Crítica:ÓPERA | DAPHNE
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Voces tremendas

El último estreno de la temporada del Liceo (las funciones que quedan pendientes de Carmen en los próximos días son reposición de las ya habidas esta misma temporada) ha sido Daphne, un título importante de Richard Strauss que jamás se había presentado en el teatro.

Estrenada en Dresde en 1938, Daphne, con libreto de Joseph Gregor, es una "tragedia bucólica" en un acto centrada en el mito clásico de la ninfa Dafne, que tan enamorada estaba de la naturaleza y tan poco de Apolo que este, al final, la convirtió en un laurel.

Daphne se beneficia de una música espléndida, compleja, sofisticada que corresponde a la última etapa creativa de Richard Strauss y se resiente, en cambio, de un libreto verboso y un núcleo dramático algo inconsistente, motivo por el cual son escasas sus representaciones y casi queda mejor en versión de concierto que escenificada.

DAPHNE

De Richard Strauss (versión de concierto). Ricarda Merbeth, soprano. Lance Ryan, tenor. Jörg Schneider, tenor. Robert Holl, bajo. Janina Baechle, mezzosoprano. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC). Coro del Gran Teatro del Liceo. Pablo González, dirección musical. Gran Teatro del Liceo. Barcelona, 10 de julio.

La obra requiere en todos sus personajes unas voces opulentas, imponentes, que puedan hacerse oír al lado de una orquesta muy nutrida y presenta tres papeles, el de Apolo, tenor, el de Leukippos, el infeliz pastor enamorado, él también, de la ninfa, asimismo para tenor y muy especialmente, el de Daphne, para soprano, escritos en una tesitura verdaderamente asesina.

En este apartado el Liceo se lució y presentó una Daphne espectacular servida por unas voces tremendas que hicieron justicia a las altísimas exigencias de la obra. Ricarda Merbeth fue Daphne, empezó reservando un poco, tanteando sus propias posibilidades, la presión orquestal y la acústica de local, pero enseguida se aplomó y dominó a placer la obra hasta el sobrecogedor monólogo final, una de las grandes páginas straussianas. Lance Ryan, con voz timbrada, agudo brillante y fácil y proyección perfecta, estuvo verdaderamente olímpico en el papel de Apolo. Jörg Schneider lo hizo muy bien con Leukippos, Janina Baechle presentó unos graves gruesos y espectaculares en el papel de Gaea y Robert Holl fue un Peneios importante, consistente. Bien el coro y muy bien, también, los papeles secundarios de los cuatro pastores y las dos sirvientas.

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La dirección musical correspondió a Pablo González y en la parte orquestal contó con la participación de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), que cambió su sede habitual del Auditori por el Liceo en el marco del intercambio de orquestas entre las dos principales instituciones musicales de la ciudad que cuentan con orquesta propia.

Pablo González, director titular de la OBC, a quien se debe felicitar por la valentía de asumir el difícil compromiso de presentar en concierto un Strauss maduro de muy alta exigencia orquestal, consiguió, en general, muy buenos resultados del conjunto practicando una dirección ambiciosa y matizada. La perla orquestal de Daphne es la escena final de la transformación de la ninfa en árbol, música sublime, fragilísima, que requiere una ejecución inmaculada. Llegada a ese punto, la orquesta quizá ya mostraba signos de agotamiento o quizá faltaban ensayos pues, aunque la idea y la línea general era correcta, no se alcanzó la perfección deseada. En cualquier caso, la ausencia de la guinda no malogró de ningún modo la elevada calidad del pastel.

El tenor Jörg Schneider y la soprano Ricarda Merbeth.
El tenor Jörg Schneider y la soprano Ricarda Merbeth.ANTONI BOFILL

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