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Reportaje:

Lágrimas por el ascenso frustrado

El Lugo pierde su único partido de la temporada en casa cuando más lo necesitaba

Ya en el descuento, cuando el Alcoyano festejaba sobre el colchón que le daban sus dos goles, uno en el El Collao y el de ayer en el Ángel Carro, la afición del Lugo estalló de manera espontánea para corear el nombre de Quique Setién, el técnico que ha rescatado sentimientos olvidados en la ciudad, quizás nunca vividos. La urbe, siempre atenta a acontecimientos deportivos a cubierto como el baloncesto o el fútbol sala, ha retomado el camino hacia el río.

Lo hizo sobre todo durante el último mes y medio para rescatar la leyenda del Lugopool, forjada en la década de los ochenta y amplificada ahora gracias a un equipo que ha devuelto a la ciudad la pasión y el gusto por el fútbol, por bajar hasta el Anfield Carro e incluso tararear antes de los partidos el You'll never walk alone. Lugo se ha mimetizado en una suerte de Liverpool futbolístico, donde nunca se vieron tantas camisetas rojiblancas por sus calles. Todavía se jugaba, la pelota estaba sobre el césped, pero por la mejilla del entrenador Setién ya caían las lágrimas. Tan curtido y baqueteado, el agradecimiento de la gente le llegó al corazón. Abatido, tras el pitido final fue llevado en volandas por una turba que le alzó en hombros.

La aficción sacó a hombros al entrenador Quique Setién

"Volveremos a intentarlo", acertaron a decir los jugadores

Pero no habrá tres equipos gallegos en Segunda División. El Lugo nadó hasta la orilla, pero se quedó en el Miño, dolorido porque tras una temporada excepcional resta el amargo regusto de caer ante un equipo que se supone inferior, un Alcoyano sin mayor pedigrí que el de su moral -así reza el refrán futbolístico-, sin muchos más valores que el orden y el esfuerzo, afortunado para obtener ventaja hace una semana en su propio estadio, El Collao, y gestionar así una eliminatoria en la que el equipo que prepara Quique Setién jamás estuvo cómodo, pero en la que le anularon dos goles al filo del fuera de juego.

Venció el histórico equipo levantino, que llega a Segunda después de 42 años de ausencia y tras ser el único que venció en el campo del Lugo durante toda la temporada. Fue en el momento más inoportuno cuando el equipo de Setién aparcó una solvencia que le había llevado a ganar a 17 de los 21 equipos que pasaron por su feudo. Los otros cuatro los había empatado. "La eliminatoria se rompió con el gol de ellos. Nosotros no marcamos y ellos llegaron y lo hicieron", acertaba a reflexionar el mediapunta noiés Iván González, un clásico del fútbol gallego que con ya 32 años vislumbraba la gran ocasión de su carrera deportiva. "Para muchos era una oportunidad histórica de subir a Segunda, pero a veces el fútbol no premia a quien más se lo merece", apuntó.

El Lugo tuvo opciones, pero las dilapidó, se topó con el meta alcoyano Fernando Maestro y con su incapacidad para definir todas las buenas intenciones que esbozaba. Erró Claudio Monti, un argentino con pasado en el Compostela, en un mano a mano ante el portero y no perdonó el mediapunta visitante César Remón en un remate al filo del descanso ante el que el guardameta Escalona pudo ofrecer mejor respuesta. El gol edificó una muralla ante el Lugo, que perdió todo lo bueno que había mostrado hasta el momento. Al preparar el partido con sus chicos, Quique Setién había incidido en la posibilidad de aprovechar la zaga adelantada del Alcoyano para buscar balones tras su espalda. Todo ese plan, aprovechado a medias hasta el gol, se diluyó tras el tanto porque se achicaron los espacios ante Maestro. También menguaron las ideas de los rojiblancos.

Ahora es tiempo para gestionar lo que ha dejado el fútbol en Lugo durante las dos últimas temporadas: sentimiento y fútbol combinativo. Setién, que ya ha renovado su vínculo contractual, sólo tiene una puerta abierta para dejar el club. No quiere revelar cual es, pero todo apunta a que tendría que ver con una llamada del Racing de Santander, el equipo de su corazón, el que le duele desde que Piterman le despojó de una dirección deportiva en la que se recluyó tras guiar el último ascenso a Primera del equipo cántabro.

Pero ayer a Setién le dolía el Lugo. Y mucho. "Es una grandísima pena, no sé ni que decir", explicaba desde el palco, vestido de rojiblanco, agradecido al casi millar de aficionados que esperaron media hora para aclamarle. También a los jugadores. Algunos, entre ellos el técnico, atinaron a hacer un gesto girando las manos. Quieren que les esperen, que lo intentarán de nuevo. "Volveremos la próxima temporada y trataremos de que la gente se divierta en el Ángel Carro. Soy un lucense más. He pasado por el Atlético de Madrid, también por el equipo de mi tierra, pero nunca vi una afición como ésta. Y el Lugo será lo que sus aficionados quieran", concluyó un emocionado Setién.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de junio de 2011