Reportaje:

El 'sentidiño' de los Maceiras

El alcalde de Miño hace del póker una pasión y sus hijos, un oficio

A veces Alberto Núñez Feijóo se acerca a Juan Maceiras Barros, alcalde de Miño, y le lanza una petición: "Enséñame a jugar". El presidente de la Xunta no acaba de dar crédito a cómo su viejo compañero de consellería -ambos y Carlos Negreira, hoy regidor en A Coruña, directores generales a las órdenes de José Manuel Romay Beccaría en Sanidade- ha podido llegar a las portadas de revistas estadounidenses, a que su cara sea conocida de costa a costa y que le adorne un aura de mito. Maceiras, médico de profesión, ha hecho fortuna con el póker, en la modalidad Texas Hold'em, que ofrece dos cartas al jugador y pone hasta otras cinco sobre la mesa, "un reto intelectual impresionante", describe Maceiras.

"Enséñame a jugar", pide Feijóo a su excompañero de Sanidade
El año pasado ganó 250.000 dólares en una modalidad de póker por Internet

Un día, hace poco menos de cinco años, su hija May le alertó sobre el descubrimiento que había hecho Julio Doce, su pareja, a quien todos llaman Tule, que se quedó impactado al presenciar cómo se desenvolvía un amigo en mesas virtuales a través de Internet. "Esto tiene que verlo tu padre", le dijo Tule a May. Llegaron tarde. "Mirad a qué estoy jugando", les recibió el alcalde, sentado ante el ordenador.

Maceiras siempre estuvo próximo al juego, también al sentidiño. Se crió en Betanzos, donde sus padres regentaban un hostal. Allí se jugaba a cartas. "Venían jugadores de todo tipo, pero la tipología no ha cambiado, solo la del ganador, que cada vez debe tener más aptitudes; el perfil del perdedor es siempre igual: no teme a los jugadores que son superiores y desafía a la suerte". Su hijo, Juan Maceiras Lapido, lo hacía, pero aprendió rápido y comenzó a jugar a Texas Hold'em. En Estados Unidos, adonde fue a estudiar, se encontró con un entorno donde el póker era parte del ocio cotidiano. Hace dos años se convirtió en el primer español en formar parte del equipo profesional Poker Stars, un elenco de estrellas que recorre medio mundo de casino en casino, único ámbito legal para jugar en España al margen del espacio virtual.

Maceiras Barros opera ahí, en la Red, una liturgia dominical. "Lo hago solo ese día, en mi tiempo libre, porque primero soy médico y luego alcalde", aclara. En 2007, apenas un mes después de iniciarse en el Texas Hold'em, sorprendió a propios y extraños al llevarse más de 170.000 dólares en el Sunday Million, referencia de competencias online, hazaña que repitió en 2010 para sumar otros 250.000 dólares.

May, que como su hermano también vive del póker tras aparcar su trabajo de publicista, cree que la diferencia la marca la mente. Y ahí el doctor esgrime su bagaje para ilustrar que posiblemente la gloria de los Maceiras tenga relación con la genética, con la capacidad de determinadas zonas cerebrales para tomar decisiones complejas. "El cerebro inconsciente maneja multitud de datos y variables que al final sirven para la toma de decisiones, en la que interviene el cerebro consciente".

Neurociencia o sentidiño, nada es cierto ante las cartas. "Muchos ajedrecistas se están pasando al póker y me dan pena porque jamás llegan a asimilar al 100% el componente de azar de este juego y se llevan varapalos", apunta May Maceiras, que esta semana emprendió viaje a Las Vegas, donde ya espera a su hermano, que se oxigena en A Coruña antes de volver allí para participar en las World Series, un no parar que reúne a 8.000 jugadores en más de 500 mesas. Un desafío apasionante, pero duro a la vez. "Está claro que al póker jugaré toda mi vida, pero como fuente principal de ingresos me gustaría dejarlo cuanto antes", asegura el pequeño de los Maceiras, que hace un mes se plantó en la mesa final madrileña del European Poker Tour y se quedó a un paso de llevarse millón y medio de euros. Dice su padre que era un centrocampista fino, con clase. "Me hubiera gustado más triunfar en el fútbol. En el póker es complicado ganar de manera constante. Yo estuve doce meses sin hacerlo", detalla.

Dice el patriarca que May, que cree más en las matemáticas, es prudente y Juan, más intuitivo y audaz. Él, en Internet, se esconde detrás un apodo inopinado para un alcalde del Partido Popular, Vietcong01. Lo eligió fascinado por cómo la guerrilla vietnamita desafió y puso en jaque a militares formados en West Point. Maceiras siente que es un vietcong, que conoce el terreno y analiza la situación para tomar decisiones inesperadas, un heterodoxo que desafía todas las convenciones y que, asegura que sin quererlo, ha acabado por liderar un clan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de junio de 2011.