Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:música

Noche de luna llena

Claudio Abbado brilla de nuevo en Lucerna - El festival se solidariza con Japón con el apoyo a un auditorio transportable creado por Arata Isozaki y Anish Kapoor

Parece que fue ayer pero hay que remontarse a 2003 para situar el arranque de la Orquesta del Festival de Lucerna en torno a Claudio Abbado. El director italiano se recuperaba de una enfermedad delicada y un puñado de músicos de las mejores orquestas acudieron a su lado con la feliz idea de tocar con él durante unas semanas todos los veranos. La savia joven la ponía la Mahler Chamber Orchestra. Empezaron un ciclo Mahler con la Segunda sinfonía, y ya solamente les queda la Octava para completar la serie. Tras nueve años ahí siguen Sabine Meyer, Alois Posch, Reinhold Friedrich, Kolja Blacher y tantos otros. Por parte española no desfallecen Lucas Macías, Josep Puchades, Julia Gallego, Anna Puig o Francisco Varoch, todos ellos excelentes.

La organización trata de atraer a un público que no va a conciertos sinfónicos

El proyecto Ark Nova llevará música a la zona devastada por el tsunami en marzo

Este año era el turno del adagio de la Décima y, como era de esperar, Abbado lo bordó. El Festival de Lucerna está en esta edición dedicado a la noche, como tema central de reflexión, y Abbado planteó un programa de corte nocturno en su concepción de sonoridades y tiempos, pero especialmente por el espíritu con el que las obras sonaron. Ya en el Concierto para piano número 1, de Brahms, se sustituyó a la solista anunciada, Hélène Grimaud, por diferencias artísticas con el director. Escuchando a Radu Lupu se comprende. No tiene nada que ver su lectura introvertida con la previsible de la glamourosa Grimaud. Fue un Brahms interiorizado hasta las últimas consecuencias, en cierto modo susurrado.

En el límite de las sonoridades, con unos pianísimos de escalofrío, se desarrolló el preludio del acto primero de Lohengrin, de Wagner. La atmósfera de fascinación estaba lograda cuando comenzó el adagio de la Décima de Mahler. Fue un programa sin excesivos contrastes, en la frontera de lo experimental por la realización, muy a lo Abbado. Los músicos respondieron con una entrega y una calidad excepcionales.

El sábado era noche de luna llena y Lucerna estaba de celebraciones, con proyecciones luminotécnicas en las fachadas del teatro a ritmo de Verdi y Beethoven, que tomaban el relevo de una noche techno el día anterior con The Brandt Brauer Frick Ensemble y algún DJ que venía de la vecina Zurich. El festival se está abriendo a la ciudad, buscando un público joven diferente al de los conciertos sinfónicos. La música de nuestro tiempo tuvo su espacio en la noche de luna llena con la obra In vain para 24 instrumentistas, de Georg Friedrich Haas, compositor austriaco en residencia este año del Festival. Veinticuatro cuadros tiene asimismo su ópera de cámara Nacht (Noche), que se representará en septiembre, dentro de un ciclo de diez conciertos y actos a él dedicados. También -qué coincidencia- estaba programada In vain el sábado a la misma hora en el Festival de Salzburgo, pero el compositor se encontraba en Lucerna, e incluso realizó una introducción a su singular obra de más de una hora de duración, apoteosis de la melancolía de las utopías, y salpicada con momentos de absoluta oscuridad física en la ejecución. Abbado vivió la noche de luna llena, después de concluir su concierto, yéndose a cenar con su amigo, el pianista Maurizio Pollini, al restaurante El Padrino, donde ejerce con sabiduría el napolitano Giorgio Montella. Es uno de esos lugares recomendables en una ciudad en la que ha estudiado hostelería hasta Elena Arzak.

El desfile de grandes orquestas y directores en Lucerna no ha hecho más que empezar. Se esperan la Sinfónica de Chicago, las Filarmónicas de Berlín y Viena, la Staatskapelle de Dresde, la Filarmónica de Londres, la Concertgebouw de Ámsterdam, la Gewandhaus de Leipzig, las orquestas de Filadelfia y Pittsburgh..., con un plantel de directores entre los que se encuentran Boulez, Muti, Barenboim, Thielemann, Rattle, Chailly, Mehta- con el pianista español Perianes- , Jurowski, Nelson o Haitink. El tema del que más se habla en Lucerna estos días es el proyecto Ark Nova. Se trata de la construcción de un auditorio transportable, de unas 700 localidades, pensado como gesto de solidaridad del festival con la región noreste de Japon, Higashi Nihon, devastada por el tsunami el pasado 11 de marzo, con un número de víctimas superior a las 15. 000 personas. La dirección artística del proyecto corre a cargo del arquitecto Arata Isozaki y del artista angloindio Anish Kapoor. La idea es realizar una primera gira ya en mayo por diferentes espacios de la zona con música clásica, danza y proyectos interdisciplinares.

"Se trata por encima de todo de un proyecto social, que impulse nuevas formas de relación de público y artistas con la música, tanto clásica como contemporánea, como instrumento de consuelo y esperanza", manifestó el director del Festival de Lucerna, Michael Haefliger. "No descartamos que después del noreste de Japón nos desplacemos a otras zonas desfavorecidas", anunció. Abbado ya está consultando a sus médicos por si puede ir haciendo las maletas y estar en primera línea en Japón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011