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Reportaje:

Los mínimos del 15-M

Unos 50 indignados aprueban un consenso de mínimos para definir el movimiento - Piden más participación mediante consultas vinculantes

Pasadas las 18:00 horas, unas 50 personas se reunían en el centro de la plaza del Arriaga de Bilbao para debatir un consenso de mínimos para los indignados de Vizcaya. Gente de distintas edades e, incluso, Daniel, un "penitente franciscano por voluntad propia", intercambiaron opiniones y propuestas para definir al 15-M como movimiento y lograr canalizar de manera más correcta las protestas.

Durante algo más de dos horas, los presentes pusieron ideas en común. A su lado, mientras se celebraba la asamblea, en las tiendas de campaña instaladas en la céntrica plaza bilbaína, algunos otros acampados charlaban alrededor de sillas y escuchaban música. "Queremos que haya una total distinción entre los que están acampados -que se están aprovechando del movimiento y son un problema porque no participan e, incluso, se dedican a pedir dinero- y el movimiento 15-M", recalca una de las organizadoras de la asamblea.

Exigen el derecho a la vivienda, a la educación y a la sanidad para todas las personas

"Los acampados se aprovechan del movimiento", critican en la asamblea

Los reunidos, bien organizados, aprobaron finalmente la propuesta, que demanda más participación y más derechos civiles, justicia social, la defensa del medio ambiente o la necesidad de una educación de calidad, entre muchas otras cosas. Por un lado, reivindican garantizar el derecho de la ciudadanía a la participación activa, directa y vinculante en los asuntos públicos o "reconocer el derecho de los pueblos a autodeterminarse". Por ello, reclaman desarrollar consultas vinculantes. "Hay que favorecer el control del pueblo sobre las instituciones", señalaron.

Igualmente, los indignados vizcaínos consideran que el espacio público debe ser "para todas las personas", con lo que exigieron la derogación de algunas leyes que, según consideraron, "conculcan derechos fundamentales", como la Ley de Seguridad Ciudadana o la Ley de Extranjería y Asilo, entre otras.

Y es que los casi 50 asistentes pidieron más derechos sociales, económicos y culturales. "La crisis total del sistema escenifica el fracaso de un modelo de globalización basado en la explotación, la especulación y la injusticia", aseveraron.

Por otro lado, los indignados vizcaínos reflejan en su código de mínimos la necesidad de garantizar el derecho a la vivienda, a la sanidad y a la educación para todas las personas y exigen la prohibición de todos los procesos de privatización. Igualmente, añaden: "Se debe reconocer la igualdad como un derecho de todas las personas".

Además, el 15-M pide que el crédito sea garantizado mediante la creación de una banca pública y social "al servicio de los intereses de la mayoría, imposibilitando los rescates a la banca privada y obligando a la devolución del dinero prestado en los rescates".

El resto del consenso de mínimos se centra en el acercamiento de todos los sueldos, la necesidad de una educación "pública, laica, equitativa y de calidad", el aumento de las renovables y el menor uso del coche y la solidaridad con los países pobres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de julio de 2011