiene su propio ritmo, hay que vivir con él, porque es algo que se siente. No hace falta haber nacido aquí, esto se capta a los tres meses si se tiene sensibilidad para verlo...".

El ritmo. Todos los berlineses comprensivos lo siguen a pies juntillas; hacer y dejar hacer es la clave. Los que no, no molestan (pues serían expulsados del firmamento). Pero la resaca de la propia caída del muro, el exceso de terrenos vacíos -insólito en una capital europea- y el paso del tiempo han arrastrado a sus páginas vocablos que no esperaban, o al menos, no tan voraces: promotor, propietario, especulación... reunidos bajo otro la mar de sonoro: "Gentrifizierung" (gentrificación), del que se derivan colas como Touristifizierung. La presión urbanística y de los promotores cambia normas y hábitos (buenos y malos), obliga al desplazamiento. "Significa que no hay más casas accesibles en una ciudad que siempre tuvo espacios vacíos, algo que fomentaba la iniciativa", señala Kai Roeger, redactor jefe de la revista Zitty, la biblia del ocio aquí desde los setenta. "La gente con menos dinero se encuentra en situación complicada... están siendo desplazados hacia el extrarradio, donde ya de por sí el tipo de población es delicado, y eso significa mucho en lo personal, de acceso a la cultura...". Berlín crecerá, irá a mejor, pero ya no será ciudad para todos, opina.

"El turista se siente atraído por aquello que acaba destruyendo", vaticinaba el filósofo Hans Magnus Enzensberger. Y sus palabras son citadas en Der Spiegel en un artículo reciente: "Berlín se ahoga entre hordas de turistas y aumento de los alquileres". Y frente al boom del turismo, los berlineses se han dividido: entre los más o menos entusiasmados con el desarrollo, y los que de ningún modo. Y estos últimos, con grados, desde el que escribe grafitis pidiendo que todo estadounidense con maleta de ruedas se vuelva ipso facto a Iowa hasta el que se expresa regularmente contra la subida de precios de alquileres, alimentos o cultura; contra el ruido persistente del turista borracho (que suele ser muy español y muy british) y el de los aviones nocturnos que pronto, 2012, saldrán del nuevo Aeropuerto Internacional en Schönefeld.

Para Kai Roeger, que vive en el barrio de Prenzlauer Berg y ha visto cómo varios clubes míticos (Magnet, Knaack) han sido amenazados por cierre últimamente, es Facebook lo que ha convertido en objeto esta ciudad: "Lo hace todo más pequeño". Los problemas últimos para él no son ni los turistas ni tan siquiera los promotores: "Es ese furor por tener casa en propiedad, aquí, donde nunca nadie poseía nada, y el dinero ni se veía, ni importaba: eso lo cambia todo. En cuanto eres dueño empiezas a protestar por los ruidos del club de abajo, que lleva ahí toda la vida". Otra cuestión es el turismo sostenible. "No tiene sentido que en el Este abran tres hostales en un año, por ejemplo, porque la zona queda ya kaputt, y otros barrios del Oeste se mueran por los turistas. Crecer hay que crecer, el mal es el desarrollo desigual. O que muchos proyectos que fueron algo grande hayan fracasado: mira, el Sony Center se ha vendido, igual que el Daimler, y tantos... O que iniciativas de salas, muy berlinesas, con muchos años a sus espaldas como el Arena o Badeschifft estén ahora en bancarrota... Se dejan caer muchos proyectos así mientras se levantan otros despersonalizados".

Dudas. No solo de Kai Roeger. Son generales. La palabra Zweifel (duda), gigantesca y sola (una instalación artística del noruego Lars O Ramberg) fue hace nada reflexión sobre la propiedad de los pueblos. Colgó mucho tiempo en lo alto del desaparecido Palast der Republik (símbolo de una política y un tiempo comunista) antes de su demolición. Hubo quien no lo veía claro. Como ahora. Quizá sea este el derrumbe de un tiempo.

Otra opinión tiene Christian Tänzler, que desde VisitBerlín promociona la ciudad para atraer turismo: "El valor de las personas y el sentimiento de libertad que había antaño, que son la esencia de esta ciudad, no se han perdido. Estos han sido años de pioneros, espontaneidad y creatividad, todo brotó de repente y necesariamente la población ha ido cambiando: han llegado embajadores, funcionarios de ministerios, Administración. Y grupos concretos como los nórdicos, por ejemplo, que es un tipo de población muy destacada y activa. Su programación cultural es de importancia; y sus artistas, desde Olafur Eliasson a Jeppe Hein, con atelier en Oranienstrasse. Y así muchos otros".

En Kreuzberg (donde han ganado Los Verdes las elecciones, y la juerga gusta un rato) se quejan de invasión: la han visto en los barrios de Mitte o Prenzlauer Berg o en la frontera con Friedrischshain, donde hay horas en que el berlinés ni está ni se le espera. Tienen miedo de las ciudades clónicas, del efecto low cost descontrolado que pueda convertir Berlín en una suerte de Ballermann, en Mallorca, es decir, todo por el party y poco más. Hasta manifestaciones ha habido (la última, el 3 de septiembre). "Berlín don't love you" (Berlín no te quiere) era el mensaje al turista jaranero. Y en ese punto justo de la trama del libro berlinés nos encontramos.

Todos los agentes de la ciudad saben lo que el turismo significa: 9.000 millones de euros bombeados a las arcas del Estado en 2010. "Ellos llenan nuestras calles y alimentan nuestra economía", dijo Wowereit. Pero él mismo al ser preguntado en dónde vive, desvela las contradicciones del lugar: "En Charlottenburg; quería una bonita casa en un barrio intacto. Allí me siento bien. Convive gente con estrecheces con otros más pudientes, la tienda de la tía Emma, el sastre y el peluquero...". Conservar intacto lo peculiar: ambiente de provincia y al tiempo metrópoli global. Complicado. "Be Berlín" fue otra sugerencia eslogan, allá por 2008. Dada la tolerancia aquí, mutó enseguida en "Bi Berlín". Y lo entendieron todos.

Los habitantes

190 nacionalidades

Tres millones y medio. Mucho treintañero, más de la mitad vive solo, un cuarto de origen extranjero (190 nacionalidades) y la gran mayoría con trabajos creativos o del sector servicios...

Los berlineses suelen ir en bici aunque aman los automóviles, comen döner o beben cerveza, pero cenan a menudo en restaurante con vino. Les gusta viajar, el fútbol, el cine, la música... no ser manipulados y salir a la calle a protestar. Gente orgullosa de sí y de sus habilidades, que ama la tranquilidad, la jornada reducida y la conciliación familiar, lee prensa y está absolutamente al tanto de lo que se cuece en las calles de su ciudad. Tan reservados que no te saludan en la escalera, pero van un día y te salvan la vida. Críticos, solidarios, ecologistas, muy políticos y creativos, pero también funcionarios prusianos que cierran en punto y basta. "El gran valor de esta ciudad es su gente, ella es el verdadero capital", dice Kai Roeger, jefe de Zitty, revista de ocio que es referencia desde que nació en 1977. "La mentalidad isla no es solución, cada barrio tiende a cambiar cada 20 años su población, así que la renovación es natural", asegura. Berlín ya ha cambiado y cambiará. "Lo peor", dice, "es que sea arrastrada por el encarecimiento, la gente joven no venga o se pierda su espíritu liberal, ese anything goes, la libertad de ser y dejar ser". Norma que todo berlinés cumple cual Constitución.

"Ich bin ein Berliner". Soy berlinés. El concepto tiene tanto peso y poso que hasta Kennedy en 1963 le sacó partido. No hay uno único, claro. Pero serlo es más que estilo, objetivo: hacer de su vida y ciudad algo especial. Y en ello se empeñan tanto como en la elección de su indumentaria, y no es broma. Informal, a veces. Casual, nunca. "Aquí no hay moda", alguien dijo un día, "aquí hay terror por ir como los demás".

Nuevos hoteles

Techo español

Con 20 millones de pernoctaciones al año, abundan y crecen en Berlín los hoteles de toda condición y época: lujosos o no, de marca, artísticos, de diseño, temáticos, originales (Hüttenpalast. www.huettenpalast.de, habitaciones en carromatos y rulotes), lugares de encuentro y espectáculo en sí mismos (Michelberger, www.michelbergerhotel.com). Y hasta hoteles barco: www.wasserkutsche.com... También se podrían dividir por nacionalidades. En el último tiempo han abierto cinco españoles significativos. En Mitte, junto a su tienda de zapatos original, abrió Casa Camper, cuidadoso y personalizado, y le han seguido dos espectaculares, el H10, elegante y sobrio en pleno Ku'Damm, centro del Oeste, y el NHow, de NH, asomado al canal del Spree, fuera, y hacia lo musical dentro, con dos estudios de grabación. Hace un año, se inauguró el Gat Point Charlie, práctico, asequible, junto al Check Point. A la lista se suma un Alma Berlín de concepto distinto, el Schlosshotel Grunewald. Urbano pero en el bosque. En verdad, otro Berlín. "Nuestro palacio es muy querido por personalidades como Beyonce, Kate Winslet, Joe Cocker..., gente que aprecia la tranquilidad y privacidad", cuenta la cordobesa Sara Torralvo-Castro, de 30 años, que empezó de gobernanta en la cadena y hoy es directora general. Este hotel palacio, dice, es, además de un reto, la pura aplicación del lema de la casa: "No tenemos estándares, tenemos alma". Inspirado en palacios franceses del XVIII, se construyó en 1912 como residencia del abogado de Guillermo II. En 1951 se transformó en hotel y en 1994 Karl Lagerfeld lo redecoró: "Aún se puede visitar su suite". En 2006, tras el nacimiento del grupo Alma, compraron el palacio inesperadamente: "Fue ver el edificio y caer prendados". Actualizado en tecnología y reformado bajo su línea clásica buscan, dice, "ofrecer una experiencia, no solo estancia". Poseen otros en Lisboa, Barcelona, Sevilla..., siempre en edificios históricos con carácter. Para aquellos que buscan algo diferente y puedan: cuesta a partir de 238 euros.

Cómo vender una ciudad

"La cultura es el verdadero capital"

Christian Tänzler, de VisitBerlín, sabe lo que es poner rostro a la capital, porque es responsable de su promoción. "No se puede comparar con otras metrópolis: la estructura económica es distinta, nunca será tan cara como otras; no hay tanta industria ni tanto monumento antiguo, la cultura es y será el verdadero capital".

» DATOS: 9 millones de turistas. Y 20 de pernoctaciones (pretenden llegar a 30). 60%, nacionales; 40%, extranjeros. Los últimos crecen más. "Antes el ranking era británico, americano y holandés, ahora británico, español e italiano".

» HITOS TURÍSTICOS: "La caída del muro fue el gran momento, la ciudad se abrió y las visitas desde entonces no han parado de crecer". Otros: la capitalidad recuperada en 2000, con la llegada de funcionarios, ministerios y embajadas... y el Mundial de Fútbol de 2006.

» CAMPAÑAS: Por tierra, mar y aire. La última: en redes sociales. La ciudad peleó en agosto por el millón de amigos en Facebook. Lo próximo: venderse como ciudad saludable con sus lagos, piscinas, spas, saunas... "El futuro es biotecnología, turismo médico y de salud".

El 'boom' inmobiliario

Mi Le Corbusier

La tradición en Berlín es alquilar (80%). Y tras décadas de mercado semimuerto, ahora también se compra. Hay tantas inmobiliarias últimas que esa compraventa y búsqueda de alquiler desesperado ha generado un lenguaje propio, críptico: en revistas, carteles, vallas... Un sector en auge en el que las firmas más poderosas llegan a una zona y compran miles de viviendas para convertirlas en apartamentos de vacaciones ante los ojos atónitos de la vecindad. Un promotor danés lo ha hecho recientemente. Algunos temen (y otros no, claro) que esta práctica desestabilice Berlín y la convierta en ciudad balneario una época y fantasma en otra. Hacerse sitio en este mercado cuesta. En ImmoBerlin (www.inmo-berlin.de) lo han conseguido tacita a tacita desde el grupo de los pequeños. Julieta Benito, arquitecta española, y su marido Dirk Lachmann, abogado alemán, crearon la firma en 2007. Sus clientes son españoles "enamorados de la ciudad", que se desplazan empujados por la crisis o que desean un lugar de vacaciones y no se manejan en alemán: "Nos lanzamos cuando el mercado aquí empezaba a moverse mucho por extranjeros (ingleses y nórdicos) y en España se hablaba ya de Berlín como paraíso inmobiliario, y, al conocer bien la ciudad y el idioma, muchos conocidos empezaron a pedirnos ayuda para invertir". El mercado aún se mueve rápido, "pero la legalidad aquí es muy antiespeculadora, así que no hay burbuja inmobiliaria". Una ciudad fascinante, precios más baratos que otras capitales, y buena calidad de las edificaciones, es la fórmula, opina. "Me fascinan muchos de los inmuebles que vendemos, desde pisos en la unidad habitacional de Le Corbusier, un clásico de la arquitectura moderna, a colonias residenciales diseñadas por Bruno Taut y otros racionalistas, o lofts en edificios industriales...". Ahora reforman un edificio de 1990 para viviendas de alquiler.

El futuro

Berlín en 2020

En pocos años habrán cambiado tanto algunas zonas que serán irreconocibles.

» EL KU'DAMM. La gran avenida del Oeste acaba de cumplir el siglo y se está remozando. Antaño territorio del lujo, es hoy reino de la franquicia y el dorado kitsch, muy querido por clientes de países del Este. Abre el hotel Waldorf Astoria (www.waldorfastoria.com) con el mirador Zoofenster (120 metros), se renueva la Bikini Haus (construida en los cincuenta) como una suerte de oasis multiestilo (http://bikinihaus.com) y la zona se convertirá en esquina mundial de la moda (un sector que crece).

» AEROPUERTO SCHÖNEFELD. El Berlín Brandenburg International recogerá todo el tráfico aéreo. Implica el cierre de Tegel en 2012, cuyos edificios pasarán a la Universidad Técnica, serán viviendas y sede de empresas de "tecnologías urbanas".

» AEROPUERTO TEMPELHOF. Cerró en 2008 y su uso completo está por concretar (de momento se alquila y es sede de la feria de moda Bread&Butter, entre otros). Tan inmenso como 375 campos de fútbol, los berlineses han reivindicado el espacio como público y pulmón verde. Se convertirá en el cultural Tempelhof Forum y sede de la International Garten Baustelle a celebrar en 2017. Sobre la parte reservada a viviendas, el Columbia Quartier, aún se discute.

» CAMPUS CIENTÍFICOS. La gran esperanza futura son los barrios científicos del extrarradio al calor de la ya muy potente industria de biotecnología y solar, en los campus de Adlershof y Oberschöneweide y en el Campus Berlín Buch (www.campus-berlin-buch.de).

» ALREDEDORES DEL MUSEO HAMBURGERBAHNHOF Y LA ESTACIÓN CENTRAL. Se van cerrando descampados dejados aquí por el muro con viviendas. Muchas de las galerías de arte de la Heidestrasse crecidas en los patios fabriles al estilo Soho neoyorquino están mudándose a la Potsdamer Strasse.

Guía

Información

» Turismo de Berlín (www.visitberlin.de) ofrece información, también en español.

» La web municipal (www.berlin.de) recopila datos y citas en la capital.

Cómo ir

» Easyjet (www.easyjet.com) ha subido los precios, ante el auge de la ciudad. Aun así se encuentran vuelos desde 110 euros (ida y vuelta).

» Iberia (www.iberia.com), que vuela a Tegel, tiene billetes desde 137 euros (ida y vuelta).

Dónde dormir

» Casa Camper Berlin. Weinmeisterstrasse 1, Mitte. (www.casacamper.com/berlin).

» Hotel H10. Joachimstaler Strasse, 31-32, Charlottenburg. (www.hotelh10berlinkudamm.com).

» Gat Point Charlie. Krausenstrasse, junto al Check Point Charlie. (www.gatrooms.de).

» NHow Berlín. Stralauer Allee, 3. Friedrichshain. (www.nh-hoteles.es).

» AlmaBerlín. Schlosshotel Grünewald. Brahmsstrasse, 10. (www.almahotels.com).

Compras

» Ku'damm (www.kudamm2011.de) celebra este año su 125º aniversario con actividades como el Festival of Lights, del 12 al 23 de octubre, o una noche de compras, 29 de octubre.

» KadeWe (www.kadewe.de) era el centro comercial más grande del Oeste y uno de los primeros que abrió en la Europa continental. En el restaurante se pica bien.

» Friedrichstrasse, una calle plena de historia y salpicada de tiendas de marcas, de coches, de galerías subterráneas (como los Quartier, www.quartier206.com) y grandes almacenes como las Galerías Lafayette (www.galerieslafayette.de), con la cúpula invertida de Jean Nouvel.

» Kastanienallee y sus alrededores son el centro de la moda berlinesa. En el barrio de Prenzlauer Berg muy cerca de Hackescher Markt y de la Alte y Neue Schönhauser Strasse, ya en Mitte.

» Mercadillos: el de la calle 17 Juni, en Tiergarten; Boxhagener Platz, en Friedrichshain o el de Mauer Park en Prenzlauer Berg, con karaoke.

Visitas

» La Isla de los Museos. (www.smb.museum) es imprescindible. Se puede visitar el recién abierto Bode Museum, donde hasta el 20 de noviembre se expone Rostros del Renacimiento; saludar a Nefertiti en el recién abierto Neues Museum (admirable restauración de David Chipperfield), o ir al imprescindible Pergamon.

» Museo Martin Gropius Bau (www.berlinerfestspiele.de) expone, hasta el 24 de octubre, la retrospectiva del pintor japonés Hokusai.

» Cúpula del Reichstag. Hay que pedir cita con antelación para visitarlo. Otra opción para subir a la cúpula es reservar en su restaurante en el 00 49 302 262 99 33 o el kaeferreservierung.berlin@feinkost-kaefer.de.

» El aeropuerto nazi de Tempelhof cerró sus puertas y se transformó en lugar de esparcimiento para pasear, patinar o ir en bici.

» Jardines de visita obligatoria son el de Tiergarten, el Jardín Botánico, los Jardines del Mundo en Marzahn o los imperiales de Potsdam (que merece la pena visitar un día). Se pueden recorrer, en castellano, con City Guide (www.cityguide-isabel-garcia.com).

» Rutas por la ciudad. Hay decenas de empresas dedicadas a rutas temáticas y personalizadas: el Berlin subterráneo, el gastronómico, el musical, el acuático... Algunas, como Cultourberlin (www.cultourberlin.com), está especializada en el público español. » Una bicicleta se puede alquilar por todas partes y suelen costar unos 10 euros al día. Hay numerosos carriles y rutas por la ciudad y alrededores. La más famosa, la del muro, implica seguir la historia. Las etapas se especifican en varios idiomas en www.berlin. de/mauer.

» Zoos. El Zoologischer Garten es el más visitado, pero el Tiergarten, la casa de fieras del Este, no se queda a la zaga. (www.zoo-berlin.de).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de septiembre de 2011

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