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Reportaje:

Bielsa o la búsqueda del zahorí

El Athletic comienza igual de mal que hace nueve años, cuando acabó séptimo, y el técnico argentino aún no se ha hecho dueño de todas las teclas del equipo, pero sí del estilo

Quizás no sea una coincidencia que el mal arranque de Bielsa en el Athletic tenga como antecedente más cercano el de Juup Heynckes en la temporada 2002-2003. Ambos, técnicos de prestigio y muy alejados de la imagen tópica del Athletic, han conseguido un punto de los 12 disputados, es decir, que comenzaron con el nerviosismo habitual que aqueja a San Mamés cuando alguien le cambia el guión o da pasos inicialmente taciturnos.

El técnico rosarino reconoce errores (es una frase habitual suya en las conferencias de prensa) y asume que "el estado de necesidad sigue creciendo a medida que avanzan los partidos con resultados adversos". Ni un ápice de soberbia o de culpabilización de actuaciones individuales o colectivas de sus futbolistas. Pero Bielsa es consciente de que sus decisiones han generado dudas entre la afición que aún no acaba de comprender todos sus planteamientos. Algunos han visto en él un zahorí buscando agua en la plantilla, ahora en el lateral derecho, ahora en el izquierdo, ahora en el centro de la defensa (que si dos centrales, que si tres). Otros, piensan que no es sino una búsqueda de los futbolistas que mejor se adapten, más allá de los vídeos, a la idea colectiva del juego.

Llorente es el jugador al que más le cuesta asumir el nuevo esquema rojiblanco

No hay miedo, pero sí nervios, en San Mamés ante la falta de resultados

"Yo no veo al equipo anímicamente destruido, cuando encaja un gol", dijo tras la derrota en Málaga, "sino desordenado por la necesidad de remontar". "El Athletic ha vivido muchas situaciones como estas y las ha remontado", afirmó el presidente Josu Urrutia. Más explícito fue Javi Martínez: "Hay que sacar la profesionalidad y la mala leche para salir de esta situación", afirmó el miércoles.

El encargo de Bielsa es como la madera de los zahorís. Tiene una idea (la madera) y dos ramas al final: el juego y el resultado. El primer encargo lo ha resuelto en un pis pas. El Athletic, salvo en el partido frente al Betis, ya juega como a Bielsa le gusta: raseando, presionando, con paciencia pero sin perder intensidad, compartiendo el balón, sin dejar un espacio a la improvisación del enemigo. Por ese lado encuentra el agua que busca, ya sea con tres o con dos centrales, ya sea con éste o con aquel.

La otra rama es delgadísima: la producción de ocasiones escasea, la puntería no está equilibrada y la paciencia se vuelve intransigencia cuando encaja un gol.

Hay teclas que no suenan bien en el piano de Bielsa. Quien más desafina es Llorente, su jugador franquicia, quizás desorientado. Llorente se presentó en la sociedad rojiblanca en 2006 con una jugada contra el Zaragoza que fue un ejercicio malabar con las dos piernas en un palmo de hierba y gol de Yeste. Luego, las circunstancias le llevaron a aprovechar su enorme musculatura para convertirse en un delantero de referencia goleador y subir a las alturas de la selección y del Campeonato del Mundo. Ahora le toca reconvertirse. Bielsa lo quiere en otra faceta, con más movilidad, abriendo huecos, arrastrando defensas, rastreando más el área pequeña que la grande. No serán muchos los centros aéreos que le lleguen. Y el muchacho aún no se encuentra, cuando hasta ahora era la única referencia del gol. El cambio se nota.

Muniain es el futbolista destinado a crecer con Bielsa, que ha dado todos los galones posibles a un muchacho de 18 años. El técnico argentino va instalando pilares en el equipo, sembrando su juego, pero los resultados le reconcomen. El miedo existe porque los rivales no han sido de relumbrón y se avistan ahora el Villarreal y el derbi con la Real, con el Paris St. Germain entre medio, en la Liga Europa.

Con tres centrales, el otro Athletic de Bielsa ajustó la defensa, pero la baja de Ander Herrera le ha dejado el centro del campo como un solar. Y eso en el esquema del técnico argentino es una rémora ofensiva.

No hay voces postelectorales, pero ya se temía que después de un proceso complejo para elegir presidente, las heridas supurarían en alguna medida. Lo cierto es que Heynckes en 2003 empezó como él y acabó séptimo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de septiembre de 2011