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EL PODER MUNICIPAL Y AUTONÓMICO | Los sucesores en la sombra

'Alcaldesa' Botella

La concejal gana influencia pero desestima por ahora la opción de suceder a Gallardón

Mientras Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón ajustan sus ambiciones políticas a la expectativa del PP de recuperar La Moncloa, cobra especial relevancia el poder adquirido tras el 22-M por sus dos hipotéticos delfines

Tras la victoria electoral, fue nombrada concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid. Ella misma admitió a este diario: "Vi que aquello tenía auge, le saqué jugo y fue vital en mi carrera". A partir de entonces, fue acumulando responsabilidades en el Gobierno municipal... y en cinco años dio el salto: senadora primero, y acto seguido ministra.

La carrera posterior de Esperanza Aguirre es bien conocida, tanto como su ambición sin límite, su habilidad política y su extraordinaria capacidad de trabajo. Han pasado exactamente 20 años de aquello, y la Concejalía de Medio Ambiente la ocupa ahora Ana Botella. Aguirre admira a José María Aznar, que la fichó para su Gobierno en 1996. Botella está casada con él. Eso ha condicionado casi todas las interpretaciones sobre su carrera política desde que fue fichada en 2003 como concejal por el entonces y hoy día alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Ahora que este parece encontrarse en franca retirada, el hecho de que Botella haya ampliado sus competencias dentro del Gobierno municipal refuerza su condición de delfín del regidor. Sin embargo, ella parece más dispuesta a suscribir otra de las reflexiones de Aguirre a este periódico hace cinco años. Preguntada sobre sus objetivos políticos, que hacían frontera ya con La Moncloa, replicaba: "Que las cosas me vayan como hasta ahora, que bastante bien me ha ido".Gallardón llevaba dos legislaturas como presidente regional cuando en 2003, Aznar, preocupado ante la estrella declinante de José María Álvarez del Manzano, le puso ante el reto de conservar el Ayuntamiento de Madrid. Para esas lides, Gallardón cortejó la ayuda de Ana Botella, un escudo ante las críticas internas en el PP, una garantía para los votantes más conservadores, y una suerte de respuesta a que el PSOE hubiera elegido a una mujer, Trinidad Jiménez, al frente de su candidatura.

Botella aceptó la oferta: "Creo que la política es una actividad noble y digna, en gran parte por la persona con la que he compartido mi vida desde hace 28 años". Las urnas certificaron la apuesta, y el día a día demostró que, en vez de neutralizar los guiños del alcalde a la izquierda, la imagen hiperconservadora de Botella complementó su perfil, incluso desde un área tan delicada como Empleo y Asuntos Sociales.

Cuatro años después, el alcalde la puso segunda de la lista. Para entonces, Gallardón había tenido tiempo de perder la batalla contra Aguirre por controlar el PP madrileño. De ese avispero, en palabras atribuidas a Aznar, un precario equilibrio entre familias enfrentadas, la presidenta regional desplazó a Pío García-Escudero para colocar a Francisco Granados, ahora en horas bajas. El candidato de Gallardón, Manuel Cobo, fue laminado. La lista municipal la elabora el aspirante, a medias con las direcciones regional y nacional. Temeroso de que Aguirre le impusiera un número dos, el alcalde se blindó con Botella.

Aunque les falle la afinidad política, Botella y Gallardón se profesan cariño. Ella le ha apoyado en momentos complicados: cuando Aguirre quiso defenestrar a Cobo y colocarla a ella en su lugar, votó a favor del vicealcalde con el núcleo duro de Gallardón. Pero no pertenece a su círculo de estrecha confianza, es más bien una familia de poder en sí misma, afín a los aguirristas pero alineada con los gallardonistas.

Ella acepta resignada que todo lo que la rodea se interprete en clave sucesoria. "Sabe muy bien que el alcalde no se va a ir ya, está muy contenta con su labor y no se plantea nunca el futurible", dicen fuentes cercanas a la edil. "Considera que la vida ha sido generosa y le ha dado muchísimas oportunidades; se limita a gestionar el presente". Según estas fuentes, jamás ha hablado con el alcalde sobre un posible relevo, aunque si este se fuera tendría que atar políticas a largo plazo (el sueño olímpico, por ejemplo) con su hipotético delfín. "La vida cambia todos los días, mucho más en estos tiempos; ni se plantea lo que va a hacer dentro de seis meses o dos años; su secreto de la felicidad es vivir el momento".

Pero en la oposición no lo fían tan largo. El PSM cree que el alcalde se irá "mucho antes de lo que todo el mundo cree". "Está harto de Madrid, si le ofrecen un puesto que le convenza se irá". En las próximas elecciones, Rajoy podría incluirlo (esta vez sí) en su lista; puede ser alcalde y diputado, aunque no alcalde y ministro. "Cuando se vaya, Botella acaparará todo y lo ajustará a su ideario", añaden. Los socialistas temen que regresen las manzanadas. "Pero será más divertido y con más morbo. Él interpreta muy bien su personaje de moderado y distante. Ella tiene otro carácter, otra forma de entender la política. No tiene su capacidad de control, es muy de derechas y con una concepción muy autoritaria del poder", afirman fuentes socialistas. En IU coinciden: "Las formas la pierden, no es dialogante. Y es mucho más conservadora".

Botella, entre tanto, firma aquello de que la vida es lo que te sucede mientras haces otros planes, y se dedica a "vivir el presente con mucha intensidad". A disfrutar mientras casi todos dan por hecho (y no pocos temen) que será pronto la próxima alcaldesa.

Ana Botella

- Segunda teniente de alcalde y edil de Medio Ambiente y Movilidad. Gestiona las zonas verdes, la limpiez y basuras, alumbrado, etc.

- Entró en el Ayuntamiento en 2003 como edil de Empleo y Servicios Sociales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de junio de 2011

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