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Reportaje:

Jazz, un secreto entre amigos

El festival de Vitoria concluye ensalzando la relación entre el público y los artistas - El homenaje a Miles Davis clausura la 35ª edición

Pasmado exclamaba esta semana un músico francés en Vitoria: "¿Es Herbie Hancock el de la barra del bar?". El pianista protagonizó ayer, junto a Wayne Shorter y Marcus Miller, el homenaje a Miles Davis con el que el 35º Festival de Jazz cerró sus puertas, tras siete días que confirman la inusual cercanía entre los ciudadanos y los artistas durante el evento.

Decenas de rincones de la ciudad se han convertido a lo largo de la semana, desde el mediodía hasta pasada la medianoche, en escenarios callejeros de jazz. Cientos de personas se han ido encontrando con los conciertos que han contribuido a acrecentar la magia que impregna la ciudad durante el festival. Mientras tanto, otros comprobaban esta distancia casi imperceptible con los músicos en uno de los hoteles en los que se han hospedado las estrellas del festival. El miércoles por la noche, sin ir más lejos, un centenar de privilegiados pudo escuchar cómo el pianista del hotel se dirigía a un señor bajito y pasado de vinos: "Mr. Jamie Cullum, come by (acércate)", animó, y el teclista británico interpretó una versión de My one and only love.

Ruben Blades consigue hacer bailar al público durante todo el concierto

La noticia de la paralización del BAI Center trastoca el futuro escrito del evento

Horas después, un eternamente inquieto Cullum llenó el polideportivo de Mendizorroza y rebasó las barreras invisibles que lo alejaban de los asistentes. Entre las gradas, únicamente ayudado por sus manos a modo de megáfono, entonó una versión de Caravan. Compartió cartel con José James, una apuesta vanguardista por difuminar las fronteras entre el jazz y estilos como el hip-hop. Otro joven, Trombone Shorty, destacó días atrás por estar llamado, a sus 25 años, a ocupar la primera línea del jazz de los próximos años.

Ruben Blades contribuyó el viernes a añadir el toque latino al festival. Unos sonidos que consiguieron tener en pie a los asistentes durante todo el concierto. El cantante panameño fue generoso con sus seguidores, a los que obsequió con la interpretación de sus grandes éxitos. El concierto fue emotivo, aunque con toques irónicos: "Todos tienen visado y salen después", tranquilizó a las brigadas de extranjería desde el escenario en referencia a los músicos que le acompañaban. El programa de la 35ª edición del festival, en el que se echaron de menos figuras femeninas, se ha ido completando con las actuaciones de un exigente Nigel Kennedy, los ritmos sureños de Craig Adams o la sabiduría del pianista Fred Hersch.

La semana ha transcurrido no exenta de sobresaltos, entre ellos uno que trastoca el futuro que ya se había escrito para el festival. Y es que el alcalde de la ciudad ha enterrado el proyecto del BAI Center, cuyo auditorio aspiraba a albergar los conciertos del festival que ahora acoge el polideportivo de Mendizorroza. El recinto está mostrando unas limitaciones que, a pesar de los esfuerzos tecnológicos, son difíciles de paliar.

Oro sagrado. Arte prehispánico de Colombia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de julio de 2011